MIR: En la huella del militante revolucionario

COAPO

Antonio Llidó: “Nunca en la historia los poderosos se dejaron arrebatar pacíficamente sus privilegios. Chile no va a ser la excepción”.

En este construir de las confianzas, en este proceso de la rearticulación, es un deber del presente el aprender a interpretar la huella del MIR para no hundirse en ella y con ella; saber leer la historia y la memoria sin quedar atrapados por ella; reconstruir las bases históricas del MIR. Tomando las banderas de lucha y dignidad rebelde.


   « Para la mayoría de los militantes del MIR un hito fundamental en sus vidas lo constituyó el momento cuando toman la decisión de comenzar a militar en el grupo revolucionario. Por lo que se puede sostener que las motivaciones para militar en el MIR no corresponden a una decisión fortuita, tal como relatan otras experiencias personales en otros grupos revolucionarios del continente.»


La militancia de curas en el MIR, formó parte de ese compromiso revolucionario de sacerdotes que asumieron ese compromiso con el pueblo. Uno de ellos fue el sacerdote valenciano Antonio Llidó llegó como misionero a Chile en 1969. La situación política que se vivía en el país y el debate que ocurría en la Iglesia, hicieron que rápidamente su compromiso social con los pobres creciera. De esta forma, mantuvo una relación muy cercana con sus feligreses en la ciudad de Quillota.

 Como dirigente del MIR, Llidó impulsó la lucha por un socialismo democrático y profundamente revolucionario a partir de una amplia participación y concienciación de los obreros y los campesinos. Este fuerte compromiso le enemistó con su vicario y su obispo, Emilio Tagle, conocido por su conservadurismo, del que haría gala en septiembre de 1973 para apoyar con entusiasmo el golpe de estado militar.

 « En octubre de 1971, cuando el MIR se reorganizó en la región, estructurando los comités locales de Valparaíso, Viña del Mar y el comité local “interior”, que cubría localidades como Quillota, La Calera, Llay Llay y Cabildo, entre otras, Antonio ya era  miembro de la dirección de ese comité local.   En aquel momento  la fuerza del MIR en Quillota crecía después de la toma de la importante industria textil  Rayón Said, traspasada al Área de Propiedad Social, cuyo sindicato estaba dirigido por el Frente de Trabajadores Revolucionarios. 

  El Comité Local Interior de cuya dirección formaba parte Llidó, coordinaba el trabajo campesino, estudiantil, obrero, y del mundo poblacional.


     Las razones de su opción por el MIR las  sintetizó en una carta que envió a un sacerdote valenciano el 18 de mayo de 1973: 


    “Participo en la lucha política dentro de un partido determinado por considerarlo el   instrumento más adecuado para la Revolución”.»

Su compromiso militante con el partido lo llevó a rechazar la posibilidad de resguardar su vida:

« En las primeras horas de la tarde del 11 de septiembre de 1973, Antonio Llidó y su compañero Jorge Donoso se refugiaron en una modesta casa del cerro Mayaca de Quillota y luego donde otra familia del sector. Allí conocieron los bandos militares del coronel Paredes, jefe de zona, que le prometían su repatriación si se entregaba, Antonio decidió no hacerlo. Logró llegar en octubre a Santiago, cobijándose en la casa de Jaime Valencia y Consuelo Campos, quienes también recibieron a Jorge Donoso. Consuelo (militante del MIR), Jorge y Donoso constituyeron un Comité de Resistencia y fueron parte de la “colonia Valparaíso” trasladada a la capital del país. En marzo de 1974, la Comisión Política del MIR sugirió a Antonio la posibilidad de desarrollar tareas de solidaridad en Europa, pero él la rechazó, con los ojos aguados por las lágrimas, y pidió que nunca más le propusieran abandonar Chile. Meses después, rechazó asimismo la propuesta de unirse a un grupo de militantes, muy críticos de la línea política elaborada por su dirección nacional, que se asilaron en la Nunciatura  Apostólica ese 26 de julio. El coincidía con la táctica de la Comisión Política y como indicó en la carta a su familia del 10 de julio de 1974, consideraba que “ausentarse en las presentes circunstancias” sería “una traición a la clase oprimida que sufre la acometida brutal del gorilaje uniformado”.»

  La dirección del Movimiento de Izquierda Revolucionaria había lanzado una consigna después de la asonada: “El MIR no se asila”. La única excepción a la norma de no abandonar Chile concernía a los militantes extranjeros y a los casos potencialmente más vulnerables. El sacerdote valenciano decidió resistir en el país hasta el final de sus días, a pesar de que, como recuerda Amorós, “conocía ya en abril-mayo de 1974 –en tanto que dirigente del la organización en la región de Valparaíso- que Pinochet había creado una policía secreta específica para la represión; y sabía también que se estaba deteniendo a personas de las que constaba su militancia de izquierdas.




« En su compromiso como dirigente del MIR se abocó a trabajar en la construcción de la Resistencia Popular contra la dictadura militar. En 1974 fue el año de la gran razzia de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) contra el MIR y en septiembre de aquel año, en la última carta a su familia, Antonio Llidó escribió, intuyendo ya un posible trágico final: “Siguen cayendo compañeros todos los días, pero hasta ahora yo me he podido librar. Ojalá la suerte me siga acompañando (…). No quiero ponerme dramático, pero alguna vez hay que decirlo. Si algo malo me ocurriera, quiero que tengan claro que mi compromiso con esto que hago ha sido libremente contraído, con la alegría de saber que esto es exactamente lo que me corresponde hacer en este momento”.




