El día que el pueblo perdió el miedo 1® Protesta Nacional

 COAPO

 En memoria de la militante del MIR, Blanca Rengifo. “La organización del pueblo armado, es el trabajo consciente de la (R) con todas las formas de lucha “

 

Blanca Rengifo
«”Un once de mayo, se apagó la vida de Blanca Rengifo Pérez, religiosa, abogada defensora de los derechos humanos, fundadora de CODEPU, y militante activa de la Resistencia antidictatorial y del MIR. Fue pobladora de El Montijo donde compartió estrecheces, penas y alegrías con los pobres. Fue la samaritana que recogía cadáveres lanzados al rio Mapocho tras el golpe de Estado. Luego “Magdalena” la que efectuaba riesgosas acciones de propaganda armada contra la dictadura, y después el compañero “Daniel” integrante de un clandestino comité central. Fue la articuladora en 1980 del surgimiento de una singular organización de defensa de los derechos humanos, el CODEPU, donde junto con auxiliar a presos políticos, se coordinaban organizaciones populares y tejía la unidad del pueblo para luchar contra la tiranía. La resistencia es Dios, se le escuchó decir en más de una oportunidad.”» 


Chile mayo de 1983 el año que el pueblo comenzaba a superar el miedo, desde las poblaciones se organizaba la resistencia y la justa rebeldía se transformó en movilizaciones. 

 El llamado de la entonces Confederación de Trabajadores del Cobre que agrupaba a los Sindicatos de CODELCO dio inicio a las grandes protestas contra la dictadura de Pinochet ese 11 de mayo de 1983. Los mismos sectores de trabajadores del cobre, que en 1973 se movilizarán para llamar a destituir al Presidente Salvador Allende. La convocatoria de la primera Protesta Nacional fue a impulsada desde las organizaciones sindicales, de las orgánicas de partidos políticos en la clandestinidad, desde la articulación en los sectores populares. Un rol fundamental desempeñaron la vicaría Episcopal de la zona centro, sur y oeste, el CODEPU y las organizaciones de DDHH.

El miedo, que había resultado un aliado inquebrantable durante los primeros diez años de la dictadura militar, parecía haber desaparecido. Los grupos que habían sido marginados de la política por el régimen, por vez primera iban a alzar la voz y a exigir cambios en un modelo político, económico y social que primaba el crecimiento económico del capital financiero sobre cualquier otra cuestión.

La máxima expresión de estas acciones se verá concretada en las Protestas de los sectores populares.

  La primera Protestas Nacional fue consecuencia directa de una serie de factores, sin los cuales, difícilmente hubiese sido posible articular un movimiento masivo en contra de la dictadura. El trabajo político clandestino de la resistencia, lograba organizar desde los territorios a los pobladores, a los trabajadores y estudiantes. 


La Vicaría de la Solidaridad (que sustituye al Comité Pro Paz 1976) la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC) creada en 1975.) y la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU), constituido en 1980. Fueron los espacios naturales de articulación de los partidos políticos y las organizaciones sociales.

 A partir de 1978 otros movimientos, ya no dedicados exclusivamente a la labor asistencial a los represaliados, irán aflorando con una vitalidad importante por todo el territorio chileno

Estos primeros movimientos elementales desarticulados de los partidos, empezarán a pronunciar un discurso opositor que, aunque todavía muy débil, apuntará a lo que iban a ser las demandas del “tiempo de protesta.” 

La oposición sindical por su parte, había ido recomponiéndose a medida que fueron deteriorándose las relaciones entre sindicalistas y gobierno debido a la política laboral impuesta por el Estado.

  Desde 1976 se comienzan a organizar las primeras expresiones de descontento sindical respecto a esta política mediante acciones aisladas como cartas públicas de protesta, los primeros movimientos de huelga, asambleas reivindicativas, y la formación de referentes sindicales, claramente discrepantes de la política oficial, como el llamado Grupo de los Diez.

 La insatisfacción de gran parte de los sindicalistas llegó a su máxima expresión con el Plan Laboral de José Piñera, que a partir de 1979, extendió el modelo económico neoliberal desde la esfera económica hasta el ámbito sindical. 

