Palabras mayores: el rearme de la memoria y el quehacer político  

COAPO

“La incomprensión del presente proviene inevitablemente de la ignorancia del pasado”. 

 “Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.” José Saramago


Estos espacios de las redes sociales, se han transformado en la expresión del día a día de nuestros intereses, sean colectivos o individuales. Lo que podría ser una poderosa herramienta de información, difusión y debate en la construcción de conciencia social y romper con ese inmovilismo y demonización de la izquierda y la política. Se transforma en catarsis, en eternas descalificaciones y ataques personales, muchos de ellos infundados. La derrota a partir del 11 de septiembre marco a toda una generación, repercutiendo en las generación posteriores.

Quienes fuimos parte de esa hermosa y alegre  generación que creyó que era posible cambiar la sociedad burguesa y construir el futuro socialista y revolucionario. Hoy las nuevas generaciones con su escasa formación política, buscan construir su futuro, viven las condiciones de su tiempo…no aceptan a los “viejos” en la participación de espacios de articulación de organización y lucha. 

Hoy debemos pasar a palabras mayores y actuar con toda la fuerza de la historia…

El continuar el ritual de marchas sin un objetivo superior, que implica conocer  el correlato del accionar y sus resultados.  Desde el 2006 las movilizaciones estudiantiles parecían desatar una verdadera “primavera” en Chile y los emblemáticos dirigentes provenientes la mayoría de las denominadas capas medias y no desde los sectores populares, lograban instalar un discurso político de cambios, que en algunos casos derivó en la llegada al Parlamento y terminar por acomodar su discurso, dentro de la cancha marcada en la transición pactada con la dictadura.

No basta con rezar el título de la película de Aldo Francia 1972, representa justamente ese compromiso por no callar antes las injusticias y asumir un rol combativo más allá del discurso. 

Estos días hemos asistido al acto de provocación, del lanzamiento de un libro escrito por un colaborador de la cni, el periodista Patricio Amigo…buscando instalar la impunidad de los crímenes cometidos por Álvaro Corbalán

Este patético espectáculo del pinochetismo, sólo pudo suceder en Chile, esto en Argentina o Uruguay jamás se hubiera permitido. Un grupo se hicieron presente a las afueras del céntrico hotel para repudiar este shows mediático de los violadores de los DDHH. 

La valentía de la compañera Patricia Zalaquett, de encarar a estos criminales, hizo la diferencia…La verdad debimos haber sido miles pasando a palabras mayores y actuando, en esto me incluyo haciéndome la autocrítica…

Para entender este estado de inmovilismo y reacción, debemos recorrer la historia de lo que ha sido y significado el 11 de septiembre, una fecha que debería ser una jornada de protesta y no en un paseo de domingo de misa.


Entre 1982 y 1987, el 11 de septiembre se mantuvo como una fecha de protesta en el marco de una creciente oposición al régimen militar. Dichas protestas expresaban mayores grados de organización y masividad que en años anteriores. La crisis económica de 1983 jugó un rol fundamental como detonante del descontento popular, el que se expresaba en manifestaciones que se tornaban cada vez más radicales y violentas. Se comenzaron a organizar grupos opositores a la dictadura militar conformados por partidos políticos de centro y de izquierda, así como también por movimientos sociales de diversa índole, entre los que podemos mencionar sindicatos, agrupaciones estudiantiles, agrupaciones poblacionales y organizaciones de defensa de los derechos humanos.


“Los fracasos militares de 1986 fueron muy importantes en la lucha de las oposiciones. Permitieron dar vuelta a los vacilantes y obtener argumentaciones para debilitar una política que hasta entonces encontraba fuerte justificación ética en la reiteración de la violencia represiva y justificación política en el inmovilismo” 


El año 1990 es el primero en que las conmemoraciones del 11 de septiembre se realizan en está pseuda democracia. Este sentido especial fue realzado por la realización, en los días previos, del entierro oficial de Salvador Allende en el Cementerio General. A diferencia de años anteriores, la marcha comenzó en el centro de Santiago, para terminar en el mausoleo de Allende. 


“… los conflictos en la vía pública y en el Cementerio General, que irían agudizándose en los años siguientes y que marcan uno de los principales quiebres de las memorias compartidas por la oposición en la época de la dictadura: la separación entre la postura conciliadora y de “día triste y de reflexión” del gobierno concertacionista y la postura de lucha por encarcelar a los culpables de las violaciones a los derechos humanos, que reivindica abiertamente y confronta con la derecha la obra y las figuras emblemáticas de los caídos en 1973 y en los años siguientes: Salvador Allende, Víctor Jara, Miguel Enríquez, y el conjunto de los ejecutados políticos y los detenidos-desaparecidos” 


En 1991 la marcha del 11 de septiembre convocó a miles de personas bajo la consigna “Marcha por la dignidad y esperanza del pueblo chileno”. En La Moneda, el gobierno realizó un acto de homenaje a los caídos el 11, bajo la lógica de la reconciliación. 




Desde el año 2000 hasta el año 2006 la marcha pasa por un costado de La Moneda: la calle Morandé. Ahí los manifestantes se detenían frente al lugar donde se ubicaba la puerta de Morandé 80 y desde el año 2003 donde se la reconstruyó.

 En la misma calle, al llegar a la Plaza de la Constitución, la marcha se detiene nuevamente frente a la estatua del presidente Salvador Allende.


Desde las agrupaciones de DDHH, se llega a un acuerdo para trasladar la conmemoración del 11 para el día domingo, renunciando al legítimo derecho de rendir homenaje el día 11 a los caídos y asesinados. 


En los últimos años un grupo de compañeros ha impulsado, la denominada marcha al revés. Sin lugar a dudas todo un simbolismo y sentido de protesta, pero que no romper con la imposición de invisibilidad del 11 de septiembre, otorgando un carácter casi festivo a la fecha. La memoria tiende a laudar en el olvido cómplice, o está apatía del sistema que nos sumerge en el consumismo e individualismo. 


acción rearme.

Los que hoy se conoce como marcha al revés, tiene como referencia la iniciativa organizada por un grupo de académicos de la Universidad Arcis,  psicólogos sociales y una historiadora. La marchaRearme fue organizada en torno a una acción central: el traslado, desde el Cementerio General hasta La Moneda, de una reproducción del Memorial del Detenido Desaparecido y del Ejecutado Político. Para eso se produjo una gigantografía de dicho memorial, que luego fue cortada en 64 piezas que fueron repartidas entre diversas personas que se habían responsabilizado de llevarlas de vuelta al centro de la ciudad. Al unir estas piezas, en manos de los marchantes se lograba una imagen del memorial, esto fue llamado acción rearme. Los organizadores de está iniciativa en el 2005, señalaban el significado: El nombre era provocativo, pero también polisémico. La foto del afiche y el lema propuesto “MarchaRearme una posibilidad de resignificar y dar nuevos sentidos a la memoria social…” apuntaban directamente a pensar en el rearme de nuestra memoria. 


Tanto la idea del rearme como un re-tomar las armas y la del rearme como rearmar nuestra memoria tuvieron un efecto político. La primera en términos del imaginario social que movilizaba, asociado a representaciones de enfrentamiento armado, y la segunda, respecto del llamado, implícito a hacerse cargo, como sociedad, de una memoria que se muestra en fragmentos y que, de todos ellos, sólo algunos han ocupado el lugar de los discursos oficiales. El imaginario social movilizado por el nombre, también fue reforzado por los colores escogidos para el afiche y los volantes de difusión, puesto los colores escogidos son el rojo y el negro, asociados históricamente al Movimiento de Izquierda Revolucionaria.









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La Izquierda Anticapitalista: de la derrota política a la contraofensiva

COAPO

Se comparte un análisis político, de Pablo Abufom Silva de solidaridad, publicado en hemisferio izquierdo de Uruguay . 

«Un debate necesario en el proceso de rearticulación del MIR, estableciendo ese trabajo político y social, recogiendo otras miradas  políticas relacionadas con  la Situación Nacional del país. »

Chile: de la derrota a la contraofensiva
Pablo Abufom Silva

   Hemisferio Izquierdo: ¿Cuáles son los trazos fundamentales del momento político y cuáles son las tareas principales para encararlo?

“No todo lo que se enfrenta puede ser transformado, pero no es posible transformar algo a menos que se lo enfrente.”

James Baldwin
 

En Chile, 1973 significó una derrota estratégica para el pueblo trabajador, y representó una clausura del siglo XX chileno. Se trató de una derrota estratégica porque no solo eliminó materialmente a los sectores organizados del pueblo y la izquierda, sino que estableció cultural, social, económica y políticamente las bases para la eliminación del proyecto socialista, en cuanto horizonte histórico de realización de los intereses de la clase trabajadora.

 
Uno de los efectos más contundentes de esta eliminación ha sido la deriva estratégica de la izquierda, dividida entre la renovación y la marginalidad. Hoy es posible plantear que el pueblo trabajador ha recorrido distintas etapas en este periodo: desde su paso por la resistencia (1973-1990), una fase de rearticulación (1990-2001), un vertiginoso momento de acumulación de fuerzas (2001-2011) y desde el 2011 en adelante podemos constatar una nueva fase de avance sustantivo en las condiciones que permitirán el comienzo de una contraofensiva social y política, todavía débil pero claramente distinguible de la etapa anterior.
 

Un análisis político que intente establecer las fases de un determinado periodo debe tomar en cuenta elementos cualitativos (programa, organización, radicalidad) y cuantitativos (masividad, presencia mediática, etc.), y en ese sentido uno de los elementos centrales de esta nueva fase para el pueblo trabajador en Chile es una determinada disposición de lucha, que le permite enfrentar coyunturas críticas con una síntesis de lecciones recientes y con una voluntad de victoria que se traduce en mayor claridad programática, flexibilidad táctica y recomposición de su organización. La re-emergencia del feminismo en los últimos años es quizá una de las muestras más claras de esta disposición al contraataque. Pero, aunque se trata de un proceso significativo, todavía es incipiente, y avanza a distintas velocidades en los distintos sectores, y por lo mismo no podemos confundir la golondrina de estos avances con el verano de una contraofensiva.

