La estrategia del MIR ante las elecciones de 1970

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Hoy que el proceso de rearticulación del MIR está en marcha, pareciera inquietar a ciertos sectores políticos, que se sienten cómodo dentro de está institucionalidad. Nos encontramos frente a las mismas prácticas del pasado, ataques personales y prácticas destructivas dentro de las propias filas de quienes se autoproclaman de izquierda, lanzando discursos revolucionarios. 

El MIR a sabido históricamente enfrentar políticamente estos ataques, que buscan frenar el avance de los sectores más conscientes del pueblo.

En 1969 el MIR se posiciona políticamente como un partido fuertemente cohesionado, con una disciplina militante y compromiso revolucionario. Resultado del proceso interno de reorganización, que significó la expulsión de aquellos sectores no comprometidos con las tareas militares y de masa del partido. 


  “Sostenemos que las elecciones no son un camino para la conquista del poder. 

Desconfiamos que por esta vía vayan a ser gobierno los obreros y campesinos, y se comience la construcción del socialismo. Estamos ciertos de que si ese difícil triunfo electoral popular se alcanza, las clases dominantes no vacilarán en dar un golpe militar. (…) Por todo ello, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria no desarrollará ninguna actividad electoral (…) Nuestra tarea fundamental, entonces, será ayudar a empujar el auge que la lucha social evidencia desde hace mas de dos años; evitaremos en la medida de nuestras fuerzas que el proceso electoral frene estos fenómenos y prepararemos desde ya los modelos políticos, orgánicos y militares que ayudarán a mostrar el camino frente al desenlace de septiembre, cualquiera que sea. La acción revolucionaria armada y la movilización combativa de masas será nuestra tarea” Miguel Enríquez. 

El abstencionismo obedeció a la respuesta política, ante las falsas ilusiones de la institucionalidas burguesa. El MIR plantea su estrategia política, ante un escenario que no era favorable para los cambios revolucionarios, instalado la lucha ideológica dentro de la izquierda tradicional.

“Los que allí están buscan la conquista del poder por la vía electoral. Creemos que ese es un camino equivocado, por lo menos no es el nuestro. Pero el hecho de diferir en el método no los convierte en nuestros enemigos. Sólo hace evidente que marchamos por caminos distintos.

 En la Unidad Popular vemos distintos sectores. Por un lado está la gran mayoría de los obreros campesinos pobladores y empleados que buscan por este camino el socialismo, y por el otro, los cuadros y militantes de la izquierda tradicional que aún creen que conquistarán un gobierno de obreros y campesinos por esa vía. Creemos que están equivocados, diferimos de los métodos que utilizan y estamos seguros que pronto recapacitarán de su error”. 

El MIR  dejan en claro la diferencia entre quienes lo conforman, realizando una primera caracterización de la UP: 

“En la Unidad Popular también se encuentran sectores reformistas de izquierda. De ellos nos separan mayores diferencias que van desde aspectos programáticos, como el carácter de la revolución hasta cuestiones de orden táctico y estratégico. Ellos van por camino distinto al nuestro y nunca han visto con simpatía nuestro desarrollo. Pero por encima de todo, nada los convierte en nuestros enemigos. (…) 

Por último, en la Unidad Popular existen fuerzas con las que difícilmente podemos coincidir: los radicales. No creemos en alianzas con ellos, no podemos olvidar su pasado político, ni que muchos de sus miembros son representantes de sectores sociales altos. (…) Estos sectores, más otras fuerzas de dudosa calidad política, han sido los que en la Unidad Popular han moderado aspectos del programa y que hoy frenan el desarrollo de una campaña combativa con llamados a la legalidad y la no violencia”.
El MIR planteó una crítica del programa de la UP, planteando que si bien es de izquierda en sus definiciones fundamentales, tiene imprecisiones y ambigüedades. Sostuvo que la UP: 

 “llama a la formación de un Estado Popular y Democrático y no a un gobierno revolucionario de obreros y campesinos. Asegura la existencia de sectores de industria privada durante el futuro gobierno popular sin definir su magnitud y peso económico y se cuenta como fuerzas aliadas a empresarios medianos, sector social que no se entra a definir. No se precisan los mecanismos de movilización, acceso y defensa del poder por las masas, sino en términos puramente formales y generales. Estas y otras limitaciones no alcanzan, en todo caso, a invalidar la tendencia esencialmente reformista de izquierda del programa”.

El MIR fue crítico al proceso electoral de 1970, así mismo leal al Presidente Allende desde el primer día de su mandato. 

  “El triunfo electoral de Allende, la brusca apertura de las libertades democráticas y la extensión de las movilizaciones populares que éste significó, encuentran al MIR entonces, relativamente implantado en el movimiento de masas aunque todavía inclinado fundamentalmente a los métodos conspirativos de lucha y aún inexperto en las formas de lucha politica y de masas que exigía la nueva situación. Una vez más es Miguel quien mejor comprende en el MIR, en septiembre de 1970, la nueva orientación de las tareas del Partido a raíz del ascenso de Allende al gobierno y, un año más tarde, el retraso del MIR en la lucha por disputar al reformismo y al centrismo chilenos la conducción de la clase obrera y el pueblo. El Partido se adapta velozmente al nuevo período de la lucha de clases nacional, un período de carácter pre – revolucionario, y acelera y profundiza su preparación militar para enfrentar, a la cabeza de las masas, la inevitable arremetida contrarrevolucionaria de la burguesía.  “la mayoría electoral de la UP significa un inmenso avance en la conciencia política de los trabajadores, que con certeza favorecerá el desarrollo de un camino revolucionario en Chile. 

(…) Que la UP asuma el gobierno no significa que inmediatamente se produzca la conquista del poder por los trabajadores o el socialismo en Chile. (…) se lucha para que la izquierda sea gobierno, o sea, que los cargos públicos de Presidente, Ministros, etc., sean ocupados por la izquierda, pero hasta aquí, desde el aparato represor del Estado capitalista hasta la explotación y miseria en los campos y ciudades de Chile permanecen intactos. La meta es la conquista del poder por los trabajadores, ya que sólo existe cuando las empresas extranjeras y los bancos son de todo el pueblo en los hechos, cuando las fabricas, las minas y los fundos son en realidad de los obreros y los campesinos”.
El MIR propuso apoyar las medidas del programa de la UP, porque golpeaba núcleos vitales del sistema capitalista. Por tanto, se impulsó la realización de este programa y buscando su radicalización en las masas, colocándose como tarea urgente la defensa del triunfo electoral, todo esto planteando la exigencia de que no existiera alianza con la Democracia Cristiana en el Congreso ni conciliación alguna sobre su programa.

  « “En primer lugar buscamos crear un “frente” de las distintas fuerzas de la izquierda, definido por el objetivo de defender un eventual triunfo de Allende de un golpe militar reaccionario. Para ello, en primer lugar estrechamos nuestras relaciones, buscando emprender tareas conjuntas, con las organizaciones conocidas como “izquierda revolucionaria” (…) En segundo lugar, estrechamos relaciones con lo que llamamos “sectores revolucionarios”, refiriéndonos a grupos “fraccionales o tendenciales” que existen dentro de la izquierda tradicional. En tercer lugar, se abrió la relación con altos personeros de la Unidad Popular (…), con los que se llegó a algunos acuerdos (…). En cuarto lugar, se buscó estrechar la relación con el PS, especialmente con el sector de Izquierda. No hubo relación con el Partido Comunista, si con el MAPU a nivel de Dirección Nacional”.»
Una vez ratificada la victoria de Allende en el Parlamento, previa firma de un documento de garantías constitucionales con la DC.