El 1 de octubre, pocos días después de escribir estas líneas, fue detenido por la DINA en el centro de Santiago de Chile y conducido a uno de sus centros clandestinos de detención y tortura, situado en la calle José Domingo Cañas 1.367. De su estancia allí y posteriormente en el centro de Cuatro Álamos existen numerosos testimonios que revelan que no delató ante sus torturadores ni a la familia que le acogió en la clandestinidad, ni a ninguno de sus compañeros, testimonios que nos hablan de su humanidad y de su trato afectuoso hacia sus compañeros de martirio.


Hacia el 25 de octubre de 1974, cuando tenía 38 años, fue sacado  junto a otros detenidos de Cuatro Álamos y desapareció para siempre. Llidó fue uno de esos militantes que se entregó por amor al proyecto revolucionario del MIR, su ejemplo hoy nos debería hacer reflexionar, justamente de lo que significa ser militante, donde se va construyendo esas confianzas en las relaciones entre los compañeros, asumiendo las mínimas tareas de disciplina en este proceso de rearticulación.»



«” Esos eran los años de  soledad política del MIR, aunque en gran parte de la militancia, golpeada y diezmada, el compromiso era total, respondiendo a un sentido de lealtad con el pueblo. Cada encuentro con un compañero o compañera era la posibilidad cierta de caer detenido. Pero en nuestras retinas todavía estaban las marchas y movilizaciones de los tiempos de la Unidad Popular, cuando el MIR había crecido y surgían consignas y políticas –como la de “Crear, crear, poder popular”- que pronto eran apropiadas por otros sectores. La memoria de las luchas campesinas y pobladoras era una fuente de fortaleza para  sostener el compromiso político en las nuevas y duras condiciones.”» Lucia Sepúlveda 

Rafael Maroto fue un cura obrero, un militante que renunció por su compromiso político, a una carrera dentro de la iglesia católica chilena. 

 Rafael Maroto, cura obrero, si bien fue párroco en la población La Legua, siempre trató de ser un poblador más. « “En el período en La Legua, creo que es uno de los períodos más  importantes de mi vida. Yo recibí en La Legua mucho. Mucho más de lo que puede significar dar; siempre en las relaciones humanas hay un dar y un recibir. Yo no digo que ni diera algo; indudablemente, di, pero mucho más recibí que di”»

 

 Maroto siempre buscó, como cura obrero, el ideal 

de proletarización, es decir, trabajar como un obrero más…

En 1974, logró trabajar como obrero por dos años, primero ayudando a un fontanero y posteriormente en la construcción del Metro de Santiago. «”Entonces yo estuve ahí trabajando metido en una gran empresa, en la cual había esa convivencia y esa participación total dentro de la clase, lo cual a mí me significó mucho”»

Rafael se refiere a su militancia en el MIR : «”Creo que en realidad me incorporé a la Resistencia desde el primer momento. Mi intervención respondió a una postura que entonces se vio como la única posible. El ejercicio de esa resistencia se realizó a través de las organizaciones que el pueblo se fue dando, tratando de participar realmente en ellas, de ir clarificando pensamiento dentro del mismo pueblo, animando, comprometiéndose con la realidad, e impulsando de alguna manera la movilización”»

«En lo político cumplió con su papel de militante del MIR. Más tarde, como miembro del Comité Central del partido, Rafael logró sintetizar el pensamiento de obrero, luchador social y militante con el de pastor, teólogo y sacerdote. Se llegó de esa manera a configurar una cierta anticipación de lo que más tarde sería la Teología de la  Liberación.

Cabe recordar que junto con su militancia política, Rafael Maroto fue uno de los primeros promotores de esta nueva teología. De hecho, antes del golpe militar, en Calama, se habían realizado reuniones de los partidarios de la teología de la libe-ración, posteriormente muchos de los iniciadores tuvieron que salir de Chile.»

Rafael de caminar lento y esa mirada que tranquiliza antes de esas reuniones clandestinas…Rafael Maroto era un fumador consumado siempre los Lucky sin filtro en un bolsillo y en el otro, una cajita de metal su cenicero portátil, con cierta solemnidad lo acomoda a la mesa anunciaba el inicio de interminables reuniones…Rafael era de debatir y siempre tenía un consejo para los más jóvenes. 

En los 80 asumió la tarea de ser vocero del MIR, su voz siempre firme reflejaban ese amor revolucionario hacia sus compañeros, siempre estaba presente en esas extensas reuniones, en las jornadas de Protestas siempre preocupado de los más mínimos detalles.

En 1988 Maroto asume la Presidencia del último Congreso del MIR, en un intento por buscar la continuidad del partido y tratar de evitar su desintegración . 


 La división del MIR lo golpeó profundamente y mantuvo sus lazos de compañero con todos, un nuevo dolor lo sumió en la soledad…La división de CODEPU en esa última reunión en calle Bandera, dio su último intento por evitar el quiebre…con el tiempo trato en reiteradas ocasiones de reorganizar a esa izquierda dispersa y derrotada.

 Participó en la formación de la FAI (Fuerza Amplia de Izquierda) y del MIDA (Movimiento de Izquierda Democrática Allendista). 

 En una helada mañana, el 10 de julio de 1993, falleció a la edad de 80 años su militancia siempre comprometida con los más pobres, fue junto a Llidó curas revolucionarios miristas, que junto a Blanca Rengifo han dejado un legado de lo que significa ser militante del MIR.

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