 

Una época de grandes avances y de grandes retrocesos: el periodo de la crisis y el ajuste

El periodo actual se caracteriza porque la crisis del capital se organiza en torno a los ajustes (como medidas fiscales, monetarias y financieras para intentar recuperar la tasa de ganancia), siendo una de sus formas el ataque a los y las trabajadoras tanto en el ámbito de la producción (flexibilización y precarización del empleo, relocalización de la industria hacia lugares con mano de obra barata, fragmentación de los centros productivos) como de la reproducción (destrucción de la seguridad social, ataques a los derechos sexuales reproductivos y no reproductivos, integración subordinada de las mujeres al mercado laboral). De forma aparentemente paradójica, la expresión política de dicha crisis ha sido una dificultad creciente por parte del bloque dominante a nivel mundial para asegurar su hegemonía: no dejan de estar al volante, pero cada vez se les hace más difícil conducir. En otras palabras, la evolución de las crisis durante el periodo ha llevado, al mismo tiempo, al desarme de la clase trabajadora y al agotamiento de los modelos de hegemonía democrática de los últimos 30 años.
 

Nos encontramos en un momento en que el debilitamiento del centro político, expresión del agotamiento del pacto de la llamada “transición a la democracia”, engendra un complejo proceso sociopolítico. En esta larga coyuntura posterior a la gran movilización estudiantil del 2011, es posible reconocer dos tendencias complementarias que comienzan a fisurar los sentidos comunes sobre el periodo que han enmarcado la acción de la izquierda.
 
Por un lado, desde el ciclo de movilizaciones 2007-2013, hemos sido parte de un proceso ascendente de politización de capas de la población que se habían mantenido al margen de la acción social organizada. Las marchas masivas no solamente ponen sobre la mesa las demandas, sino que llevan a sus participantes a una experiencia de lo colectivo que había sido desalojada de la vida cotidiana en Chile. Al mismo tiempo, se ha detectado un aumento de la participación de la población en organizaciones sociales de algún tipo (desde centros de estudiantes hasta clubes deportivos). Por ambas cosas, es posible afirmar que Chile vive un proceso de politización. Lentamente, pero de manera más masiva y acelerada que antes, esos sectores de la población sin tradición militante o experiencias organizativas previas, están más dispuestos a participar políticamente en sus formas más acotadas (elecciones) o en sus formas más sofisticadas y demandantes (activismo y militancias políticas).
 
Esta tendencia se expresa a su vez como un desplazamiento de la potencia política desde el centro tradicional hacia los extremos del espectro. Este proceso de polarización puede interpretarse como una respuesta coyuntural a una crisis a nivel de periodo histórico: la disputa por el excedente y la organización de la re/producción, cada vez más aguda, toma la forma de una fuerte competencia entre sectores políticos que se proponen representar a los distintos sectores del pueblo. Esta tendencia a la polarización tiene hoy una realidad mundial en la emergencia tanto de fracciones ultraderechistas como de nuevas fuerzas de izquierda, que se proponen salidas de la crisis restauradoras o transformadoras, respectivamente. En Chile esa polarización adquirió la forma de una reconfiguración del mapa político en el escenario del Estado, con una derecha múltiple (cubriendo el rango de la ultraderecha pinochetista a la derecha liberal) y una novedosa pero tibia renovación de la izquierda (Frente Amplio).
 
Lo más interesante es que esta polarización también se expresa en el escenario de lo social, que ha sido objeto de renovado interés para todo el arco de partidos y movimientos sociales y políticos de la derecha, desde el activismo ultraderechista al alero de J.A. Kast u otras corrientes nacionalistas o neonazis hasta los infatigables esfuerzos de la pinochetista UDI por retomar la línea “popular” dura de figuras fundacionales como Jaime Guzmán y Pablo Longueira, pero también y quizá principalmente en el crecimiento en número y densidad ideológica de las iglesias evangélicas en centros y periferias de Chile. Se constata y es posible proyectar una politización de base por la derecha. La izquierda queda amenazada en lo social, pierde terreno ante esta avanzada por abajo de la derecha, y su marginalidad ya no es resultado de su internalización de la derrota estratégica o las condiciones difíciles del terreno, sino porque hay un adversario activo.
 
 
Avanzada conservadora y conflictos multisectoriales
 

Otra tensión clave de la coyuntura es la que se da entre la avanzada conservadora en lo programático y lo institucional, por un lado, y la clara emergencia de conflictos con un carácter transversal o multisectorial que responden a ese ataque. La potencia actual del movimiento de mujeres y del movimiento contra el sistema privado de pensiones (AFP) responde a dos ejes centrales de la avanzada restauradora de las fuerzas derechistas en América Latina y el mundo: la precarización de la vida mediante el desarme de la seguridad social (o su empeoramiento en el caso de Chile) y una nueva fase de sometimiento de la reproducción a los requerimientos de la acumulación capitalista (el discurso de las fuerzas conservadoras que tachan de ideológico el cuestionamiento a la heteronorma, o el desmantelamiento de legislaciones pro-aborto, una de las pocas cosas en las que Chile va a contrapelo de la tendencia mundial). No es casual que la seguridad social aparezca como un elemento que permite articular varias de las luchas que se plantean hoy estos movimientos. La evidencia que tenemos todavía muestra un movimiento de reacciones ante las acciones del bloque dominante, y no necesariamente un programa de transformaciones que movilice al conjunto de esos sectores. Pero no cabe duda de que ésta será una tendencia clave de las luchas sociales en los años venideros.

 

En un contexto de derrota y carencia estratégica, de desarticulación de las fuerzas políticas consecuentemente revolucionarias y un tejido social debilitado, las fuerzas conservadoras han apretado el acelerador del racismo, fomentando de ese modo una competencia entre personas de distintos países, etnias o comunidades. En un nivel semejante, la agudización de la violencia de género en la dimensión en que ésta es un esfuerzo de resguardar y restaurar permanentemente las condiciones de vida dadas por un trabajo reproductivo impago en el marco de la subordinación propia de las relaciones de dependencia, es también un modo de profundizar la competencia entre hombres y mujeres; ambas son formas en que se desarrolla la competencia entre sectores de la clase trabajadora, y allí las fuerzas conservadoras cumplen una tarea central en dar forma e inteligibilidad a los límites y fronteras que marcan los bandos en competencia.

 
Cuando reina la precarización del empleo y el empobrecimiento de la vida cotidiana, la ultraderecha ha sabido organizar el descontento mediante la creación de enemigos internos y externos, materiales e inmateriales, que explican los males y orientan las soluciones. De ese modo, la ultraderecha aspira a desatar las pasiones enajenadas del pueblo. Desde la “ideología de género” hasta los “migrantes ilegales”, la ultraderecha promete responder a las necesidades populares. En el caso de los grupos que actúan por fuera de la política institucional, incluso han tomado la delantera en acciones que apuntan a resolver prácticamente las condiciones de miseria de franjas precarizadas del pueblo. Una nueva experiencia de lo colectivo, por derecha.
 

La tarea en este contexto es doble: combatir a la ultraderecha implica cerrarle el paso en el espacio público, inhibiendo la difusión de su ideología de odio, al mismo tiempo que respondemos a lo que ellos dicen responder. El combate frontal al fascismo lo frena, pero lo único que lo elimina es el socavamiento de las bases que permiten articular una conciencia ultraderechista en el pueblo trabajador: una alternativa concreta y realista a los efectos del capitalismo en sus vidas cotidianas.

 
 
Frente Amplio y espacio anti-neoliberal, una lectura posible
 
En el contexto descrito más arriba, tiene sentido afirmar que el Frente Amplio tiene un carácter progresivo. Dado el estado de la conciencia política de la clase trabajadora, y en un contexto de politización + polarización, el Frente Amplio aparece para muchas personas como la puerta de entrada a la activación de su acción política o político-social. Pese a ello, producto de su composición de clase y por la fragilidad de su proyecto en términos estratégicos, el Frente Amplio tiene un gran potencial regresivo y restaurador. Siempre ha sido hegemónico en él una línea estratégica reformista con un programa socialdemócrata, pese a los sueños y esfuerzos de los sectores que se reclaman revolucionarios y socialistas. Por ello, ya se pueden percibir las jugadas restauradoras de algunos parlamentarios o voceros que votan a favor de tratados de libre comercio u ocupan sus vocerías para cuestionar la democracia en Cuba y Venezuela, poniéndose del mismo lado que la derecha chilena y latinoamericana. Sin embargo, no puede decirse que ese potencial esté desplegado actualmente, porque todavía no se cierra el nuevo ciclo político-institucional abierto por las elecciones de 2017. No basta con sus defensas a la libertad de expresión de Kast, sus críticas a Cuba o su tibieza en las votaciones en el Parlamento: el FA será una fuerza regresiva cuando sus partidos y sus parlamentarios asuman abiertamente funciones restauradoras del régimen político, social y económico, no en oposición a los ideales de la doctrina socialista, sino en oposición a los movimientos sociales y las entusiastas capas del pueblo que votaron por esa coalición.
 
Por otro lado, el Frente Amplio es expresión de un fenómeno más amplio que es la apertura de un espacio “anti-neoliberal”(1), en el que participan o pueden participar todas las fuerzas políticas progresistas que señalan la clave del cambio de periodo político en la conversión del modelo neoliberal en un modelo pos-neoliberal, encarnado por un Estado social y democrático y en una sociedad que garantiza derechos sociales. En este espacio caben una variedad de reformismos, desde el progresismo PS hasta el PC. El éxito del Frente Amplio, en este contexto, está en directa proporción con el fracaso de la Nueva Mayoría: un relato de derechos sociales es inverosímil en una coalición neoliberal como la NM, y el Frente Amplio tiene, por ahora, carta blanca para poner a prueba sus tesis políticas. En este sentido, el rédito político del Frente Amplio bien pudiera ser de corta duración, en la medida en que existe de manera patente el riesgo de subsumirse en una oposición formal que lo haga indistinguible de la Nueva Mayoría y que lo fuerce, por ello, a la posibilidad latente de convertirse en una renovación de las fuerzas históricas de la fracción progresista del bloque en el poder.
 