El MIR definió su postura respecto de la UP, ya como gobierno: 

“nuestras posibilidades de apoyo u oposición a lo que la UP realice, no significarán desviaciones oportunistas nuestras, en la medida que tenemos claros nuestros objetivos y nuestro camino. Por incorporarnos al proceso que la UP conduce, corremos el riesgo de sepultar en el desprestigio el camino del socialismo en Chile y en America Latina, si sus vacilaciones priman sobre sus avances y el proceso se frena. No obstante, una oposición “purista” y ciega puede aislarnos de un proceso que, pasando por un enfrentamiento de clases históricamente significativo, pueda ser el inicio del camino al socialismo. En lo inmediato, empujaremos desde aquellos aspectos que coincidan con nuestra política”.
Esta postura guió sus acciones y relaciones iniciales con el gobierno de la UP, caracterizándolo de no ser un gobierno burgués. Por lo tanto, no primaría el enfrentamiento directo sino más bien la crítica y la exigencia política por izquierda.

El período de reorganización del MIR

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El MIR en plena represión del gobierno de Eduardo Frei, enfrenta un proceso interno de reorganización del partido.

MIR

  “Hoy día y especialmente mañana, para una organización que pasa a la acción o que está en guerra, un cierto número de cosas deben ser modificadas. Si los objetivos son los mismos las prioridades y los métodos son diferentes. El volumen relativo de las “tareas especiales” deben aumentar enormemente. Las “tareas especiales” deben dejar de ser privativas para un sector de la organización para transformarse en el problema de la mayor parte del Movimiento. 

Las cuestiones políticas estarán estrictamente ligadas a las tareas especiales. Los cuadros “especiales” deberán ser políticos y los cuadros políticos pasaran frecuentemente por lo “especial”. De la integración de lo político y de lo militar se hará una realidad. 

No habrá más espacio para tendencias demasiado divergentes. La organización deberá adquirir una relativa homogeneidad política: solo los matices y los desacuerdos menores podrán subsistir. Luego de la discusión la minoría deberá someterse a la mayoría y la disciplina deberá ser reforzada. Sin violar en lo esencial los principios de la democracia interna y del centralismo, se pedirá a la militancia acordar una mayor delegación de poderes en las estructuras medias y superiores. Estas deberán adquirir una mayor autonomía. 

Los militantes deberán aceptar las reglas de una rigurosa clandestinidad. El tipo de militante que ingresará al MIR debe ser diferente que antes. Los aficionados deberán abandonar a la organización. No será suficiente respetar pasivamente los horarios de las reuniones. No se ingresará y se hará abandono del partido de cualquier forma. La entrega de si mismo deberá ser total. La organización decidirá si un militante debe o no trabajar, o estudiar, o donde habitar, etc. 

Es la única manera de constituir una organización sólida, disciplinada, eficaz, capaz de discutir menos y operar en plena clandestinidad. Es esta la organización la que realizará acciones o iniciará la guerra de clases en Chile.”

<Miguel Enríquez>

Grupos Político Militares, se transforma en el sistema circulatorio interno del MIR.

La estrategia política para la conquista del poder y el programa de la revolución proletaria, careció de la una mayor definición en el quehacer. 

Fue un salto cualitativo para la época que repercutirá en el seno de las masas. Donde la influencia del reformismo y el centrismo en la clase obrera, había ocultado y deformado la teoría revolucionaria marxista-leninista.

Es así, que el aporte de la nueva organización fue que se constituía como el núcleo revolucionario, a partir del cual se podría desarrollar el partido revolucionario del proletario chilenos.

  

 

« El apego al “electoralismo” por parte de la izquierda tradicional, en cierta medida 

limitó las posibilidades de que ésta se convirtiera en la auténtica portadora de la voluntad y aspiraciones del pueblo, ya que en un escenario económico marcado por el agotamiento del ciclo de acumulación capitalista, con grandes masas pertenecientes a los sectores populares y medios que comenzaron a vivir un constante y sostenido empobrecimiento, aumentó el descontento social y provocó un auge en las movilizaciones de masas, dando origen a movimientos de protesta, huelgas, ocupaciones de terrenos y otras expresiones de agitación popular que la izquierda tradicional no fue capaz de encauzar en su totalidad a través de la lucha electoral.»

Andrés Pascal

 

 

« En este contexto nació el MIR, como una alternativa más radical a la propuesta de esta izquierda tradicional. 

 El MIR vino a colmar un vacío político (…) y la aparición de esta “nueva izquierda” fue una necesidad que las condiciones objetivas imponían debido a la intensificación de la lucha de clases que se agudizó desde mediados de los cincuenta sumado a la incapacidad de la izquierda tradicional para adecuarse a este nuevo escenario.»



Hoy la izquierda revolucionaria no ha logrado rearticularse, carece de un proyecto político coherente independiente del factor electoral.  

Para ciertos sectores políticos en este Chile actual, que pretender relativizar la importancia y vigencia del MIR.  Se hace pertinente dar una mirada a la historia de la naciente organización revolucionaria en los 60; su aporte fue el hecho histórico de concebir en esos años la voluntad política, de transformarse en el núcleo revolucionario a partir del cual era posible desarrollar el partido revolucionario del proletario chilenos.

El MIR dejaba en evidencia más de 50 años de la lucha legal e institucional de la clase obrera y el pueblo chileno, subordinados a la política internacional de la ex URSS. Desnudando  ese caudillismo de esa izquierda tradicional, que no aspiraba a profundizar las condiciones objetivas para la toma del poder.

«”  El MIR irrumpe en la Historia de Chile dispuesto a superar los límites de la acción política “clásica” de la izquierda tradicional, que desde la década de los treinta se integró al sistema político nacional participando de los Frentes Populares. Esta adhesión a la institucionalidad es posible entenderla como parte de la historia política chilena, que se ha caracterizado más por su continuidad que por sus rupturas. De esta forma los partidos de izquierda se integraron al sistema político respetando “las reglas del juego” y desde allí se dispusieron a realizar las reformas necesarias para llevar a cabo sus programas “revolucionarios”. Esta acción se va a constituir en una tradición con muchoarraigo no sólo en los partidos políticos, sino también en el movimiento obrero y en gran parte de los sectores populares. »

En ese periodo el MIR desarrolla un trabajo político de masa en sectores estudiantiles, en los espacios populares, y las organizaciones obreras. Enfrentando al sectarismo u dogmatismo de los partidos tradicionales de la izquierda. 

En los primeros años el centrismo al interior del MIR planteó los primeros desafíos de la reorganización del movimiento y su militancia revolucionaria.

La práctica en el quehacer revolucionario es contraria a la política “de escritorio”, que sólo generaba discusiones estériles ajenas con las tareas concretas del MIR.

En 1967 daba un salto cuantitativo y cualitativo de crecimiento en el seno del pueblo, abriéndose nuevos frentes de trabajo político. 

Así, la formación de cuadros y militantes era el resultado de la Unión, de la teoría y la práctica revolucionaria. Asumiendo la Secretaría General del MIR, Miguel Enríquez.