  

 

Desde entonces, distintas reuniones entre grupos sindicales se fueron fraguando. 

La política económica y laboral del gobierno había conseguido que, incluso convencidos anticomunistas que llegaron a apoyar el golpe de septiembre de 1973 y sindicalistas vinculados a la Democracia Cristiana, acabasen pasando a la oposición.
En definitiva, para 1983 ya se podía reconocer una fuerza importante de los movimientos sociales y un resurgir en los partidos, además de percibirse un descontento general entre los sindicalistas. Aún así, era necesario atraer a más opositores, hacía falta encender la mecha que hiciese estallar la situación y convirtiese el descontento creciente hacía la dictadura en acciones subversivas. Esta mecha prendió con la Crisis de la crisis económica.
 

  La primera de las protestas se debió a la llamada realizada por la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC).

Este sindicato, representante de los trabajadores del sector que simbolizaba la riqueza del país, estaba dirigido por Rodolfo Seguel, un joven dirigente de la ciudad de Rancagua. 

Seguel era un evangélico sin militancia política y formaba parte de una nueva generación de sindicalistas chilenos, dinámicos, carentes de formación política.

…elegido presidente de los trabajadores del cobre en marzo de 1983, momento en el que empezará a militar en el Partido Demócrata Cristiano (PDC).

Ante la situación que atraviesa el país, el dirigente sindical propondrá convocar un paro general que no acabará siendo aprobado debido a diferencias políticas internas. 

Algunas zonas de la CTC no apoyaban el paro, entre ellas la importante región de Chuquicamata, además de que otros sindicatos como la Unión Democrática de Trabajadores (UDT), la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), la Confederación de Empleados Particulares de Chile (CEPCH) y el Frente Unitario de Trabajadores (FUT) tampoco quisieron seguir el experimento propuesto por Seguro.
Las circunstancias externas tampoco aconsejaban la acción debido a las debilidades propias del sindicalismo, además del cerco represivo que rodeaba al sector mineral, y a que el paro podía conllevar acciones represivas legales. Finalmente Seguel se verá obligado a conformarse con sustituir el paro por una llamada a expresar descontento contra el régimen.
El llamado a la protesta convocada para el 11 de mayo declaraba ir más allá de la petición de leves reformas y afirmaba: Nuestro problema no es una ley más o una ley menos, o de una modificación u otra de la existente, sino que es mucho más profundo y medular. Se trata de un sistema completo económico, social y cultural y político que nos tiene envueltos y comprimidos, que se contradice con nuestra idiosincrasia de chilenos y de trabajadores, que nos ha tratado de asfixiar con armas como el terror y la represión para cada vez envolvernos más; porque nos fue impuesto a la fuerza y con engaño.
La  Coordinadora Nacional Sindical, donde convergen dirigentes del PDC, PCCH y PS (sus diferentes corrientes internas) Logra imponer un instructivo de  no confrontación directa a la dictadura. 

Desde CODEPU se pone en marcha la formación de equipos jurídicos y de salud. Así mismo se coordina una red de Agitación y Propaganda. 

 La convocatoria del sindicato de los trabajadores del cobre obtuvo un éxito rotundo, y sorprendió tanto al gobierno como a los propios organizadores, dada la magnitud que llegaron a tomar los hechos. No así a los sectores populares, que venía organizando la resistencia desde 1980 en las poblaciones.

 En la jornada se emplearon todas las formas de lucha propuestas en el llamado, y así, numerosas familias no mandaron a sus hijos a la escuela, se circuló lentamente en las carreteras de Santiago, disminuyeron las compras en los establecimientos y se produjeron enfrentamientos en las universidades.