Este espacio anti-neoliberal es el ámbito en donde existen y se desarrollan la mayoría de las luchas sociales actuales, principalmente enfocadas a los efectos nefastos de una contrarrevolución neoliberal madura, que ha agotado los mecanismos tradicionales de privatización y precarización, y se ve enfrentada a una sociedad que ya no tiene mucho más que perder. Este espacio anti-neoliberal, que el Frente Amplio busca expresar y representar, es el punto de partida de una Izquierda Anticapitalista, con cuyas bases sociales debe vincularse, comprendiendo sus aspiraciones y posibles desencantos, tomando en cuenta su actual o potencial adhesión a la promesa que encarna el FA.

 
 
Tareas para una Izquierda Anticapitalista en el contexto actual
 
En el actual contexto, se plantean una serie de tareas políticas para una Izquierda Anticapitalista que aquí solo alcanzamos a esbozar. La primera de ellas es la de superar la derrota estratégica, y más específicamente superar la constante auto-marginación de los espacios vivos de las masas, el sectarismo auto-complaciente en sus lecturas y el énfasis desmedido en análisis y despliegues tácticos como centro de su actividad. En segundo lugar, y como una de las principales líneas que permitirán superar la derrota, una Izquierda Anticapitalista debe asumir el feminismo como horizonte estratégico, es decir, transformar los elementos claves de su análisis y su práctica política contemplando el lugar de la producción del género, la violencia patriarcal y las formas de la reproducción como aspectos esenciales del modo en que se organiza la vida social. En tercer lugar, urge proyectar el desarrollo de la capacidad política de la clase trabajadora, entendida en toda su heterogeneidad y complejidad, para organizar la producción y reproducción de la vida social, con el horizonte de una democracia autogestionaria del pueblo trabajador. Esto implica visualizar los caminos de lucha y las conquistas que permitirán una acumulación de fuerzas no solo en el ámbito subjetivo de su organización, sino también en su intervención política activa en la toma de decisiones de los espacios vitales de la clase, desde los ámbitos educativos hasta los centros de trabajo productivo y reproductivo. Finalmente, en la coyuntura actual se abre un momento en el que es posible para una Izquierda Anticapitalista el ensayo de formas intermedias de unidad, que superen las relaciones meramente coyunturales o tácticas, para llegar a conformar un sector de Izquierda Anticapitalista como fuerza política con capacidad de intervención e interpelación nacional, como una voz que no solo hable de los objetivos finalistas de la lucha sino de todos y cada uno de los momentos de una transformación económica, política y cultural del país y la región. Finalmente, en el mediano plazo, una fuerza política de izquierda y anticapitalista debe apuntar a constituirse como un movimiento político de masas con un fuerte arraigo social, con una nueva cultura política clasista y feminista que se movilice y actúe en torno a un programa que emerja y se proyecte desde las necesidades inmediatas de la clase en un contexto de crisis y ajuste. Si no quiere quedar sumergida en las aguas turbulentas de la fase actual, la Izquierda Anticapitalista debe, de una vez por todas, salir de la derrota y organizar la contraofensiva.
 

 

El período                    pre revolucionario       y el gobierno de Allende

COAPO

El MIR hasta mayo de 1970 sostuvo la opción única de la lucha armada, para generar las condiciones revolucionarias. La lectura de la coyuntura política determinó, un fortalecimiento del trabajo de masas y preparar cuadros políticos-militar para la defensa del gobierno de la Unidad Popular.

“Para empujar estas movilizaciones, para combatir la legalidad de los patrones, es imprescindible la unidad de todos los sectores del pueblo. Y ella exige la unidad de las fuerzas más importantes de la izquierda.

La única alternativa hoy en Chile es socialismo o fascismo. Estamos todos comprometidos con el resultado de este proceso. No es posible que se pierdan Federaciones estudiantiles en Santiago, en Temuco y en Ñuble exclusivamente por el sectarismo de algunas fuerzas de la Unidad Popular que han impedido la unidad de la izquierda, entregando así victorias a la Democracia Cristiana.

[…]

¿Cómo no quisieran las clases dominantes que el pueblo se dividiera definitivamente? ¿Cómo no quisieran “El Mercurio”, “La Prensa”, “La Tribuna”, que la izquierda comenzara una lucha fratricida? ¿Cómo no quisieran los reaccionarios que entre la izquierda revolucionaria y el gobierno se abriera un nivel de enfrentamiento que en su desarrollo llevara inexorablemente al hundimiento del proceso?

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria busca la unidad de todo el pueblo y de toda la izquierda para enfrentar en definitiva a las clases dominantes nacionales y extranjeras.

En 1970 el MIR siguió profundizando su inserción en los movimientos de masas, constituyendo y reforzando los llamados Frentes Intermedios o Frentes de Masas, los cuales servían de puente entre el partido y los sectores populares. En el frente estudiantil, mantenía dos agrupaciones: por un lado con el Movimiento Universitario de Izquierda (MUI), cuya fundación es paralela a la del partido incluso (agosto – septiembre de 1965) siendo parte del proceso de unificación de la izquierda que dio origen al MIR. Por medio de esta agrupación, el partido mantenía su  influencia revolucionaria en los estudiantes de la zona de Concepción logrando conservar la dirección de la federación estudiantil universitaria hasta 1972. Y por otro lado, con el Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER), fundado en 1968 con bases en Santiago y Valparaíso, logró transformarse en la tercera fuerza política de la izquierda tanto en la Federación de Estudiantes la Universidad de Chile (FECH) como en la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago (FESES). 

Alejandro Manque

En el movimiento campesino, específicamente en el pueblo mapuche, el MIR impulsó 15 “corridas de cerco” entre mayo y septiembre de 1970, especialmente en la zona de Arauco y Cautín, y en septiembre de 1970 organizó el Movimiento Campesino Revolucionario (MCR).  “A partir de las acciones directas de los mapuches, con el aliento del Movimiento Campesino Revolucionario (MCR) se extendió una ola de tomas de fundos, en lo que se llamó el verano caliente de 1971”.  Sin embargo, el MIR no era el único actuante en el campo. También el PCR, mediante su organización Netuiañ Mapu (A recuperar la tierra), impulsaba las corridas de cerco y se construía entre el movimiento mapuche, revelando que la agitación en el campo tenia variadas influencias. 

La Dirección del partido analizó las condiciones objetivas, de un eventual triunfo de Salvador Allende. Las divisiones de las fuerzas hegemónica del país, con dos candidatos a la presidencia. El MIR entendía la importancia de la lucha electoral, para profundizar el trabajo político de masas. Centrándose en los sectores periféricos de la sociedad chilena.

El MIR profundizó la influencia política en los sectores poblacionales, estudiantil y los obreros.

 El MIR se concentró en Santiago, bajo el accionar de las tomas de terrenos, los siete campamentos orientados por el MIR entre enero y julio de 1970: “26 de Enero”, “La Unión”, “26 de Julio”, “Rigoberto Zamora”, “Magaly Honorato”, “Ranquil” y “Elmo Catalán”. Estos tres últimos conformaron, en noviembre del mismo año, la población “Nueva la Habana”, el referente poblacional más importante del MIR, dirigido por Víctor Toro. A partir de sus bases en el movimiento de pobladores, el MIR impulsó el Movimiento de Pobladores Revolucionarios 

El (MPR) logró el control territorial a manos de los pobladores. Lo que fue criticado por sectores trotskista. Agrupados  en el MIR – FR.  Se cuestionaba el método de elección de las directivas de los campamentos, que de acuerdo al período se privilegio una estructura de carácter político-militar.

El MIR impulsaba en todos sus frentes, el partido de cuadros con militantes disciplinados y preparados para las tareas necesarias.

La población Nueva La Habana, se logró avanzar en el poder popular, logrando el control territorial. Se organizó la vida urbana con la participación en la toma de decisiones de los pobladores.

La oganización del campamento contaba con una red organizativa que partía desde la manzana hasta llegar a la asamblea del campamento, formándose una jefatura de 8 miembros elegidos por todos los pobladores y una dirección (integrado por la jefatura, los representantes de los frentes y los 24 jefes de manzana elegidos por sus vecinos). Además, contaba con diversos “frentes”, encargados de las tareas de autodefensa y seguridad interna, salud e higiene, la construcción de las viviendas y educación y cultura, formando con ello, un gran organismo centralizado que le permitió un gran nivel de organización, autonomía en la acción común y combatividad de la población. 

Esta organización de control territorial, no logró ser instalada en el resto de los sectores populares del país. 

La correlación de fuerzas de la izquierda reformista fue un factor que frenó, toda iniciativa del poder popular en las fábricas y poblaciones. Existía, junto al MPR , el Comando de Pobladores de la CUT, de preponderancia comunista y la Central Única de Pobladores, orientada por el PS. 
“Según estimaciones del Ministerio de Vivienda de la época, hacia mayo de 1972 unas 83.000 familias vivían en campamentos, de los cuales unas 6.000 habitaban en los territorios con participación del MIR, por lo cual se alcanzaba poco más del 7 % de la población que habitaba en esas agrupaciones poblacionales”.
Así mismo, el MIR y los demás partidos, no habrían contado con la dirección absoluta del movimiento (aunque esto no descarta que efectivamente así ocurriera en el frente de masas del MIR, el MPR), el movimiento de pobladores habría transitado por carriles propios y acordes a su propia historia y, además, los partidos en general (y el MIR en particular) sólo se habrían legitimado frente a los pobladores cuando sus políticas representaran efectivamente los intereses revolucionarios y no la política reformista del PC y PS.