  Miguel Enríquez afirmaba en el año ’68 que el militante revolucionario debía ser un cuadro político y militar a la vez, en tanto las acciones militares respondían a una postura política del Partido frente al sistema imperante. También debía estar estrechamente vinculado a las masas y realizar un trabajo ideológico en los sectores sociales donde se desenvolviese. Así, en su conjunto, tales características conformaban un militante integral con capacidad de llevar a cabo cualquier tarea que el tiempo histórico demandare. Por otra parte, el militante mirista debía actuar en absoluta clandestinidad y con la máxima disciplina y entrega de sí mismo hacia la organización, pues de ello dependía el óptimo funcionamiento del MIR. Al respecto, el MIR planteaba que “el militante del Partido Revolucionario del Proletariado es un proletario de vanguardia, esto es, debe ser capaz de cumplir, a escala, todas las tareas del Partido Revolucionario, debe reunir el dominio de la teoría con la práctica, la actividad intelectual con la actividad práctica revolucionaria, y la lucha cotidiana por la transformación de la sociedad de clases por la gestación y prefiguración de un nuevo tipo de hombre, con la formación del revolucionario concreto integral y combatiente, eslabón en el camino hacia el hombre total del socialismo. “
 

 

El día que el pueblo perdió el miedo 1® Protesta Nacional

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 En memoria de la militante del MIR, Blanca Rengifo. “La organización del pueblo armado, es el trabajo consciente de la (R) con todas las formas de lucha “

 

Blanca Rengifo
«”Un once de mayo, se apagó la vida de Blanca Rengifo Pérez, religiosa, abogada defensora de los derechos humanos, fundadora de CODEPU, y militante activa de la Resistencia antidictatorial y del MIR. Fue pobladora de El Montijo donde compartió estrecheces, penas y alegrías con los pobres. Fue la samaritana que recogía cadáveres lanzados al rio Mapocho tras el golpe de Estado. Luego “Magdalena” la que efectuaba riesgosas acciones de propaganda armada contra la dictadura, y después el compañero “Daniel” integrante de un clandestino comité central. Fue la articuladora en 1980 del surgimiento de una singular organización de defensa de los derechos humanos, el CODEPU, donde junto con auxiliar a presos políticos, se coordinaban organizaciones populares y tejía la unidad del pueblo para luchar contra la tiranía. La resistencia es Dios, se le escuchó decir en más de una oportunidad.”» 


Chile mayo de 1983 el año que el pueblo comenzaba a superar el miedo, desde las poblaciones se organizaba la resistencia y la justa rebeldía se transformó en movilizaciones. 

 El llamado de la entonces Confederación de Trabajadores del Cobre que agrupaba a los Sindicatos de CODELCO dio inicio a las grandes protestas contra la dictadura de Pinochet ese 11 de mayo de 1983. Los mismos sectores de trabajadores del cobre, que en 1973 se movilizarán para llamar a destituir al Presidente Salvador Allende. La convocatoria de la primera Protesta Nacional fue a impulsada desde las organizaciones sindicales, de las orgánicas de partidos políticos en la clandestinidad, desde la articulación en los sectores populares. Un rol fundamental desempeñaron la vicaría Episcopal de la zona centro, sur y oeste, el CODEPU y las organizaciones de DDHH.

El miedo, que había resultado un aliado inquebrantable durante los primeros diez años de la dictadura militar, parecía haber desaparecido. Los grupos que habían sido marginados de la política por el régimen, por vez primera iban a alzar la voz y a exigir cambios en un modelo político, económico y social que primaba el crecimiento económico del capital financiero sobre cualquier otra cuestión.

La máxima expresión de estas acciones se verá concretada en las Protestas de los sectores populares.

  La primera Protestas Nacional fue consecuencia directa de una serie de factores, sin los cuales, difícilmente hubiese sido posible articular un movimiento masivo en contra de la dictadura. El trabajo político clandestino de la resistencia, lograba organizar desde los territorios a los pobladores, a los trabajadores y estudiantes. 


La Vicaría de la Solidaridad (que sustituye al Comité Pro Paz 1976) la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC) creada en 1975.) y la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU), constituido en 1980. Fueron los espacios naturales de articulación de los partidos políticos y las organizaciones sociales.

 A partir de 1978 otros movimientos, ya no dedicados exclusivamente a la labor asistencial a los represaliados, irán aflorando con una vitalidad importante por todo el territorio chileno

Estos primeros movimientos elementales desarticulados de los partidos, empezarán a pronunciar un discurso opositor que, aunque todavía muy débil, apuntará a lo que iban a ser las demandas del “tiempo de protesta.” 

La oposición sindical por su parte, había ido recomponiéndose a medida que fueron deteriorándose las relaciones entre sindicalistas y gobierno debido a la política laboral impuesta por el Estado.

  Desde 1976 se comienzan a organizar las primeras expresiones de descontento sindical respecto a esta política mediante acciones aisladas como cartas públicas de protesta, los primeros movimientos de huelga, asambleas reivindicativas, y la formación de referentes sindicales, claramente discrepantes de la política oficial, como el llamado Grupo de los Diez.

 La insatisfacción de gran parte de los sindicalistas llegó a su máxima expresión con el Plan Laboral de José Piñera, que a partir de 1979, extendió el modelo económico neoliberal desde la esfera económica hasta el ámbito sindical. 

  

 

Desde entonces, distintas reuniones entre grupos sindicales se fueron fraguando. 

La política económica y laboral del gobierno había conseguido que, incluso convencidos anticomunistas que llegaron a apoyar el golpe de septiembre de 1973 y sindicalistas vinculados a la Democracia Cristiana, acabasen pasando a la oposición.
En definitiva, para 1983 ya se podía reconocer una fuerza importante de los movimientos sociales y un resurgir en los partidos, además de percibirse un descontento general entre los sindicalistas. Aún así, era necesario atraer a más opositores, hacía falta encender la mecha que hiciese estallar la situación y convirtiese el descontento creciente hacía la dictadura en acciones subversivas. Esta mecha prendió con la Crisis de la crisis económica.
 

  La primera de las protestas se debió a la llamada realizada por la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC).

Este sindicato, representante de los trabajadores del sector que simbolizaba la riqueza del país, estaba dirigido por Rodolfo Seguel, un joven dirigente de la ciudad de Rancagua. 

Seguel era un evangélico sin militancia política y formaba parte de una nueva generación de sindicalistas chilenos, dinámicos, carentes de formación política.

…elegido presidente de los trabajadores del cobre en marzo de 1983, momento en el que empezará a militar en el Partido Demócrata Cristiano (PDC).

Ante la situación que atraviesa el país, el dirigente sindical propondrá convocar un paro general que no acabará siendo aprobado debido a diferencias políticas internas. 

Algunas zonas de la CTC no apoyaban el paro, entre ellas la importante región de Chuquicamata, además de que otros sindicatos como la Unión Democrática de Trabajadores (UDT), la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), la Confederación de Empleados Particulares de Chile (CEPCH) y el Frente Unitario de Trabajadores (FUT) tampoco quisieron seguir el experimento propuesto por Seguro.
Las circunstancias externas tampoco aconsejaban la acción debido a las debilidades propias del sindicalismo, además del cerco represivo que rodeaba al sector mineral, y a que el paro podía conllevar acciones represivas legales. Finalmente Seguel se verá obligado a conformarse con sustituir el paro por una llamada a expresar descontento contra el régimen.
El llamado a la protesta convocada para el 11 de mayo declaraba ir más allá de la petición de leves reformas y afirmaba: Nuestro problema no es una ley más o una ley menos, o de una modificación u otra de la existente, sino que es mucho más profundo y medular. Se trata de un sistema completo económico, social y cultural y político que nos tiene envueltos y comprimidos, que se contradice con nuestra idiosincrasia de chilenos y de trabajadores, que nos ha tratado de asfixiar con armas como el terror y la represión para cada vez envolvernos más; porque nos fue impuesto a la fuerza y con engaño.
La  Coordinadora Nacional Sindical, donde convergen dirigentes del PDC, PCCH y PS (sus diferentes corrientes internas) Logra imponer un instructivo de  no confrontación directa a la dictadura. 