 A las ocho de la tarde, el ruido ensordecedor de las cacerolas golpeadas por miles de gente escondidos detrás de las ventanas…en las sombras de la noche emergen miles de pobladores levantando barricadas y desafiando al  dictador.
El gobierno había confiado en que la protesta fracasaría, y a través de la prensa, restó importancia al acontecimiento,  desplegado un fuerte operativo represivo, especialmente importante en las zonas mineras del cobre y en la capital.
 Pese al despliegue represivo, el éxito de la 1° Primera Protesta no pudo ser detenido y Chile despertaba al día siguiente consciente de que algo había cambiado, se había puesto fin a un silencio que duraba ya diez años.

 El pueblo de Chile estaba sufriendo una crisis de la cual no se vislumbraba salida alguna y entendía que esta era fruto de una política desacertada de una dictadura sangrienta, que violenta la dignidad humana.



 Si bien es cierto, que la protesta fue efectuada por la élite sindical y, pese a que a la protesta hubiesen respondido algunas masas desorganizadas, estas fueron articuladas por medio de minorías que actuaron como vanguardia, con lo que no eran las masas las que espontáneamente escribían la historia, fue el pueblo organizado desde Los territorios populares, fue la resistencia armada y las organizaciones de defensa y promoción de los DDHH.


 Se había instalado un instrumento eficaz para acabar con el régimen, con lo que, tras el éxito del 11 de mayo, llegaba el momento de convocar una segunda protesta, para el 14 de junio. Esta vez, la misma se desarrollaría con la participación de más sectores gremiales sindicales y políticos, siendo la respuesta mucho más masiva.
Se inauguraba el “tiempo de protesta” y con él, llegaba el intento más serio para acabar con el régimen desde la ruptura. El empuje de esta primera acción y sus repeticiones en las siguientes jornadas de Protesta Nacional, sirvió para resucitar a los partidos políticos tradicionales y fortalecer los sindicatos.

En el mismo mes de mayo se creó el Comando Nacional de Trabajador que fue un organismo de coordinación sindical que agrupó en su seno a la Confederación de Trabajadores del Cobre, la Confederación Nacional Sindical, a Confederación de Empleados Particulares de Chile, la Unión Democrática de 

Trabajadores y el Frente Unitario de Trabajadores.

Los partidos tradicionales resucitaron de su letargo y al abrigo de estas protestas fueron organizándose. La Creación de la Alianza Democrática en agosto de 1983 (compuesta por fuerzas que iban desde la derecha democrática hasta los socialistas renovados), que se convierte en la primera plataforma que denuncia al régimen públicamente, y en septiembre del Movimiento Democrático Popular (socialistas tradicionales, comunistas y miristas), atestiguan esa resurrección. 

En síntesis, la primera Protesta Nacional hizo historia acabando con la omnipotencia de una dictadura que parecía invencible. El triunfo de la convocatoria demostró que sí se podía erosionar al régimen mediante las protestas, que era posible derrocar al dictador.

 

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El 3° Congreso del MIR y la vía insurreccional

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El tercer Congreso del MIR, realizado en diciembre de 1967 en el Centro Cultural de San Miguel se debatió la vía de insurrección y la correlación de fuerza revolucionaria.

 

El Congreso se centró en el problema de cómo aplicar la tesis insurreccional a la realidad chilena, combinando la insurrección popular urbana con los campesinos y jornaleros, entre los cuales los miristas tenían muy poca inserción. El documento de debate nacional abordó el desgaste del gobierno DC, la parcial Reforma Agraria y la aparición del Partido Nacional (y su golpismo), la agitación popular y la intensificación de las ocupaciones y tomas de terrenos en el movimiento de pobladores. 

En este 3° Congreso el MIR comienza a crecer cualitativamente en la organización revolucionaria. Se logra fortalecer el trabajo de los frentes de masa y se produce un natural cambio generacional. 

 En el plano internacional, el MIR continuó estrechando lazos con Cuba, enviando a Luciano Cruz a mediados de 1968, y con las organizaciones que llevaban adelante la lucha armada en Latinoamérica (Miguel se entrevistó con el comandante de la Puente, de la guerrilla peruana), mientras que criticaba la invasión armada soviética en Checoslovaquia en abierto debate con el PC chileno que defendía la intervención. 