«Un ejemplo de lo señalado lo encontramos en la lucha contra la dictadura, en 1983 la Coordinadora de Agrupaciones Poblacionales del MIR, busco alianzas estratégicas con la Metropolitana de Pobladores del PC y otras orgánicas, logrando una coordinación en los territorios. Fue así que el 22 de septiembre de 1983, se llevó a lugar una de las tomas más grandes en plena dictadura. Se avanzó en la unidad en la acción, organizando las jornadas de Protestas Nacional.

Se logró constituir el CUP y convocar a una de las más combativa jornadas de Protestas Popular. Desde los partidos políticos se profundizar las diferencias histórica de la izquierda reformista y el MIR.»



Hacia octubre de 1971 se organizó el Frente de Trabajadores Revolucionario (FTR) con un programa que contemplaba la expansión del Área de Propiedad Social (APS), la expropiación de las propiedades norteamericanas y las grandes empresas y monopolios, en control obrero de la producción en la mediana y pequeña industria, la materialización de la participación de los obreros en las empresas del Área Social y Mixta, la expropiación de todas las grandes empresas constructoras, el aumento de los salarios, la exigencia a la CUT para que impulsara la “democracia directa desde las bases” y la unidad con pobladores y campesinos.
Al año siguiente, el FTR levantó una plataforma sindical para las elecciones de la CUT, organizándose a nivel nacional. A partir de allí ganó la dirección de algunos sindicatos, además de la orientación de algunas huelgas y tomas de fábricas, especialmente en Santiago, Concepción, Lota – Coronel y Talcahuano: 

 

 “Por primera vez en la historia de la Central Única de Trabajadores, CUT, la presencia de posiciones revolucionarias adquiere niveles masivos y militantes de la izquierda revolucionaria, legitimados en la masa obrera, llegaron a su organismo máximo a plantear la discusión ideológica (…) Decenas de delegados del Frente de Trabajadores Revolucionario, FTR, representando a miles y miles de trabajadores en todo Chile participaron activamente en las discusiones y lograron hacer aprobar planteamientos básicos en las resoluciones finales (…) El FTR, corriente de opinión muy nueva en el contexto sindical, que agrupa sobre todo a jóvenes trabajadores revolucionarios, cobró legitimidad en el seno de la organización máxima sindical chilena, convirtiéndose en la alternativa frente al vacío de conducción que han creado en las masas los errores cometidos por la izquierda tradicional. 

 “Los resultados son objeto de arduas discusiones, incluso acusaciones de fraude, pero finalmente arrojan para el PC el 30 % de los votos, 26,4% para el PS, 5,2% para el Mapu. El PR obtiene 4,7% y el MIR 2,1%. La DC logra un 24,6%. Sufragan en la elección 560.000 trabajadores de un total de afiliados superior a 800.000, alto porcentaje de votantes si se considera que es la primera vez en que se realiza la elección directa”. 

Miguel Enríquez en relación a la baja votación alcanzada en las elecciones de la CUT señaló: “…lo que pasa es que somos una vanguardia ideológica, pero no somos una vanguardia política; entonces como partido, mejor hagamos un centro de estudio. “

 “Cuando se discutió la declaración de principios del FTR, el MIR sostuvo que el FTR era una corriente de opinión política. 

Esta caracterización implicaba fortalecerse ideológicamente el desarrollo y la actividad del FTR (…) El Frente Revolucionario sostuvo que el FTR tenía que ser un organismo vivo y actuante en el seno del movimiento obrero, abierto a todos los trabajadores que estén dispuestos a luchar por su programa, a emplear sus tácticas de lucha y que concuerden con su objetivo máximo, cual es, la toma del Poder por los Trabajadores.

 Así se acordó por los trabajadores, el MIR, tendencia mayoritaria en el seno del FTR y en la dirección del mismo, sacó documentos a nombre del FTR en que hace aparecer a este organismo sustentando los puntos de vista del MIR. (…) Se generaron críticas de aquellos sectores que se oponían a la construcción del partido de cuadros.

 

 “Con el propósito de revertir la conducción reformista en revolucionaria, vuelca al partido hacia las masas (lo que es correcto en términos generales), se generan los frentes intermedios (para alentar la alianza de los revolucionarios por la base y a la vez para potenciar la conducción hacia sectores más amplios de la clase obrera y el pueblo). Pero en este vuelco se abre al partido y sus militantes y sus dirigentes en mayor o menor medida pierden su clandestinidad. (…) 

Sus militantes, dirigentes y los sectores revolucionarios aliados pierden tempranamente la clandestinidad. Con esta táctica, el MIR no logró conducir ni tampoco ligarse a las masas, sino sólo a sus sectores más radicalizados, que a su vez se desligan del resto de las masas y muchos de ellos también pierden la clandestinidad: FTR, MCR, MPR, FER, etc.” Aguiló Hernán

Los frentes de masas asumen la conducción del poder popular, dando una conducción a la lucha por el abastecimiento en las poblaciones. La lucha reivindicativa del pueblo careció de la adecuada conducción política revolucionaria. 

El paro de los camioneros con financiamiento norteamericano, en octubre de 1972 logró su objetivo fascista de estrangular la economía, arrastrando al gobierno a una crisis instalando a los militares en los puestos claves del Ejecutivo. El Presidente Allende optó por institucional los canales de distribución de abastecimiento: las JAP fue la respuesta política administrada desde la cúpula del poder. El MIR proponía el control directo de la producción y abastecimiento, organizado desde los cordones industriales y los territorios. 

Las inquietudes y necesidades del pueblo, tuvieron una lectura reformista y conciliadora de parte del gobierno. La coyuntura política requería una organización popular que permitiera el control territorial. 

El MIR había logrado importantes avances en el poder popular autónomo, que no fue insuficiente para los desafíos de la lucha de clase de la época. 

 El gobierno, habiendo disuelto los comités de base, se había separado de los organismos que lo conectaban con las organizaciones del movimiento de masas (como sindicatos, centros de madres, juntas de vecinos, comités de pobladores, etc.) y que por tanto podían presionarlo directamente. También había logrado por esa vía, evitar la influencia de grupos de izquierda como el MIR – Frente Revolucionario, más tarde sólo FR, el PCR y el PC “Bandera Roja” (maoísta) que integraban dichos comités que habían sido abiertos. El MIR, que se vinculaba cada vez más a la UP, ganaba por medio de los frentes de masas un mecanismo de presión al gobierno dejando fuera al resto de la izquierda y, a la vez, posicionándose como alternativa única de izquierda revolucionaria. 

Después del asesinato de Edmundo Pérez Zújovic y la muerte de los dirigentes de la Vanguardia 

Organizada del Pueblo (VOP), los hermanos Rivera y Heriberto Salazar, el MIR, previo repudio tanto del asesinato como también a las exigencias de la DC contra la izquierda revolucionaria, impulsó una campaña para  “cerrar filas frente al ataque enemigo, seguir avanzando, apoyarse resueltamente en las masas y desde allí quebrarle la mano al freísmo. Lamentablemente (…) una de las fuerzas de la Unidad Popular (…) hoy se tienta a equivocar de enemigo, elude responder, o responde débilmente a las incursiones sediciosas del freísmo democratacristiano y trata de dividir a la izquierda, atacando torpe y artificialmente al MIR cuando más que nunca es necesaria la unidad de toda la izquierda y los trabajadores.

 El MIR lanzó una campaña unitaria contra la DC, principalmente, partido que definió como burgués; denunciando al mismo tiempo al PC como sectario por sus ataques contra el MIR. Estas tensiones con el PC fueron aumentando, bajo la forma de discusiones ideológicas y polémicas por medio de sus medios de propaganda, principalmente sus respectivos periódicos (El Rebelde y El Siglo). 

A partir de este momento, se irán definiendo cada vez más los análisis del MIR sobre la UP, distinguiendo al interior de ésta a un sector reformista (identificado, en general con el PC y el ala derecha del PS dirigida por Clodomiro Almeyda y Aniceto Rodríguez) y otro revolucionario (identificado con el ala izquierda del PS, orientada por Altamirano), que estaban empezando a enfrentarse en el seno de la UP, aunque aún incipientemente.

 El Cónclave UP realizado en la localidad de “El Arrayán” a fines de 1971, consiguió contener momentáneamente las diferencias, imponiéndose la política del PC de distanciarse del MIR. Sin embargo, cinco meses después, esta situación se haría evidente en el segundo Cónclave, realizado esta vez en “Lo Curro”, en mayo de 1972. 

La principal disputa política se da en relación a qué tan rápido y profundamente se llevaba adelante el programa de la UP. El MIR comenzó a impulsar tomas de fundos, terrenos y fábricas que no estaban contempladas en el programa del gobierno, sobrepasando, desde el movimiento de masas, el programa de la UP. Así el MIR, al tiempo que mantuvo las denuncias de las tentativas golpistas de Patria y Libertad y la Derecha, por un lado, y rechazaba la acción común con otros partidos de la izquierda extra UP, se mantuvo impulsando una campaña de unidad antifascista y antigolpista hacia los partidos de gobierno. 

“Denunciamos los planes golpistas del Partido Nacional y de Patria y Libertad (…) El MIR, como lo ha hecho con otros intentos golpistas pondrá todos sus recursos para informarse, movilizar a los trabajadores de la izquierda revolucionaria y combatir cualquiera aventura golpista contra las clases trabajadoras. El MIR una vez más levanta la bandera de la unidad de la izquierda frente al enemigo común pues esta unidad es factor decisivo para triunfar y aplastar intentos sediciosos de la reacción. El MIR llama a la izquierda en su conjunto y a las organizaciones trabajadoras a no olvidar la experiencia reciente del golpe fascista en Bolivia que nos enseña la necesidad de prepararse para combatir las reacciones en cualquier campo de lucha”.