Desde CODEPU se pone en marcha la formación de equipos jurídicos y de salud. Así mismo se coordina una red de Agitación y Propaganda. 

 La convocatoria del sindicato de los trabajadores del cobre obtuvo un éxito rotundo, y sorprendió tanto al gobierno como a los propios organizadores, dada la magnitud que llegaron a tomar los hechos. No así a los sectores populares, que venía organizando la resistencia desde 1980 en las poblaciones.

 En la jornada se emplearon todas las formas de lucha propuestas en el llamado, y así, numerosas familias no mandaron a sus hijos a la escuela, se circuló lentamente en las carreteras de Santiago, disminuyeron las compras en los establecimientos y se produjeron enfrentamientos en las universidades.

 A las ocho de la tarde, el ruido ensordecedor de las cacerolas golpeadas por miles de gente escondidos detrás de las ventanas…en las sombras de la noche emergen miles de pobladores levantando barricadas y desafiando al  dictador.
El gobierno había confiado en que la protesta fracasaría, y a través de la prensa, restó importancia al acontecimiento,  desplegado un fuerte operativo represivo, especialmente importante en las zonas mineras del cobre y en la capital.
 Pese al despliegue represivo, el éxito de la 1° Primera Protesta no pudo ser detenido y Chile despertaba al día siguiente consciente de que algo había cambiado, se había puesto fin a un silencio que duraba ya diez años.

 El pueblo de Chile estaba sufriendo una crisis de la cual no se vislumbraba salida alguna y entendía que esta era fruto de una política desacertada de una dictadura sangrienta, que violenta la dignidad humana.



 Si bien es cierto, que la protesta fue efectuada por la élite sindical y, pese a que a la protesta hubiesen respondido algunas masas desorganizadas, estas fueron articuladas por medio de minorías que actuaron como vanguardia, con lo que no eran las masas las que espontáneamente escribían la historia, fue el pueblo organizado desde Los territorios populares, fue la resistencia armada y las organizaciones de defensa y promoción de los DDHH.


 Se había instalado un instrumento eficaz para acabar con el régimen, con lo que, tras el éxito del 11 de mayo, llegaba el momento de convocar una segunda protesta, para el 14 de junio. Esta vez, la misma se desarrollaría con la participación de más sectores gremiales sindicales y políticos, siendo la respuesta mucho más masiva.
Se inauguraba el “tiempo de protesta” y con él, llegaba el intento más serio para acabar con el régimen desde la ruptura. El empuje de esta primera acción y sus repeticiones en las siguientes jornadas de Protesta Nacional, sirvió para resucitar a los partidos políticos tradicionales y fortalecer los sindicatos.

En el mismo mes de mayo se creó el Comando Nacional de Trabajador que fue un organismo de coordinación sindical que agrupó en su seno a la Confederación de Trabajadores del Cobre, la Confederación Nacional Sindical, a Confederación de Empleados Particulares de Chile, la Unión Democrática de 

Trabajadores y el Frente Unitario de Trabajadores.

Los partidos tradicionales resucitaron de su letargo y al abrigo de estas protestas fueron organizándose. La Creación de la Alianza Democrática en agosto de 1983 (compuesta por fuerzas que iban desde la derecha democrática hasta los socialistas renovados), que se convierte en la primera plataforma que denuncia al régimen públicamente, y en septiembre del Movimiento Democrático Popular (socialistas tradicionales, comunistas y miristas), atestiguan esa resurrección. 

En síntesis, la primera Protesta Nacional hizo historia acabando con la omnipotencia de una dictadura que parecía invencible. El triunfo de la convocatoria demostró que sí se podía erosionar al régimen mediante las protestas, que era posible derrocar al dictador.

 

El 3° Congreso del MIR y la vía insurreccional

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El tercer Congreso del MIR, realizado en diciembre de 1967 en el Centro Cultural de San Miguel se debatió la vía de insurrección y la correlación de fuerza revolucionaria.

 

El Congreso se centró en el problema de cómo aplicar la tesis insurreccional a la realidad chilena, combinando la insurrección popular urbana con los campesinos y jornaleros, entre los cuales los miristas tenían muy poca inserción. El documento de debate nacional abordó el desgaste del gobierno DC, la parcial Reforma Agraria y la aparición del Partido Nacional (y su golpismo), la agitación popular y la intensificación de las ocupaciones y tomas de terrenos en el movimiento de pobladores. 

En este 3° Congreso el MIR comienza a crecer cualitativamente en la organización revolucionaria. Se logra fortalecer el trabajo de los frentes de masa y se produce un natural cambio generacional. 

 En el plano internacional, el MIR continuó estrechando lazos con Cuba, enviando a Luciano Cruz a mediados de 1968, y con las organizaciones que llevaban adelante la lucha armada en Latinoamérica (Miguel se entrevistó con el comandante de la Puente, de la guerrilla peruana), mientras que criticaba la invasión armada soviética en Checoslovaquia en abierto debate con el PC chileno que defendía la intervención. 

También se hallaba abierta la posibilidad de que el MIR diera un salto cualitativo en su influencia en las masas, dado que la lucha de clases latinoamericana se encontraba en un proceso de ascenso (con el “Cordobazo” argentino, las huelgas generales de Uruguay, las luchas radicalizadas de obreros y campesinos en Bolivia y el auge de la ola de guerrillas en todo el Cono Sur), sumada a la multiplicación de las huelgas y tomas de terrenos y fundos en Chile a finales del gobierno de Frei.

15 agosto de 1965 Congreso Fundacional del Mir

  En el frente sindical, el MIR realizó bastantes progresos, especialmente durante el IV Congreso Nacional de la CUT, cuando una parte significativa de los delegados apoyó las preposiciones de los representantes miristas. 

En el movimiento estudiantil, el MIR se posicionaba como una alternativa a la izquierda del PC y el PS, al obtener 1.300 votos en las elecciones FECH de 1968, por detrás del PC (3.177) y el PS (1.687), consolidándose como la tercera fuerza de izquierda en la Universidad de Chile. En Concepción, volvía a ganar la presidencia de la FEC con Nelson Gutiérrez, además de tres consejeros miristas de un total de siete. En Valparaíso, Ñuble, Temuco, Antofagasta y Coquimbo comenzaba a realizar avances más sustantivos, además de obtener algunos triunfos entre los estudiantes secundarios. Al mismo tiempo el MIR empezaba a penetrar entre el campesinado, nucleando de una manera muy incipiente aún, a un sector de la Zona Centro – Sur del país. 

Entre el movimiento de pobladores, el partido consolidaba su influencia, sobre la base de su acción en los campamentos santiaguinos de San Miguel, Santa Adriana y Santa Elena y luego en el Campamento “26 de Enero” bajo el liderazgo de Víctor Toro. 

“El MIR no sólo se constituyó en la primera fuerza estudiantil de Concepción, sino que aumentó su influencia en importantes sectores de obreros y pobladores orientando huelgas del proletariado industrial y ocupaciones de los terrenos de los sin casa. El MIR empezó a penetrar a principios de 1969 en el sector campesino e indígena. Su militancia, que ya sobrepasaba los 2000 miembros se había volcado al trabajo en los frentes de masas. En ese momento, que coincidía con un gran ascenso obrero y campesino estaban dadas las condiciones para que el 

MIR se transformara en un partido con influencia de masas que sirviera de polo a las corrientes que rompían con los partidos tradicionales de izquierda, y a los obreros sin partido que luchaban en las tomas de fábricas y fundos”.