También se hallaba abierta la posibilidad de que el MIR diera un salto cualitativo en su influencia en las masas, dado que la lucha de clases latinoamericana se encontraba en un proceso de ascenso (con el “Cordobazo” argentino, las huelgas generales de Uruguay, las luchas radicalizadas de obreros y campesinos en Bolivia y el auge de la ola de guerrillas en todo el Cono Sur), sumada a la multiplicación de las huelgas y tomas de terrenos y fundos en Chile a finales del gobierno de Frei.

15 agosto de 1965 Congreso Fundacional del Mir

  En el frente sindical, el MIR realizó bastantes progresos, especialmente durante el IV Congreso Nacional de la CUT, cuando una parte significativa de los delegados apoyó las preposiciones de los representantes miristas. 

En el movimiento estudiantil, el MIR se posicionaba como una alternativa a la izquierda del PC y el PS, al obtener 1.300 votos en las elecciones FECH de 1968, por detrás del PC (3.177) y el PS (1.687), consolidándose como la tercera fuerza de izquierda en la Universidad de Chile. En Concepción, volvía a ganar la presidencia de la FEC con Nelson Gutiérrez, además de tres consejeros miristas de un total de siete. En Valparaíso, Ñuble, Temuco, Antofagasta y Coquimbo comenzaba a realizar avances más sustantivos, además de obtener algunos triunfos entre los estudiantes secundarios. Al mismo tiempo el MIR empezaba a penetrar entre el campesinado, nucleando de una manera muy incipiente aún, a un sector de la Zona Centro – Sur del país. 

Entre el movimiento de pobladores, el partido consolidaba su influencia, sobre la base de su acción en los campamentos santiaguinos de San Miguel, Santa Adriana y Santa Elena y luego en el Campamento “26 de Enero” bajo el liderazgo de Víctor Toro. 

“El MIR no sólo se constituyó en la primera fuerza estudiantil de Concepción, sino que aumentó su influencia en importantes sectores de obreros y pobladores orientando huelgas del proletariado industrial y ocupaciones de los terrenos de los sin casa. El MIR empezó a penetrar a principios de 1969 en el sector campesino e indígena. Su militancia, que ya sobrepasaba los 2000 miembros se había volcado al trabajo en los frentes de masas. En ese momento, que coincidía con un gran ascenso obrero y campesino estaban dadas las condiciones para que el 

MIR se transformara en un partido con influencia de masas que sirviera de polo a las corrientes que rompían con los partidos tradicionales de izquierda, y a los obreros sin partido que luchaban en las tomas de fábricas y fundos”.

  En un artículo de Miguel Enríquez llamado “No a la elección. Vía armada único camino”, publicado en la revista Punto Final, se abrió la polémica al interior del MIR respecto de esta línea, principalmente porque “muchos militantes sabían que no están preparados para iniciar ese camino de inmediato y menos capacitados como para impedir la realización de las elecciones presidenciales, coyuntura en la cual se visualizaba la presentación de la candidatura de Salvador Allende, que en las anteriores elecciones había logrado el apoyo de vastos sectores de trabajadores”, discusión que se pretendía zanjar en el IV Congreso que ya se había comenzado a   preparar. Miguel Enríquez proyectaba el partido de cuadros.

Paralelamente, se realizaron escuelas de cuadros orientadas a formar política e ideológicamente a las direcciones regionales del MIR, además de adiestramiento militar básico, sin duda, apuntado al tipo de organización (un partido – ejército) que Enríquez impulsaba y dirigido a preparar acciones directas y armadas.

  Miguel Enríquez, al igual que la mayor parte de la joven generación, se había formado al alero de viejos cuadros depositarios de las tradiciones del bolchevismo, del trotskismo y también del estalinismo, aun cuando lo criticaran. Es por esta razón que el impacto del comunismo chino y de la revolución cubana, que los marcó como generación, así como las teorías dependentistas y la crítica a las prácticas electoralistas y conciliadoras de la izquierda tradicional chilena, se combinaban con estas viejas concepciones, manteniendo hilos de continuidad. Miguel Enríquez, cuyo proyecto político era la formación del partido de vanguardia y el ejército guerrillero popular chileno, se encontró con una oposición interna, cuyo núcleo era el trotskismo y sus simpatizantes, cuya lucha fue la de orientar el partido hacia las masas, impulsada sobre todo, por el frente sindical del MIR. 