Hubo críticas a su izquierda respecto a su posición ambigua, “centrista”, entre la UP y el resto de los grupos de izquierda (que eran muy pequeños también).

 El MIR – FR, que continuó intentando la unificación de la izquierda revolucionaria, se mantuvo con la política que había dado origen al MIR, logrando unificarse con la Tendencia Revolucionaria Octubre y otros grupos menores fundando el Partido Socialista Revolucionario en 1972. Esta agrupación dirigía sus críticas continuamente hacia el MIR, conciente de que era el partido más grande e influyente de la izquierda extra UP, como lo expresaba en duras críticas el compañero Humberto Valenzuela, quien militaba en el MIR – FR.

«“Frente a la UP y su gobierno, el MIR tiene una política bastante confusa. A ratos tiene posiciones críticas correctas y en otros, acepta incondicionalmente determinados planteos reformistas del gobierno y de la UP. Así por ejemplo, acepta sin ninguna posición crítica la política de las Tres Áreas, y al hacerlo está reconociendo y aceptando el derecho de propiedad privada de los medios de producción por parte del sector capitalista, tanto a través del Área llamado Mixta, que es la asociación de capitales privados con el Estado, como a través del Área Privada. De esta manera el MIR, y lo recalco, está aceptando el derecho capitalista sobre los Medios de Producción y con ello cae en el oportunismo, siguiendo las aguas del reformismo que dice combatir”» El MIR no sólo se enfrentaba al fascismo golpista, al reformismo de la izquierda tradicional y a los sectores de compañeros trotskistas que se resistían a la conducción revolucionaria del MIR, planteando sus críticas.
El primer año del gobierno de la UP, el MIR señalaba los errores que venía cometiendo la izquierda que integraba la coalición, para enfrentar la campaña de la Derecha contra el gobierno: 

“El triunfo electoral y el ascenso al gobierno de la Unidad Popular produjo en Chile un temporal equilibrio de fuerzas en la lucha de clases. (…) Mientras la burguesía se ha embarcado en una ofensiva sediciosa para recuperar la fracción de poder perdido, en sectores del gobierno y de la Unidad Popular han primado tendencias que con ceguera e infantilismo han escogido el camino de llevar a cabo reformas y medidas populares a través de canales burocráticos y administrativos, no comprendiendo que solo el apoyo en la movilización y participación activa de las masas es lo que permite ganar fuerzas en un movimiento revolucionario. (…) Su actitud defensiva más bien ha contribuido a crear el mito y la confusión de que las masas trabajadoras están hoy en el poder, cuando en realidad el poder sigue en manos de la burguesía”.
El MIR planteó su principal crítica al cumplirse el  primer año del gobierno de la Unidad Popular: 

 “Al proceder de forma legalista y burocrática, al no apoyarse en la movilización y participación de las masas trabajadoras, estos sectores de la izquierda han llevado a la Unidad Popular a estancarse en la legalidad utilizada por la burguesía para defender sus intereses. No solo se ha limitado y desvirtuado grandemente con ello el programa de la Unidad Popular, sino además se han hecho muchas claudicaciones y concesiones frente a las presiones e  imposiciones de la burguesía. (…) No obstante el empantanamiento del programa de reformas de la Unidad Popular, en este año de gobierno se han llevado a cabo muchas medidas que favorecen a las masas trabajadoras, más que cualquier administración anterior. (…) Pero estas buenas medidas no se han traducido en un gran fortalecimiento del gobierno. Al desmovilizar a las masas, al no incorporarlas como motor del proceso de reformas el gobierno y la izquierda tradicional no han ganado la fuerza de masas que le debieran entregar las medidas económicas y sociales positivas”.
En relación con el estado de las masas, el MIR señalaba: 

“Mas aún, el primer año de gobierno nos muestra que los sectores más dinámicos de obreros, campesinos, pobladores y estudiantes han sobrepasado la política defensiva que han intentado imponer los sectores legalistas y burocráticos de la Unidad Popular. (…) se observa que a través de las industrias, de los campos y de las poblaciones de Chile se extiende como mancha que cubre vastos sectores de masas, la decisión de los trabajadores por movilizarse directamente para conquistar más industrias, más fundos, más viviendas, más educación para el pueblo. (…) Los trabajadores han sobrepasado el camino de las reformas legalistas y comienzan a usar sus propias formas de lucha. (…) Lo que define un proceso revolucionario y lo hace irreversible, es la movilización e incorporación activa de las masas trabajadoras en la lucha por destruir el aparato estatal de la burguesía y conquistar el poder. En este año de gobierno, la Unidad Popular ha fallado, precisamente, en no movilizar a las masas y en golpear el aparato del Estado y sus instituciones. Una falla que puede ser fatal, pues la dinámica de la lucha de clases hace que el proceso político chileno tenga sólo dos salidas: fascismo o socialismo. El Movimiento de Izquierda Revolucionario ha buscado la unidad de todo el pueblo y la izquierda para luchar por la conquista del poder e instaurar un gobierno revolucionario de obreros y campesinos”.



Esto significó un debate directo contra el PC cuyo balance, que había logrado imponer en el Conclave de “El Arrayán”,             «” había sido que la UP se estaba debilitando por la pérdida de su influencia en las capas medias debido a sus relaciones con grupos ultraizquierdistas como el MIR, que propiciaban el enfrentamiento y la violencia. “»>

Junto con la propuesta de desligarse del MIR, el PC impulsó la de buscar un acuerdo con el PDC, iniciativa acorde a su política de lograr un acuerdo con los sectores “progresistas” de la burguesía nacional y llevar adelante la revolución democrática previa a la revolución socialista.

El año de la urgente y necesario proceso de rearticulación del MIR, se hace un deber revolucionario asumir el compromiso colectivo e individual del mirismo, con toda la fuerza de la historia.

La toma de la          Casa  Central de la UC al trasluz de la historia del movimiento estudiantil

COAPO

La lucha del movimiento estudiantil en Chile, abarcó diversos periodos de movilizaciones y toma de conciencia en el pueblo.

 En estos días asistimos a la toma de la casa central de la PUC por parte del amplio movimiento feminista, con gran cobertura en los medios de prensa, haciendo una comparación con la histórica toma del 11 de agosto de 1967.

  El principal medio escrito chileno, en Santiago, de tendencia conservadora  “El Mercurio”, hizo una fuerte crítica al movimiento de esos años, exigiendo que los estudiantes devolvieran la Casa Central a sus legítimas autoridades.



 Con un sólido argumento, el periódico afirmaba que la toma era promovida hábilmente por el Partido Comunista: “maniobra del marxismo en torno a la democracia”.

Desde el primer día de la toma de la PUC, el gobierno presionó al Cardenal exigiendo el término de la ocupación. En una entrevista Monseñor explicó:

“El Presidente me urgió tomar medidas y me manifestó que si el lunes 21 no estaba solucionado, el Gobierno tomaría la Universidad…, la Central Única de Trabajadores CUT, había anunciado acciones de solidaridad con los alumnos y lo que se temía era que la izquierda marxista avivara la situación hasta provocar una revolución contra el Gobierno”. 

El Presidente Frei temía una escalada de movilizaciones en otras universidades del Estado, el gobierno trataba de neutralizar al movimiento estudiantil universitario, que desde la UTE lideraba una reforma universitaria. 

Algunos hitos que fueron marcando la historia de la lucha universitaria, se remonta al 14 de abril de 1961 cuando se designa en primer lugar de la terna, a Miguel Fortt como nuevo director de la Escuela de Minas de Copiapo, perteneciente a la UTE.

Es así que los estudiantes responden con un paro de 48 horas, el 17 de abril de 1961. Rechazando el nombramiento de un representante de la oligarquía empresarial.

Los estudiantes de la UTE inician del 25 de mayo al 1° de junio, un movimiento por la reforma universitaria.

Creándose una Comisión bipartidista y paritaria, compuesta por profesores y estudiantes.

En ese periodo se fueron desarrollando diferentes iniciativas, asambleas, seminarios y movilizaciones. Con el objetivo de impulsar una Ley orgánica de la UTE.

En los meses de junio a noviembre de 1965, se comenzó a debatir en el Consejo Universitario los primeros artículos de la Ley orgánica de la UTE. Para el gobierno significó un claro proceso de reforma universitaria, que desde el Ministerio de Educación no se estaba de acuerdo. 

Fue así, que en 1966 los estudiantes responden con la iniciativa, Movimiento Universidad para Todos. El 7 de junio la FEUT convoca a un paro nacional de protesta, exigiendo un ante proyecto de Ley orgánica.

Las movilizaciones y paros fueron adquiriendo una masiva respuesta, entre los profesores y estudiantes.

Fue en ese año que se realizó el séptimo  Congreso Nacional de la FEUT.

En mayo de 1967 la FEUT lanzó un exitoso paro en protesta, a favor de la reforma universitaria.

A partir del 28 de julio la FEUT se comienza a movilizar, para modificar el sistema de elecciones del rector, por un claustro pleno.

En agosto de 1967 el Consejo Universitario aprueba la iniciativa de la FEUT. 

El gobierno por intermedio del ministro de Educación, Juan Gómez Millas vetó lo resuelto por el Consejo Universitario.

El 14 de septiembre la FEUT se toma la casa central de la UTE, en protesta por la designación de la terna de un nuevo rector. Exigiendo la participación de estudiantes y profesores.

Fue el 27 de octubre de 1967, que se constituye la primera comisión de reforma con la participación de estudiantes, la FEUT pone fin a la toma de la casa central de la UTE.

Fue el 13 de agosto de 1968, que es elegido Enrique Kirberg rector de la UTE, en un claustro pleno de profesores y estudiantes.

La toma de la casa central de la PUC en agosto de 1967, duro 11 días y género un cambio en la correlación de fuerzas al interior de los partidos políticos chilenos. Los dirigentes terminaron trazando con las autoridades de la iglesia católica, al igual que hoy acaparó las portadas de la prensa escrita. 