  En un artículo de Miguel Enríquez llamado “No a la elección. Vía armada único camino”, publicado en la revista Punto Final, se abrió la polémica al interior del MIR respecto de esta línea, principalmente porque “muchos militantes sabían que no están preparados para iniciar ese camino de inmediato y menos capacitados como para impedir la realización de las elecciones presidenciales, coyuntura en la cual se visualizaba la presentación de la candidatura de Salvador Allende, que en las anteriores elecciones había logrado el apoyo de vastos sectores de trabajadores”, discusión que se pretendía zanjar en el IV Congreso que ya se había comenzado a   preparar. Miguel Enríquez proyectaba el partido de cuadros.

Paralelamente, se realizaron escuelas de cuadros orientadas a formar política e ideológicamente a las direcciones regionales del MIR, además de adiestramiento militar básico, sin duda, apuntado al tipo de organización (un partido – ejército) que Enríquez impulsaba y dirigido a preparar acciones directas y armadas.

  Miguel Enríquez, al igual que la mayor parte de la joven generación, se había formado al alero de viejos cuadros depositarios de las tradiciones del bolchevismo, del trotskismo y también del estalinismo, aun cuando lo criticaran. Es por esta razón que el impacto del comunismo chino y de la revolución cubana, que los marcó como generación, así como las teorías dependentistas y la crítica a las prácticas electoralistas y conciliadoras de la izquierda tradicional chilena, se combinaban con estas viejas concepciones, manteniendo hilos de continuidad. Miguel Enríquez, cuyo proyecto político era la formación del partido de vanguardia y el ejército guerrillero popular chileno, se encontró con una oposición interna, cuyo núcleo era el trotskismo y sus simpatizantes, cuya lucha fue la de orientar el partido hacia las masas, impulsada sobre todo, por el frente sindical del MIR. 

De esta manera, la pugna interna entre las dos corrientes no estaba centrada alrededor de la formación de la guerrilla, sino más bien sobre el grado de importancia que tenía esta para la estrategia partidaria, discusión que influía sobre dos problemas fundamentales: el tipo de partido necesario y la relación de este último con las masas. En la práctica lo que se estaba construyendo era un partido de vanguardia, que luchaba por influir en las masas a la vez que montaba un aparato militar y bases para el lanzamiento de una guerrilla, que matizado del modelo foquista, contemplaba las ciudades como escenario de sus operaciones, aunque sólo de manera táctica.

 

La estrategia insurreccional de Miguel Enríquez. Por un lado se diferenció del foquismo, aunque mantuvo y fortaleció sus lazos preferentemente con Cuba, como los demás movimientos guerrilleros del continente. Y por otro lado, Enríquez se diferenciaba del maoísmo, fundamentalmente porque su matriz ideológica no era etapista, aunque reivindicaba la guerra popular prolongada como modelo insurreccional. 

En plena construcción del aparato de masa y los cuadros políticos, acontece  el llamado “Caso Osses” y la posterior represión del gobierno demócrata cristiano que obligó a muchos militantes y dirigentes de la organización a pasar a la clandestinidad de la misma forma que restringió la democracia interna del partido. A partir de esta situación, se tensaron al máximo las relaciones entre la línea de Enríquez y la oposición interna, produciéndose la depuración ideológica del partido.

 Es así, que  saldrían del Comité Central de MIR Luis Vitale, Patricio Figueroa, Winston Alarcón, Washington Figueroa, Genaro y Nahuel Figueroa. Estos, más el sector opositor que incluía dirigentes como Humberto Valenzuela, Álvaro Rodas, Iván Salazar, Jorge Sánchez, que hizo causa común, se reagruparon en el MIR Frente Revolucionario (FR), apoyando a Salvador Allende en las elecciones de 1970. En este tiempo se separaron también aquellos que formarán el grupo MR2193 (Movimiento Revolucionario Manuel Rodríguez), que destacaría por sus audaces acciones directas.

El  debate fue motivado por el proceso eleccionario por venir, lo que tendió a definir posiciones al interior del MIR y abrir un debate mucho más profundo sobre la caracterización del momento que venía y sobre cuál era el partido que la revolución chilena necesitaba. En este marco, efectivamente hubo acercamientos entre la oposición y un sector del grupo de Enríquez en base a una crítica común: evitar que el partido decantara en el foquismo en lo estratégico y mantener la democracia interna en lo orgánico. En torno a las elecciones, los trotskistas plantearon el apoyo a la candidatura de Allende frente al abstencionismo planteado por Miguel Enríquez.  No fue un proceso interno fácil en la lucha ideológica, lo relevante fue el fortalecimiento del MIR, como alternativa revolucionaria ante el reformismo de la izquierda tradicional chilena.

En este período se sentaron las bases generales de lo que  posteriormente sería el MIR, consolidando su orientación hacia un partido de vanguardia que buscaba influenciar en las masas y ganar su dirección. También lograba asentar su concepción ideológica, en la cual tomaba partido por una interpretación anti etapista, anti reformista y pro vía armada de los procesos revolucionarios, indudablemente influenciada por la teoría de la Revolución Permanente, la revolución cubana y la teoría de la Dependencia, y lograba afianzar una estrategia que combinaba la preparación armada con el trabajo de masas, donde novedosamente integraba a sectores marginados tanto por el capitalismo como por la izquierda tradicional: los pobres del campo y la ciudad, alianza que necesariamente debía llevar adelante el proletariado, como clase dirigente, para lograr la revolución, estrategia que haría distintivo al MIR frente a otras organizaciones de izquierda.

 

El MIR la irreverencia revolucionaria de 1965

COAPO

Atreverse a luchar, atreverse a soñar, atreverse a vencer.

Un nuevo referente revolucionario irrumpe en la política chilena en agosto de 1965.

El Congreso fundacional del MIR

En agosto de 1965, en la sede de la Federación del Cuero y el Calzado ubicado en la calle San Francisco N° 269, local proporcionado por el dirigente anarquista Ernesto Miranda, se dieron cita una gran cantidad de delegados, provenientes de variados sectores sociales (desde obreros municipales y dirigentes poblacionales hasta estudiantes y profesionales de sectores medios), de una amplia gama de edades (Miguel Enríquez tenia 21 años, Hernán Aguiló, 17; Luis Vitale contaba con 38, Humberto Valenzuela tenia 56 y Clotario Blest, 66 años) y también portadores de diferentes tradiciones políticas de la izquierda chilena, desde anarcosindicalistas, pasando por viejos trotskistas y disidentes comunistas y socialistas de todo tipo influenciados por la desestalinización de Kruschev, por el conflicto chino – soviético, por la Revolución Cubana y las experiencias frentepopulistas de los partidos obreros chilenos. 

La experiencia de dirigentes sindicales, estudiantiles e intelectuales fueron el crisol revolucionario del MIR.

 “delegados que vinieron de diversas regiones del país (…) el 14 y 15 de Agosto la unidad del Partido Socialista Popular, la Vanguardia Revolucionaria Marxista (Rebelde) y personas y grupos independientes organizándose el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, que es la nueva dirección del movimiento insurrecccional de la revolución socialista chilena. Al Congreso concurrieron delegados de Puerto Montt, Osorno, Temuco, Los Ángeles, Concepción, Linares, Talca, O’ Higgins, Santiago, Puente Alto y Valparaíso. Loa delegados de la zona norte, que estaban elegidos y preparados para intervenir, no pudieron llegar a Santiago debido a los temporales que interrumpieron las vías de comunicación. Sin embargo estas camaradas han hecho llegar al Comité Central elegido sus vibrantes palabras de adhesión.”