De esta manera, la pugna interna entre las dos corrientes no estaba centrada alrededor de la formación de la guerrilla, sino más bien sobre el grado de importancia que tenía esta para la estrategia partidaria, discusión que influía sobre dos problemas fundamentales: el tipo de partido necesario y la relación de este último con las masas. En la práctica lo que se estaba construyendo era un partido de vanguardia, que luchaba por influir en las masas a la vez que montaba un aparato militar y bases para el lanzamiento de una guerrilla, que matizado del modelo foquista, contemplaba las ciudades como escenario de sus operaciones, aunque sólo de manera táctica.

 

La estrategia insurreccional de Miguel Enríquez. Por un lado se diferenció del foquismo, aunque mantuvo y fortaleció sus lazos preferentemente con Cuba, como los demás movimientos guerrilleros del continente. Y por otro lado, Enríquez se diferenciaba del maoísmo, fundamentalmente porque su matriz ideológica no era etapista, aunque reivindicaba la guerra popular prolongada como modelo insurreccional. 

En plena construcción del aparato de masa y los cuadros políticos, acontece  el llamado “Caso Osses” y la posterior represión del gobierno demócrata cristiano que obligó a muchos militantes y dirigentes de la organización a pasar a la clandestinidad de la misma forma que restringió la democracia interna del partido. A partir de esta situación, se tensaron al máximo las relaciones entre la línea de Enríquez y la oposición interna, produciéndose la depuración ideológica del partido.

 Es así, que  saldrían del Comité Central de MIR Luis Vitale, Patricio Figueroa, Winston Alarcón, Washington Figueroa, Genaro y Nahuel Figueroa. Estos, más el sector opositor que incluía dirigentes como Humberto Valenzuela, Álvaro Rodas, Iván Salazar, Jorge Sánchez, que hizo causa común, se reagruparon en el MIR Frente Revolucionario (FR), apoyando a Salvador Allende en las elecciones de 1970. En este tiempo se separaron también aquellos que formarán el grupo MR2193 (Movimiento Revolucionario Manuel Rodríguez), que destacaría por sus audaces acciones directas.

El  debate fue motivado por el proceso eleccionario por venir, lo que tendió a definir posiciones al interior del MIR y abrir un debate mucho más profundo sobre la caracterización del momento que venía y sobre cuál era el partido que la revolución chilena necesitaba. En este marco, efectivamente hubo acercamientos entre la oposición y un sector del grupo de Enríquez en base a una crítica común: evitar que el partido decantara en el foquismo en lo estratégico y mantener la democracia interna en lo orgánico. En torno a las elecciones, los trotskistas plantearon el apoyo a la candidatura de Allende frente al abstencionismo planteado por Miguel Enríquez.  No fue un proceso interno fácil en la lucha ideológica, lo relevante fue el fortalecimiento del MIR, como alternativa revolucionaria ante el reformismo de la izquierda tradicional chilena.

En este período se sentaron las bases generales de lo que  posteriormente sería el MIR, consolidando su orientación hacia un partido de vanguardia que buscaba influenciar en las masas y ganar su dirección. También lograba asentar su concepción ideológica, en la cual tomaba partido por una interpretación anti etapista, anti reformista y pro vía armada de los procesos revolucionarios, indudablemente influenciada por la teoría de la Revolución Permanente, la revolución cubana y la teoría de la Dependencia, y lograba afianzar una estrategia que combinaba la preparación armada con el trabajo de masas, donde novedosamente integraba a sectores marginados tanto por el capitalismo como por la izquierda tradicional: los pobres del campo y la ciudad, alianza que necesariamente debía llevar adelante el proletariado, como clase dirigente, para lograr la revolución, estrategia que haría distintivo al MIR frente a otras organizaciones de izquierda.