 Los estudiantes más “radicales” demócratascristianos, se separan y forman el “Movimiento 11 de Agosto”. Su propuesta fue: una universidad al servicio del pueblo.


Esta división es el antecedente de la ruptura que tuvo a fines de los 60s, el Partido Demócrata Cristiano, donde nació el nuevo Movimiento de Alianza Popular Unitaria MAPU.

Entre sus fundadores estaba el sociólogo,  Manuel Antonio Garretón, presidente de la FEUC en 1973,  junto a Carlos Montes Cisternas, Jacques Chonchol, Rafael Agustín Gumucio, José Miguel Insulza, Tomás Moulian, Rodrigo Ambrosio, Enrique Correa Ríos, Jaime Estévez entre otros. Algunos de estos personajes serían partes de la denominada política de los acuerdos de la Concertación.

 

 Dentro del contexto histórico de la toma de la PUC de 1967, significaría la gestación del movimiento gremialista impulsado por el ideólogo de la dictadura militar y de la ilegítima Constitución Política vigente en Chile. Las división de los precursores de la reforma ayudó a que los estudiantes que se opusieron a ella, formaran el movimiento Gremialista, liderado por Jaime Guzmán Errázuriz. Sus fundamentos eran la despolitización de la universidad y la autonomía del movimiento estudiantil.





Guzmán Errázuriz fue un opositor tenaz a la toma de la universidad planteada por la FEUC en 1967, y a su presidente Miguel Ángel Solar, con quien mantuvo una estrecha amistad y que se manifestó días posteriores al golpe militar.

 Los gremialistas ganaron la FEUC en noviembre de 1968, con Ernesto Illanes como presidente, economista, profesor investigador en el Instituto de Economía de la UC,  fundador y Rector de la Universidad de Puerto Varas (2001-2004).

El Movimiento Gremialista siguió al frente de la FEUC hasta el fin de la rectoría de Fernando Castillo Velasco en 1973. 

Durante el gobierno de Salvador Allende, desde la PUC el fascismo logró fortalecerse y promover el derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular.

Hoy en está emblemática ocupación de la casa central de la PUC  por el movimiento feminista, se instala la idea que está ocupación estaría generando un nuevo movimiento estudiantil de reformas en la sociedad chilena.

La Toma de la PUC en agosto de 1967, fue un símbolo para todos aquellos que impulsaban las reformas en el país y una acción que plasmaba anhelos y valores de toda una generación estudiantil.  Hasta allí llegaron a entregar su apoyo y solidaridad, los estudiantes de todas las otras universidades, los secundarios, los trabajadores, pobladores, artistas, profesionales, académicos, la Central Única de Trabajadores. 

Hoy podemos afirmar que estamos frente a nuevos cambios, que podrían marcar el quehacer político del país. Ningún revolucionario podría estar en contra de las demandas del movimiento feminista. 

 

  

El grupo de estudiantes, denominado “Movimiento Autónomo Feminista Interseccional”, busca orientar a la UC por el camino de la educación no sexista y el fin de los abusos y acosos sexuales. 

  A esto se suma la exigencia de un cambio de la objeción de conciencia invocada por el Hospital Clínico UC Christus frente a la ley de despenalización del aborto en tres causales. 

La respuesta de la derecha no se hace esperar ante esta toma de la casa central del símbolo de la élite de la educación universitaria. 


La estrategia del MIR ante las elecciones de 1970

COAPO

Hoy que el proceso de rearticulación del MIR está en marcha, pareciera inquietar a ciertos sectores políticos, que se sienten cómodo dentro de está institucionalidad. Nos encontramos frente a las mismas prácticas del pasado, ataques personales y prácticas destructivas dentro de las propias filas de quienes se autoproclaman de izquierda, lanzando discursos revolucionarios. 

El MIR a sabido históricamente enfrentar políticamente estos ataques, que buscan frenar el avance de los sectores más conscientes del pueblo.

En 1969 el MIR se posiciona políticamente como un partido fuertemente cohesionado, con una disciplina militante y compromiso revolucionario. Resultado del proceso interno de reorganización, que significó la expulsión de aquellos sectores no comprometidos con las tareas militares y de masa del partido. 


  “Sostenemos que las elecciones no son un camino para la conquista del poder. 

Desconfiamos que por esta vía vayan a ser gobierno los obreros y campesinos, y se comience la construcción del socialismo. Estamos ciertos de que si ese difícil triunfo electoral popular se alcanza, las clases dominantes no vacilarán en dar un golpe militar. (…) Por todo ello, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria no desarrollará ninguna actividad electoral (…) Nuestra tarea fundamental, entonces, será ayudar a empujar el auge que la lucha social evidencia desde hace mas de dos años; evitaremos en la medida de nuestras fuerzas que el proceso electoral frene estos fenómenos y prepararemos desde ya los modelos políticos, orgánicos y militares que ayudarán a mostrar el camino frente al desenlace de septiembre, cualquiera que sea. La acción revolucionaria armada y la movilización combativa de masas será nuestra tarea” Miguel Enríquez. 

El abstencionismo obedeció a la respuesta política, ante las falsas ilusiones de la institucionalidas burguesa. El MIR plantea su estrategia política, ante un escenario que no era favorable para los cambios revolucionarios, instalado la lucha ideológica dentro de la izquierda tradicional.

“Los que allí están buscan la conquista del poder por la vía electoral. Creemos que ese es un camino equivocado, por lo menos no es el nuestro. Pero el hecho de diferir en el método no los convierte en nuestros enemigos. Sólo hace evidente que marchamos por caminos distintos.

 En la Unidad Popular vemos distintos sectores. Por un lado está la gran mayoría de los obreros campesinos pobladores y empleados que buscan por este camino el socialismo, y por el otro, los cuadros y militantes de la izquierda tradicional que aún creen que conquistarán un gobierno de obreros y campesinos por esa vía. Creemos que están equivocados, diferimos de los métodos que utilizan y estamos seguros que pronto recapacitarán de su error”. 

El MIR  dejan en claro la diferencia entre quienes lo conforman, realizando una primera caracterización de la UP: 

“En la Unidad Popular también se encuentran sectores reformistas de izquierda. De ellos nos separan mayores diferencias que van desde aspectos programáticos, como el carácter de la revolución hasta cuestiones de orden táctico y estratégico. Ellos van por camino distinto al nuestro y nunca han visto con simpatía nuestro desarrollo. Pero por encima de todo, nada los convierte en nuestros enemigos. (…) 

Por último, en la Unidad Popular existen fuerzas con las que difícilmente podemos coincidir: los radicales. No creemos en alianzas con ellos, no podemos olvidar su pasado político, ni que muchos de sus miembros son representantes de sectores sociales altos. (…) Estos sectores, más otras fuerzas de dudosa calidad política, han sido los que en la Unidad Popular han moderado aspectos del programa y que hoy frenan el desarrollo de una campaña combativa con llamados a la legalidad y la no violencia”.
El MIR planteó una crítica del programa de la UP, planteando que si bien es de izquierda en sus definiciones fundamentales, tiene imprecisiones y ambigüedades. Sostuvo que la UP: 

 “llama a la formación de un Estado Popular y Democrático y no a un gobierno revolucionario de obreros y campesinos. Asegura la existencia de sectores de industria privada durante el futuro gobierno popular sin definir su magnitud y peso económico y se cuenta como fuerzas aliadas a empresarios medianos, sector social que no se entra a definir. No se precisan los mecanismos de movilización, acceso y defensa del poder por las masas, sino en términos puramente formales y generales. Estas y otras limitaciones no alcanzan, en todo caso, a invalidar la tendencia esencialmente reformista de izquierda del programa”.

El MIR fue crítico al proceso electoral de 1970, así mismo leal al Presidente Allende desde el primer día de su mandato. 

  “El triunfo electoral de Allende, la brusca apertura de las libertades democráticas y la extensión de las movilizaciones populares que éste significó, encuentran al MIR entonces, relativamente implantado en el movimiento de masas aunque todavía inclinado fundamentalmente a los métodos conspirativos de lucha y aún inexperto en las formas de lucha politica y de masas que exigía la nueva situación. Una vez más es Miguel quien mejor comprende en el MIR, en septiembre de 1970, la nueva orientación de las tareas del Partido a raíz del ascenso de Allende al gobierno y, un año más tarde, el retraso del MIR en la lucha por disputar al reformismo y al centrismo chilenos la conducción de la clase obrera y el pueblo. El Partido se adapta velozmente al nuevo período de la lucha de clases nacional, un período de carácter pre – revolucionario, y acelera y profundiza su preparación militar para enfrentar, a la cabeza de las masas, la inevitable arremetida contrarrevolucionaria de la burguesía.  “la mayoría electoral de la UP significa un inmenso avance en la conciencia política de los trabajadores, que con certeza favorecerá el desarrollo de un camino revolucionario en Chile. 

(…) Que la UP asuma el gobierno no significa que inmediatamente se produzca la conquista del poder por los trabajadores o el socialismo en Chile. (…) se lucha para que la izquierda sea gobierno, o sea, que los cargos públicos de Presidente, Ministros, etc., sean ocupados por la izquierda, pero hasta aquí, desde el aparato represor del Estado capitalista hasta la explotación y miseria en los campos y ciudades de Chile permanecen intactos. La meta es la conquista del poder por los trabajadores, ya que sólo existe cuando las empresas extranjeras y los bancos son de todo el pueblo en los hechos, cuando las fabricas, las minas y los fundos son en realidad de los obreros y los campesinos”.
El MIR propuso apoyar las medidas del programa de la UP, porque golpeaba núcleos vitales del sistema capitalista. Por tanto, se impulsó la realización de este programa y buscando su radicalización en las masas, colocándose como tarea urgente la defensa del triunfo electoral, todo esto planteando la exigencia de que no existiera alianza con la Democracia Cristiana en el Congreso ni conciliación alguna sobre su programa.