«”Chile en camino de la revolución socialista” El Rebelde año III N° 32 / 1965.

 

Los compañeros que llegaron ese día, todos ellos confluían, en la crítica al Partido Comunista (PC) y al Partido Socialista (PS), que constituían los partidos de izquierda más grandes en Chile, y habían optado por la vía electoralista y de reforma gradual al sistema capitalista, abandonando la insurrección y la revolución, y alineándose directa (en el caso del PC) o indirectamente (como el PS) con la línea general soviética impulsada por Kruschev, la política de coexistencia pacifica de países comunistas con el capitalismo y la vía pacifica hacia el socialismo en países no comunistas. Y al mismo tiempo, planteando la necesidad de que exista una organización a la izquierda de estos dos partidos, capaces de disputar su primacía en la dirección de los sectores populares, especialmente en el movimiento obrero y que fuera capaz de dar una alternativa política y estratégica diferente a ambos partidos de la izquierda tradicional chilena, una alternativa revolucionaria. 

Aquel congreso giró en torno a este problema, tras lo cual se dio paso a los balances y posibles respuestas, confluyendo todas en la creación de un referente único a la izquierda, una sola organización que se transformara en esa alternativa. Para este efecto, se discutió también cuál debería ser la forma orgánica que esta organización tendría, ante lo cual se plantearon dos posiciones: en la forma de una organización federada o la de un partido centralizado. Luego de un debate entre una y otra postura, en donde algunos delegados de tradición anarcosindicalista eran los que principalmente defendían la postura federalista al modo de la CGT española, se decidió por votación adoptar la forma de un partido centralizado, con un Comité Central como órgano central único en la perspectiva de una dirección nacional de la naciente organización  que estaría presidido por un Secretariado Nacional (cinco integrantes elegidos de entre el mismo Comité Central) y un Secretario General. Sin embargo, cabe destacar, que a pesar de que en esencia la forma orgánica corresponde a la del centralismo democrático de la teoría de partido de Lenin, en el MIR esto fue delineado en un principio como una “coordinación democrática”.  Se comienza a construir el partido de cuadros.

En esa primera Dirección Nacional estaban los compañeros:

Enrique Sepúlveda quien fue el primer Secretario General del MIR.

La Secretaría Nacional, estuvo compuesta por Sepúlveda, Humberto Valenzuela, Oscar Waiss, Dantón Chelén, y Gabriel Smirnow. El resto de este Comité Central sería Clotario Blest, Luis Vitale, Miguel Enríquez, Bautista Van Schouwen, Edgardo Condeza, Jorge Cereceda, Martin Salas, “pelao” Zapata, Luciano Cruz, Mario Lobos y Mondiola. Ricardo Ruz y Sergio Pérez, “El Chico”,  Jorge Grez, “El Conejo”, Carlos Ramos, “Genaro”, Manuel Medina, Juan Huanequeo y Melania Ahumada. 

La historia política de militancia de estos compañeros, nos dan una visión de las diversas corrientes ideológicas de esa primera Dirección Nacional del MIR.

  Enrique Sepúlveda, su primer Secretario General, fue un reconocido dirigente revolucionario, médico de profesión. Su trayectoria como militante de izquierda se remontarse a los años de la Izquierda Comunista trotskista, siendo dirigente universitario en la época de la “República Socialista” de 1932. Más tarde, esta organización se disolvió y la mayor parte entró en el PS. Sepúlveda junto a Valenzuela y una fracción pasó a fundar el Partido Obrero Revolucionario (POR), también trotskista. En 1947 dejó al POR y comenzó su tránsito ecléctico por variadas organizaciones. En 1952 se unió a Alianza Nacional de Pueblo, apoyando a Carlos Ibáñez,  luego en la década de 1960 fundó Vanguardia Nacional de Pueblo, que al fusionarse con un sector disidente del PC (el Movimiento de Resistencia Anti imperialista, dirigido por Luis Reinoso) se transformó en Vanguardia Nacional Marxista (VNM). Producto de una nueva fusión, esta vez con el Partido Revolucionario Trotskista (PRT) donde se integraron Jorge Cereceda y “Zapata” y con el Movimiento Revolucionario Comunista (MRA), escindidos de las juventudes del PC y dirigidos por Gabriel Smirnow, pasa a ser miembro fundador de Vanguardia Revolucionaria Marxista (VRM).

Producto de un fraccionamiento, un sector de VRM nucleado en torno al periódico El Rebelde en el que se encontraban, además de los ex PRT, algunos miembros del antiguo MRA como Martín Salas, el grupo del Smirnow y el grupo de estudiantes de Concepción liderados por Enríquez, Van Schouwen y Cruz, fundando finalmente el MIR.

Fue justamente esa riqueza ideológica el crisol revolucionario, que diera origen al MIR.

  Oscar Waiss también provenía de una antigua tradición militante. Después de haber quebrado del naciente PC, militando junto a Sepúlveda en el grupo Avance, con la fracción que luego formará la Izquierda Comunista (IC). Ingresó al PS junto a la fracción mayoritaria de IC en 1936, militando en ese partido hasta 1961, año que dejó la colectividad influenciado por la revolución cubana. Formó junto a Gonzalo Villalón la Organización Socialista de Izquierda (OSI) y el Partido Socialista Popular (PSP) en fusión con el POR y otras organizaciones en 196447, convergiendo finalmente en el MIR. 

Dantón Chelén, dirigente universitario, fue influenciado por su padre Alejandro Chelén quien era parte del ala Izquierda del PS e incluso militó en el POR un tiempo. Dantón rompió con el PS junto a Waiss y Villalón, militando también en la OSI y el PSP. Fue quien dirigió su periódico oficial, “La Chispa”. 

Gabriel Smirnow inició su actividad política en las Juventudes Comunistas (J.J.C.C.). Sin embargo, en 1963 rompió con las J.J.C.C., junto al grupo Espartaco, de tendencia pro china, sin llegar a formar parte de este último grupo. Fundó el Movimiento Revolucionario Comunista (MRC) en 1963 integrándose luego en 1964 a VRM y retirándose junto con el grupo de Sepúlveda (VRM – El Rebelde) para fundar el MIR en 1965.

  Humberto Valenzuela y Luis Vitale provenían del Partido Obrero Revolucionario (POR). Valenzuela militó en la IC de los años 30, y luego de la partida de Sepúlveda, pasó a dirigir el POR.

Era un reconocido dirigente de los obreros municipales y de la CUT junto a Clotario Blest. También fue candidato presidencial en 1942. Vitale, de origen argentino y de oficio historiador, ingresó al POR  en 1954, siendo elegido también dirigente nacional de la CUT. 

Clotario Blest también fue un dirigente reconocido dentro del movimiento obrero. Si bien su única militancia partidaria fue el MIR, en contraposición tenía muchos años y reconocimiento como dirigente obrero y luego como dirigente nacional de la CUT y de activismo político ligado al anarcosindicalismo cristiano. Organizó el Movimiento 2 de Noviembre en 1960, de objetivos y acción puramente sindicalistas al interior de la CUT, y luego el Movimiento de Fuerzas Revolucionarias en 1961, de acción más amplia e influida por la experiencia cubana.