  « “En primer lugar buscamos crear un “frente” de las distintas fuerzas de la izquierda, definido por el objetivo de defender un eventual triunfo de Allende de un golpe militar reaccionario. Para ello, en primer lugar estrechamos nuestras relaciones, buscando emprender tareas conjuntas, con las organizaciones conocidas como “izquierda revolucionaria” (…) En segundo lugar, estrechamos relaciones con lo que llamamos “sectores revolucionarios”, refiriéndonos a grupos “fraccionales o tendenciales” que existen dentro de la izquierda tradicional. En tercer lugar, se abrió la relación con altos personeros de la Unidad Popular (…), con los que se llegó a algunos acuerdos (…). En cuarto lugar, se buscó estrechar la relación con el PS, especialmente con el sector de Izquierda. No hubo relación con el Partido Comunista, si con el MAPU a nivel de Dirección Nacional”.»
Una vez ratificada la victoria de Allende en el Parlamento, previa firma de un documento de garantías constitucionales con la DC.

El MIR definió su postura respecto de la UP, ya como gobierno: 

“nuestras posibilidades de apoyo u oposición a lo que la UP realice, no significarán desviaciones oportunistas nuestras, en la medida que tenemos claros nuestros objetivos y nuestro camino. Por incorporarnos al proceso que la UP conduce, corremos el riesgo de sepultar en el desprestigio el camino del socialismo en Chile y en America Latina, si sus vacilaciones priman sobre sus avances y el proceso se frena. No obstante, una oposición “purista” y ciega puede aislarnos de un proceso que, pasando por un enfrentamiento de clases históricamente significativo, pueda ser el inicio del camino al socialismo. En lo inmediato, empujaremos desde aquellos aspectos que coincidan con nuestra política”.
Esta postura guió sus acciones y relaciones iniciales con el gobierno de la UP, caracterizándolo de no ser un gobierno burgués. Por lo tanto, no primaría el enfrentamiento directo sino más bien la crítica y la exigencia política por izquierda.

El período de reorganización del MIR

COAPO

El MIR en plena represión del gobierno de Eduardo Frei, enfrenta un proceso interno de reorganización del partido.

MIR

  “Hoy día y especialmente mañana, para una organización que pasa a la acción o que está en guerra, un cierto número de cosas deben ser modificadas. Si los objetivos son los mismos las prioridades y los métodos son diferentes. El volumen relativo de las “tareas especiales” deben aumentar enormemente. Las “tareas especiales” deben dejar de ser privativas para un sector de la organización para transformarse en el problema de la mayor parte del Movimiento. 

Las cuestiones políticas estarán estrictamente ligadas a las tareas especiales. Los cuadros “especiales” deberán ser políticos y los cuadros políticos pasaran frecuentemente por lo “especial”. De la integración de lo político y de lo militar se hará una realidad. 

No habrá más espacio para tendencias demasiado divergentes. La organización deberá adquirir una relativa homogeneidad política: solo los matices y los desacuerdos menores podrán subsistir. Luego de la discusión la minoría deberá someterse a la mayoría y la disciplina deberá ser reforzada. Sin violar en lo esencial los principios de la democracia interna y del centralismo, se pedirá a la militancia acordar una mayor delegación de poderes en las estructuras medias y superiores. Estas deberán adquirir una mayor autonomía. 

Los militantes deberán aceptar las reglas de una rigurosa clandestinidad. El tipo de militante que ingresará al MIR debe ser diferente que antes. Los aficionados deberán abandonar a la organización. No será suficiente respetar pasivamente los horarios de las reuniones. No se ingresará y se hará abandono del partido de cualquier forma. La entrega de si mismo deberá ser total. La organización decidirá si un militante debe o no trabajar, o estudiar, o donde habitar, etc. 

Es la única manera de constituir una organización sólida, disciplinada, eficaz, capaz de discutir menos y operar en plena clandestinidad. Es esta la organización la que realizará acciones o iniciará la guerra de clases en Chile.”

<Miguel Enríquez>

Grupos Político Militares, se transforma en el sistema circulatorio interno del MIR.

La estrategia política para la conquista del poder y el programa de la revolución proletaria, careció de la una mayor definición en el quehacer. 

Fue un salto cualitativo para la época que repercutirá en el seno de las masas. Donde la influencia del reformismo y el centrismo en la clase obrera, había ocultado y deformado la teoría revolucionaria marxista-leninista.

Es así, que el aporte de la nueva organización fue que se constituía como el núcleo revolucionario, a partir del cual se podría desarrollar el partido revolucionario del proletario chilenos.

  

 

« El apego al “electoralismo” por parte de la izquierda tradicional, en cierta medida 

limitó las posibilidades de que ésta se convirtiera en la auténtica portadora de la voluntad y aspiraciones del pueblo, ya que en un escenario económico marcado por el agotamiento del ciclo de acumulación capitalista, con grandes masas pertenecientes a los sectores populares y medios que comenzaron a vivir un constante y sostenido empobrecimiento, aumentó el descontento social y provocó un auge en las movilizaciones de masas, dando origen a movimientos de protesta, huelgas, ocupaciones de terrenos y otras expresiones de agitación popular que la izquierda tradicional no fue capaz de encauzar en su totalidad a través de la lucha electoral.»

Andrés Pascal

 

 

« En este contexto nació el MIR, como una alternativa más radical a la propuesta de esta izquierda tradicional. 

 El MIR vino a colmar un vacío político (…) y la aparición de esta “nueva izquierda” fue una necesidad que las condiciones objetivas imponían debido a la intensificación de la lucha de clases que se agudizó desde mediados de los cincuenta sumado a la incapacidad de la izquierda tradicional para adecuarse a este nuevo escenario.»



Hoy la izquierda revolucionaria no ha logrado rearticularse, carece de un proyecto político coherente independiente del factor electoral.  

Para ciertos sectores políticos en este Chile actual, que pretender relativizar la importancia y vigencia del MIR.  Se hace pertinente dar una mirada a la historia de la naciente organización revolucionaria en los 60; su aporte fue el hecho histórico de concebir en esos años la voluntad política, de transformarse en el núcleo revolucionario a partir del cual era posible desarrollar el partido revolucionario del proletario chilenos.

El MIR dejaba en evidencia más de 50 años de la lucha legal e institucional de la clase obrera y el pueblo chileno, subordinados a la política internacional de la ex URSS. Desnudando  ese caudillismo de esa izquierda tradicional, que no aspiraba a profundizar las condiciones objetivas para la toma del poder.

«”  El MIR irrumpe en la Historia de Chile dispuesto a superar los límites de la acción política “clásica” de la izquierda tradicional, que desde la década de los treinta se integró al sistema político nacional participando de los Frentes Populares. Esta adhesión a la institucionalidad es posible entenderla como parte de la historia política chilena, que se ha caracterizado más por su continuidad que por sus rupturas. De esta forma los partidos de izquierda se integraron al sistema político respetando “las reglas del juego” y desde allí se dispusieron a realizar las reformas necesarias para llevar a cabo sus programas “revolucionarios”. Esta acción se va a constituir en una tradición con muchoarraigo no sólo en los partidos políticos, sino también en el movimiento obrero y en gran parte de los sectores populares. »

En ese periodo el MIR desarrolla un trabajo político de masa en sectores estudiantiles, en los espacios populares, y las organizaciones obreras. Enfrentando al sectarismo u dogmatismo de los partidos tradicionales de la izquierda. 

En los primeros años el centrismo al interior del MIR planteó los primeros desafíos de la reorganización del movimiento y su militancia revolucionaria.

La práctica en el quehacer revolucionario es contraria a la política “de escritorio”, que sólo generaba discusiones estériles ajenas con las tareas concretas del MIR.

En 1967 daba un salto cuantitativo y cualitativo de crecimiento en el seno del pueblo, abriéndose nuevos frentes de trabajo político. 

Así, la formación de cuadros y militantes era el resultado de la Unión, de la teoría y la práctica revolucionaria. Asumiendo la Secretaría General del MIR, Miguel Enríquez.

  Miguel Enríquez afirmaba en el año ’68 que el militante revolucionario debía ser un cuadro político y militar a la vez, en tanto las acciones militares respondían a una postura política del Partido frente al sistema imperante. También debía estar estrechamente vinculado a las masas y realizar un trabajo ideológico en los sectores sociales donde se desenvolviese. Así, en su conjunto, tales características conformaban un militante integral con capacidad de llevar a cabo cualquier tarea que el tiempo histórico demandare. Por otra parte, el militante mirista debía actuar en absoluta clandestinidad y con la máxima disciplina y entrega de sí mismo hacia la organización, pues de ello dependía el óptimo funcionamiento del MIR. Al respecto, el MIR planteaba que “el militante del Partido Revolucionario del Proletariado es un proletario de vanguardia, esto es, debe ser capaz de cumplir, a escala, todas las tareas del Partido Revolucionario, debe reunir el dominio de la teoría con la práctica, la actividad intelectual con la actividad práctica revolucionaria, y la lucha cotidiana por la transformación de la sociedad de clases por la gestación y prefiguración de un nuevo tipo de hombre, con la formación del revolucionario concreto integral y combatiente, eslabón en el camino hacia el hombre total del socialismo. “
 

 

El día que el pueblo perdió el miedo 1® Protesta Nacional

 COAPO

 En memoria de la militante del MIR, Blanca Rengifo. “La organización del pueblo armado, es el trabajo consciente de la (R) con todas las formas de lucha “

 

Blanca Rengifo
«”Un once de mayo, se apagó la vida de Blanca Rengifo Pérez, religiosa, abogada defensora de los derechos humanos, fundadora de CODEPU, y militante activa de la Resistencia antidictatorial y del MIR. Fue pobladora de El Montijo donde compartió estrecheces, penas y alegrías con los pobres. Fue la samaritana que recogía cadáveres lanzados al rio Mapocho tras el golpe de Estado. Luego “Magdalena” la que efectuaba riesgosas acciones de propaganda armada contra la dictadura, y después el compañero “Daniel” integrante de un clandestino comité central. Fue la articuladora en 1980 del surgimiento de una singular organización de defensa de los derechos humanos, el CODEPU, donde junto con auxiliar a presos políticos, se coordinaban organizaciones populares y tejía la unidad del pueblo para luchar contra la tiranía. La resistencia es Dios, se le escuchó decir en más de una oportunidad.”» 