Miguel Enríquez, Bautista Van Schouwen y Edgardo Condeza, todos estudiantes de Medicina en Concepción, retirados del PS en 1963, como consecuencia de la “derechización” de la campaña de Allende al interior del FRAP y su adscripción a la vía armada de la experiencia cubana, ingresando a VRM posteriormente. Cuando el grupo de Sepúlveda fue expulsado en 1964, hicieron causa común con él, fundando la VRM – El Rebelde. Luciano Cruz, si bien provenía de quebrar con las J.J.C.C., mantuvo la misma trayectoria que el resto del grupo de Concepción antes de fundar el MIR. 

Martín Salas, de oficio relojero, fue expulsado del PC junto con el grupo de Reinoso, fundando el Movimiento de Resistencia Anti imperialista (MRA). Confluyó con el grupo de Sepúlveda en la VNM y luego en la VRM abandonando la agrupación junto con el núcleo de Sepúlveda, fundando el MIR, del que se retiró a los pocos años. 

Mario Lobos fue militante del PS, mantuvo contacto con el POR, y junto al Comité Regional de Coquimbo, del que era Secretario General, contribuyó a fundar el PSP con el escindido Comité Regional de Talca y algunos núcleos de base del PS desde Linares a Puerto Montt.

  Jorge Cereceda y el “Pelao” Zapata provenían del trotskismo, pero desde una militancia diferente, el Partido Revolucionario Trotskista (PRT), que se fusionaría con la VNM para fundar la VRM, abandonando la agrupación junto con Sepúlveda. Mondiola, también cercano al trotskismo, habría participado en acciones armadas como la expropiación de una armería en Santiago.

Para quienes hoy plantean que es posible dar una lucha ideológica, dentro de los sectores denominado progresistas, reformistas y la socialdemocracia estableciendo alianzas estratégicas electoral. Como acontece con el movimiento social territorial de Ukamau y la IZAR, que se definen ideológicamente revolucionario, planteando un escenario estratégico en el quehacer. Renunciando a la construcción de correlación de fuerzas en los sectores populares. Nos replantea una gran contradicción histórica de la lucha popular de clase.


 En 1965 se  expresaba a las corrientes, tradiciones y/o agrupaciones que confluyeron en la fundación de este nuevo referente de la izquierda revolucionaria darnos una idea del peso que tuvo cada una en el momento de la conformación, pues la integración de cada tradición revolucionaria, e incluso la representación de los sectores sociales (obreros, campesinos, pobladores, estudiantes, etc.) que confluyeron, corresponden también a la lucha política y a la correlación de fuerzas al interior del MIR, entre las diferentes tradiciones y sus estrategias. 

Con la conformación de este primer Comité Central, podemos señalar que la confluencia en la conformación del MIR es tremendamente heterogénea, incluyendo anarcosindicalistas y dirigentes sindicales, trotskistas y ex militantes del Partido Comunista y Socialista, algunos influenciados por el comunismo chino, por la experiencia cubana y/o la experiencia reciente del FRAP. 

Este primer Comité Central se expresaba un peso relativo mayor del trotskismo como tradición (en las figuras de Sepúlveda, Valenzuela, Vitale, Cereceda y Zapata), además de una gran cantidad de ex militantes del PS tales como el grupo de Concepción y las figuras de Waiss y Lobos.

  

   

La revolución cubana coincidió con la llegada de los postulados 

maoístas y su influencia a Latinoamérica, enmarcándose entre las posiciones críticas a la conducción internacional de Moscú, principalmente en torno a la forma de instaurar el socialismo (representada por la dicotomía vía pacifica – vía armada) en los países atrasados de América Latina, África y Asia. Los PC estalinistas se encontraban en una profunda crisis, cruzados por el proceso de desestalinización, la ruptura chino – soviética, la parlamentarización de sus partidos y el fracaso de los frentes populares en Francia, España y Chile. Concretamente, tanto las posiciones chinas como aquellas influenciadas por el proceso cubano reabrieron la posibilidad en Latinoamérica tanto de un crítica por izquierda a la línea soviética de vía pacífica y coexistencia con el capitalismo, como también de una militancia distinta sin dejar de ser un revolucionario, provocando una ola expansiva en nuestro continente reflejada en la multiplicación tanto de las agrupaciones armadas como de los focos guerrilleros en distintos países. La revolución cubana mostró la posibilidad de impulsar un proceso revolucionario al margen de la dirección del Partido Comunista y sin contar con la venia de Moscú, enclavado además a pocos kilómetros del centro mundial del capitalismo, despertando a su vez los sentimientos anti imperialistas y anti norteamericanos, transformándose en un referente revolucionario para el continente.

  Luego de su Congreso fundacional, el MIR inició su propia construcción, en base a las directrices que impregnan los documentos resultantes de aquel evento: su Declaración de Principios y su Programa. 

En estos documentos quedaron plasmados la naturaleza y los objetivos de la naciente organización, a la vez que le ayudaron a homogeneizarse en el marco teórico general, aunque sin resolver temáticas mas específicas tales como la forma orgánica del MIR, qué tipo de partido formar, qué estrategias debía implementar la organización y la importancia de los distintos frentes que pretendía abrir. 

En el primer acápite de la declaración de principios, redactada por Luis Vitale, se plantea que “El MIR se organiza para ser la vanguardia marxista leninista”113 y que “El MIR se define como una organización marxista – leninista, que se rige por los principios del centralismo democrático”, proyectando con ello su enraizamiento con la tradición bolchevique. Sin embargo, más allá de reafirmar su opción por el análisis marxista y su concepción de formar un partido revolucionario, no da luces sobre la orgánica del partido a formar, en circunstancias que tanto los PC, los partidos maoístas y trotskistas; y las organizaciones guerrilleras se reclamaban también herederas de la misma tradición, al menos en el papel, lo que no contribuye a una mayor diferenciación. En esencia, podemos asegurar que es un marxismo – leninismo antiestalinista.

“Para esto, el MIR definió con claridad las alianzas que la clase obrera debería de constituir con el propósito de conseguir la mayoría social que este proyecto requería para el desarrollo de su estrategia. Los principales aliados de la clase obrera se definieron como los pobres de la ciudad y el campo (pobladores, pequeños campesinos de subsistencia, pequeña burguesía empobrecida, pequeños comerciantes y artesanos) y sectores de la pequeña burguesía   (profesional, estudiantil y funcionaria). También se definieron como aliados a sectores de la pequeña burguesía industrial y agraria. Los sectores que deberían neutralizarse estaban  constituidos por la median burguesía industrial y agraria”


“(…) una Tesis Insurreccional, redactada por Miguel y Marco Antonio Enríquez y leída por Miguel, hecho inédito en la historia de los partidos de la izquierda chilena, pues en ninguno de sus Congresos jamás fue aprobada una Tesis insurreccional. Esta Tesis fue aprobada con una modificación fundamental: que para iniciar una insurrección armada debía haber un ascenso relevante del movimiento popular y que los grupos tenían que asentarse en fuertes bases sociales, para no caer en la desviación foquista, como había sucedido en varios países latinoamericanos” 

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El “Chico Alejo” a un año de su asesinato en Venezuela

COAPO

“Chico Alejo”

El asesinato de José Muñoz ( Chico Alejo) fue un duro golpe para el campo popular. Una vez más los enemigos del pueblo acertaron un duro golpe, no fue cara a cara en combate, sino amparado en las sombras de la cobardía. 

 José Muñoz Alcoholado, conocido en la lucha clandestina con el nombre de combate: “Alejandro” para el mirismo siempre será el “Chico Alejo”. Un revolucionario internacionalista, que siempre supo entregar su compromiso solidario con la lucha de los pueblos.

El compañero “Alejandro” jamás dejó de estar conectado con la realidad política de Chile. Su mirada crítica a  alianzas estratégicas electorales de la izquierda revolucionaria, con sectores denominado progresistas como acontece en el Frente Amplio, donde esa izquierda renuncia a la acumulación de fuerza propia en el campo popular. 

El “Chico Alejo” desde muy temprano su conciencia de la situación política del país y su amor por el pueblo, lo llevó a asumir un compromiso revolucionario tomando  las armas contra la Dictadura. Siempre en la primera línea de combate, siendo un ejemplo para la (R).  Prontamente se destacó por su claridad política, por su disciplina y su ética revolucionaria.

En los 80 su militancia en el MIR fue siempre reconocida por sus condiciones de un sobresaliente, cuadro político-militar. Jamás eludió una discusión ideológica o un combate con los esbirros de la dictadura. 

En el Congreso de 1986 el MIR no logra superar las diferencias ideológicas. “MIR Histórico”; ” MIR Político”; “MIR Militar”.

La alternativa revolucionaria de la lucha popular 

 En los 90 rechazo con firmeza la claudicación de la izquierda y la naciente concertación. Jamás creyó en esa falsa de la democracia de los acuerdos. 

Con argumentos políticos se opuso a la desmovilización del pueblo, impulsó una profundización del proyecto mirista, articulando el MIR-EGP-PL, reconstruyeron la organización partidaria y llevando adelante una intensa lucha subversiva contra la instalación de la política de los acuerdos, esos mismos partidos políticos que fueron opositores a Pinochet, se acomodan para continuar administrando el modelo neoliberal, lo que hasta hoy ha sido mantenido por los gobiernos de la concertación y la Nueva Mayoría.

Su capacidad humana y política fue un factor aglutinante de una juventud que había luchado desde las poblaciones contra la dictadura, que a principios de los 90 era abandonada por los partidos políticos de izquierda.

Desde las comunidades católicas de la zona sur de Santiago, conocieron su posición política de rechazo a la salida pactada del dictador.
José Muñoz se caracterizó por buscar la unidad de las distintas fuerzas de la izquierda revolucionaria, impulsando alianzas con otras organizaciones revolucionarias, no para buscar cuotas de poder político, por intermedio de los votos. Sino directamente por la vía armada del pueblo organizado. 

…José Muñoz impulsó la autogestión popular, rechazando todo tipo de financiación de programas del aparato del Estado.
Desde la rearticulación del MIR, al cumplirse un año del crimen del compañero “Alejandro” Guerrillero, recordamos al revolucionario, al militante,  al padre, al  amigo, al hermano,  y compañero. “Alejo” supo llevar a la práctica revolucionaria, un ideal de vida comprometida con la lucha popular.

   …«” su visión era de una Latinoamérica unida y liberada, por lo que fue un articulador que trabajo con diversos movimientos políticos y sociales en toda su América Morena y más allá, siendo uno de los que resistió con armas en mano el golpe de Estado en Venezuela en el 2002.”».

La dualidad oportunista del partido comunista chileno

COAPO

En la primera semana de abril, en Lima se llevó a lugar un encuentro de partidos comunistas de América Latina. Habían pasado 43 años de la última reunión continental en La Habana de junio de 1975, en un contexto histórico de regímenes dictatoriales en la región.

El encuentro de Lima quedaron en evidencia la crisis ideológica del partido comunista chileno, representado en la reunión por Juan Gajardo Encargado Nacional de Organización, miembro de la Comisión Política del PCCH.

Los comunistas chilenos por intermedio de Gajardo, durante los tres días del encuentro se enfocó en defender el legado de Michelle Bachelet. A justificar la alianza política con el PDC y la proyección de la NM. Con una postura cercana al Polo progresista del Foro de Sao Paulo, donde predomina los lineamientos socialdemócrata.

Si bien, criticaron el modelo neoliberal y compartieron las posturas de los demás representantes comunistas. 

 

En el referido encuentro de partidos comunistas, se podría decir que fue un intento serio de unificar criterios políticos en la región. Con una contradicción de fondo representada por la dualidad del partido comunista chileno.

«” Los compañeros del Partido Comunista de México, a través de su publicación, ha dado a conocer un hecho de importancia. Después de 45 años, se ha realizado la reunión de Partidos Comunistas de América Latina. Si bien, al parecer, no están todos los partidos de los países latinoamericanos, el encuentro sin duda es un avance en el necesario reagrupamiento de las fuerzas de izquierda en momentos de un incremento de la agresividad del imperialismo yanki. Sin embargo hay contradicciones de fondo en dicho encuentro, las cuales fueron expuestas en el encuentro por el partido comunista mexicano.


http://www.comunistas-mexicanos.org/partido-comunista-de-mexico/2182-importante-y-trascendental-iniciativa-de-los-comunistas-peruanos&nbsp;


Desde la posición  chilena, en cuanto al comportamiento del Partido Comunista de Chile, la verdad es que no calza las resoluciones del Encuentro Continental con la práctica, reciente, la táctica y la estrategia defendida por el PC de Chile. 


Es así, en el encuentro se hace un ataque a las fuerzas socialdemócratas que se define como defensoras del capitalismo en Chile; el Partido Comunista, desde comienzo de los 90s busco una alianza con la concertación, son las mismas fuerzas socialdemócratas que el encuentro se critica, pasando por pactos por omisión para luego ser parte del gobierno en la Nueva Mayoría. Es más, no hace muchos, el Partido Comunista a través de uno de sus máximos dirigentes señalaba que el Partido Comunista tenía una coincidencia estratégica con la Democracia Cristiana Chilena y en la actualidad han señalado que para la configuración de una nueva alianza progresista amplia es indispensable el concurso de la Democracia Cristiana. Tanto los partidos socialdemócratas chilenos como la democracia cristiana criolla no sólo ha defendido el capitalismo en Chile, sino que han sido los pilares fundamentales en la consolidación del neoliberalismo en nuestro país. Han sido estos los pilares que han sido permanentemente agresivos con los procesos populares y revolucionarios de Venezuela y Cuba y que han llamado insistentemente en desconocer y tratar de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro apoyando una posible intervención Norteamérica.


Esa inconsistencia del Partido Comunista de Chile, de tener una posición a nivel internacional y otra diferente a nivel nacional puede ser considerado, con justa razón, no tan sólo una muestra de una profunda contradicción político-ideológica no resuelta sino también por un claro oportunismo. Desde los medios institucional del PCCH se han limitado a reproducir un comunicado oficial, sin abordar los temas tratados en el encuentro. 


La rearticulación de espacios de convergencia de las fuerzas revolucionarias que adquieren al marxismo-leninismo, es su multiplicidad de expresiones, debe ser en torno a la coherencia entre lo que se dice y con lo que se hace de lo contrario el esfuerzo desplegado por quiénes legítima y honestamente hacen los esfuerzos, y que abrazan objetivos revolucionarios genuinos caerán indefectiblemente en el vacío y en la acumulación de documentos sin que ellos conduzcan al proletariado a la revolución de los conflictos “»

Hoy el mismo partido comunista chileno, que en la reunión de Lima se manifestaba contrario a los tratados de libre comercio impulsados desde el fondo Monetario, votando  a favor en el Congreso para actualizar el TLC, favoreciendo a las empresas canadienses en la explotación minera. 

Hoy el PCCH busca retomar su influencia en los movimientos sociales, estudiantiles y ampliar sus alianzas con sectores que se definen ideológicamente de izquierda. 


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