Chile mayo de 1983 el año que el pueblo comenzaba a superar el miedo, desde las poblaciones se organizaba la resistencia y la justa rebeldía se transformó en movilizaciones. 

 El llamado de la entonces Confederación de Trabajadores del Cobre que agrupaba a los Sindicatos de CODELCO dio inicio a las grandes protestas contra la dictadura de Pinochet ese 11 de mayo de 1983. Los mismos sectores de trabajadores del cobre, que en 1973 se movilizarán para llamar a destituir al Presidente Salvador Allende. La convocatoria de la primera Protesta Nacional fue a impulsada desde las organizaciones sindicales, de las orgánicas de partidos políticos en la clandestinidad, desde la articulación en los sectores populares. Un rol fundamental desempeñaron la vicaría Episcopal de la zona centro, sur y oeste, el CODEPU y las organizaciones de DDHH.

El miedo, que había resultado un aliado inquebrantable durante los primeros diez años de la dictadura militar, parecía haber desaparecido. Los grupos que habían sido marginados de la política por el régimen, por vez primera iban a alzar la voz y a exigir cambios en un modelo político, económico y social que primaba el crecimiento económico del capital financiero sobre cualquier otra cuestión.

La máxima expresión de estas acciones se verá concretada en las Protestas de los sectores populares.

  La primera Protestas Nacional fue consecuencia directa de una serie de factores, sin los cuales, difícilmente hubiese sido posible articular un movimiento masivo en contra de la dictadura. El trabajo político clandestino de la resistencia, lograba organizar desde los territorios a los pobladores, a los trabajadores y estudiantes. 


La Vicaría de la Solidaridad (que sustituye al Comité Pro Paz 1976) la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC) creada en 1975.) y la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU), constituido en 1980. Fueron los espacios naturales de articulación de los partidos políticos y las organizaciones sociales.

 A partir de 1978 otros movimientos, ya no dedicados exclusivamente a la labor asistencial a los represaliados, irán aflorando con una vitalidad importante por todo el territorio chileno

Estos primeros movimientos elementales desarticulados de los partidos, empezarán a pronunciar un discurso opositor que, aunque todavía muy débil, apuntará a lo que iban a ser las demandas del “tiempo de protesta.” 

La oposición sindical por su parte, había ido recomponiéndose a medida que fueron deteriorándose las relaciones entre sindicalistas y gobierno debido a la política laboral impuesta por el Estado.

  Desde 1976 se comienzan a organizar las primeras expresiones de descontento sindical respecto a esta política mediante acciones aisladas como cartas públicas de protesta, los primeros movimientos de huelga, asambleas reivindicativas, y la formación de referentes sindicales, claramente discrepantes de la política oficial, como el llamado Grupo de los Diez.

 La insatisfacción de gran parte de los sindicalistas llegó a su máxima expresión con el Plan Laboral de José Piñera, que a partir de 1979, extendió el modelo económico neoliberal desde la esfera económica hasta el ámbito sindical. 

  

 

Desde entonces, distintas reuniones entre grupos sindicales se fueron fraguando. 

La política económica y laboral del gobierno había conseguido que, incluso convencidos anticomunistas que llegaron a apoyar el golpe de septiembre de 1973 y sindicalistas vinculados a la Democracia Cristiana, acabasen pasando a la oposición.
En definitiva, para 1983 ya se podía reconocer una fuerza importante de los movimientos sociales y un resurgir en los partidos, además de percibirse un descontento general entre los sindicalistas. Aún así, era necesario atraer a más opositores, hacía falta encender la mecha que hiciese estallar la situación y convirtiese el descontento creciente hacía la dictadura en acciones subversivas. Esta mecha prendió con la Crisis de la crisis económica.
 

  La primera de las protestas se debió a la llamada realizada por la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC).

Este sindicato, representante de los trabajadores del sector que simbolizaba la riqueza del país, estaba dirigido por Rodolfo Seguel, un joven dirigente de la ciudad de Rancagua. 

Seguel era un evangélico sin militancia política y formaba parte de una nueva generación de sindicalistas chilenos, dinámicos, carentes de formación política.

…elegido presidente de los trabajadores del cobre en marzo de 1983, momento en el que empezará a militar en el Partido Demócrata Cristiano (PDC).

Ante la situación que atraviesa el país, el dirigente sindical propondrá convocar un paro general que no acabará siendo aprobado debido a diferencias políticas internas. 

Algunas zonas de la CTC no apoyaban el paro, entre ellas la importante región de Chuquicamata, además de que otros sindicatos como la Unión Democrática de Trabajadores (UDT), la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), la Confederación de Empleados Particulares de Chile (CEPCH) y el Frente Unitario de Trabajadores (FUT) tampoco quisieron seguir el experimento propuesto por Seguro.
Las circunstancias externas tampoco aconsejaban la acción debido a las debilidades propias del sindicalismo, además del cerco represivo que rodeaba al sector mineral, y a que el paro podía conllevar acciones represivas legales. Finalmente Seguel se verá obligado a conformarse con sustituir el paro por una llamada a expresar descontento contra el régimen.
El llamado a la protesta convocada para el 11 de mayo declaraba ir más allá de la petición de leves reformas y afirmaba: Nuestro problema no es una ley más o una ley menos, o de una modificación u otra de la existente, sino que es mucho más profundo y medular. Se trata de un sistema completo económico, social y cultural y político que nos tiene envueltos y comprimidos, que se contradice con nuestra idiosincrasia de chilenos y de trabajadores, que nos ha tratado de asfixiar con armas como el terror y la represión para cada vez envolvernos más; porque nos fue impuesto a la fuerza y con engaño.
La  Coordinadora Nacional Sindical, donde convergen dirigentes del PDC, PCCH y PS (sus diferentes corrientes internas) Logra imponer un instructivo de  no confrontación directa a la dictadura. 

Desde CODEPU se pone en marcha la formación de equipos jurídicos y de salud. Así mismo se coordina una red de Agitación y Propaganda. 

 La convocatoria del sindicato de los trabajadores del cobre obtuvo un éxito rotundo, y sorprendió tanto al gobierno como a los propios organizadores, dada la magnitud que llegaron a tomar los hechos. No así a los sectores populares, que venía organizando la resistencia desde 1980 en las poblaciones.

 En la jornada se emplearon todas las formas de lucha propuestas en el llamado, y así, numerosas familias no mandaron a sus hijos a la escuela, se circuló lentamente en las carreteras de Santiago, disminuyeron las compras en los establecimientos y se produjeron enfrentamientos en las universidades.

 A las ocho de la tarde, el ruido ensordecedor de las cacerolas golpeadas por miles de gente escondidos detrás de las ventanas…en las sombras de la noche emergen miles de pobladores levantando barricadas y desafiando al  dictador.
El gobierno había confiado en que la protesta fracasaría, y a través de la prensa, restó importancia al acontecimiento,  desplegado un fuerte operativo represivo, especialmente importante en las zonas mineras del cobre y en la capital.
 Pese al despliegue represivo, el éxito de la 1° Primera Protesta no pudo ser detenido y Chile despertaba al día siguiente consciente de que algo había cambiado, se había puesto fin a un silencio que duraba ya diez años.

 El pueblo de Chile estaba sufriendo una crisis de la cual no se vislumbraba salida alguna y entendía que esta era fruto de una política desacertada de una dictadura sangrienta, que violenta la dignidad humana.



 Si bien es cierto, que la protesta fue efectuada por la élite sindical y, pese a que a la protesta hubiesen respondido algunas masas desorganizadas, estas fueron articuladas por medio de minorías que actuaron como vanguardia, con lo que no eran las masas las que espontáneamente escribían la historia, fue el pueblo organizado desde Los territorios populares, fue la resistencia armada y las organizaciones de defensa y promoción de los DDHH.


 Se había instalado un instrumento eficaz para acabar con el régimen, con lo que, tras el éxito del 11 de mayo, llegaba el momento de convocar una segunda protesta, para el 14 de junio. Esta vez, la misma se desarrollaría con la participación de más sectores gremiales sindicales y políticos, siendo la respuesta mucho más masiva.
Se inauguraba el “tiempo de protesta” y con él, llegaba el intento más serio para acabar con el régimen desde la ruptura. El empuje de esta primera acción y sus repeticiones en las siguientes jornadas de Protesta Nacional, sirvió para resucitar a los partidos políticos tradicionales y fortalecer los sindicatos.

En el mismo mes de mayo se creó el Comando Nacional de Trabajador que fue un organismo de coordinación sindical que agrupó en su seno a la Confederación de Trabajadores del Cobre, la Confederación Nacional Sindical, a Confederación de Empleados Particulares de Chile, la Unión Democrática de 

Trabajadores y el Frente Unitario de Trabajadores.

Los partidos tradicionales resucitaron de su letargo y al abrigo de estas protestas fueron organizándose. La Creación de la Alianza Democrática en agosto de 1983 (compuesta por fuerzas que iban desde la derecha democrática hasta los socialistas renovados), que se convierte en la primera plataforma que denuncia al régimen públicamente, y en septiembre del Movimiento Democrático Popular (socialistas tradicionales, comunistas y miristas), atestiguan esa resurrección. 

En síntesis, la primera Protesta Nacional hizo historia acabando con la omnipotencia de una dictadura que parecía invencible. El triunfo de la convocatoria demostró que sí se podía erosionar al régimen mediante las protestas, que era posible derrocar al dictador.