Ana González: “Y aquí sigo luchando ”

Ana González perdió en dos días a cinco miembros de su familia. Sus hijos Manuel Guillermo (22), casado, dos hijos, gásfiter; Luis Emilio (29), técnico gráfico, ex dirigente sindical; junto con su mujer, Nalvia Rosa Mena (20), embarazada de tres meses, dueña de casa y madre del pequeño de dos años y medio Luis Emilio Recabarren Mena, “el puntito”.

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Armando Romero

Radio TV Liberación

Sin Verdad, sin Justicia

“Hay que buscar para no perder la esperanza, aunque sea entre nosotros, entre encuentros sencillos” Ana González de Recabarren

“Señora, que no termine nunca en usted su espíritu de lucha” General Bachelet

Santiago de Chile, Ana González ha fallecido el 26 de octubre de 2018 sin Verdad, sin Justicia. Mientras los victimarios son indultados o reciben beneficios.

Anita una mujer que no eludió el hablar de perdón, de misericordia hacia quienes quisieron matarla en vida. “Yo todavía lo estoy pensando y lo seguiré pensando. Tanto crimen, tanta violencia, tanto daño a la familia, al pueblo de Chile, a los jóvenes, a los niños, eso no lo perdono, a no ser que reconozcan que lo que hicieron fue muy criminal, y eso no ha pasado como debiera haber sido”.

Pase o no pase, ahora o en el momento en que lo determine la historia, “la gente tiene que seguir organizándose”, no se cansaba de decir Ana, quizá como su último llamado a un pueblo que la tendrá por siempre en su memoria.

“Confiadamente seguiré viviendo, soñando, esperando el día inexorable del despertar del pueblo”, escribe Ana González de Recabarren en sus memorias como testimonio vivo de una luchadora de mil batallas.

…”recuerdo que a los 17 años fui invitada una reunión del círculo de estudiantes comunistas “ el 2002 renuncia al PC manteniendo un silencio de sus razones para dejar de militar en su partido de toda la vida.

La casa de los Recabarren González, a pasos de Santa Rosa con Sebastopol, en San Joaquín. es parte de ese país perdido, de esas historias atrapadas en la memoria viva que no lauda en el olvido. La entrada de la casa de Anita es una galería llena de retratos y recuerdos de toda una vida de lucha y testimonio, las fotos del Che Guevara, Salvador Allende, Volodia Teitelboim, el cardenal Raúl Silva Henríquez rodean retratos de Ana acompañada por quienes recorrieron junto a ella el camino de la búsqueda.

La reja se cerró a los pocos días de no volver Manuel, quien fue dirigente gremial de los gráficos, presidente de los sindicatos de la Editorial Universitaria y Editorial Nacimiento, y presidente de las Juntas de Abastecimiento y Control de Precios (JAP) de San Miguel, militantes del Partido Comunista desde su juventud. Esa puerta volvió a ser abierta tras la muerte de su hija Anita María en 2007…en esta ocasión volverá a ser abierta para el último viaje de Ana González Recabarren.

Sentada con esa mirada siempre desplegada en los recuerdos: “Queda claro que aquí hay presos de primera categoría, en un país en el que siguen habiendo privilegios para los genocidas”, su voz se escucha en la casa de Ana y Paty, la misma casa que se ha convertido en testigo de la impunidad que se ha sido institucionalizada desde el Estado chileno , al contrario, hoy se refuerza; la misma casa que observó impávida los secuestros de sus residentes; y la misma casa que durante estos largos años era

“Era 1976, yo trabajaba en la Empresa Metropolitana de Obras Sanitarias (EMOS) en la comuna de La Granja. Era la concesionaria del Casino y atendía a los funcionarios, obreros y empleados. Ese 29 de abril, Nalvia, Luis Emilio y Mañungo, salieron de nuestra casa a las 8 de la mañana rumbo al trabajo, una oficina de comercialización de impresos que Luis Emilio había instalado en Nataniel 47 y donde trabajaba con su hermano, su primo Raúl Soto y otros compañeros. Nalvia visitaría a su madre, que vivía en Av. 5 de abril con Av. General Velásquez, y desde allí acudiría a la clínica Madre e Hijo a controlar el embarazo de su segundo hijo. Se acercaba el Primero de mayo y con Manuel, mi esposo, habíamos acordado rendir un pequeño homenaje a los trabajadores. Al desayuno les serviríamos unas empanadas de horno amasadas por las manos de mi Negro.

La tarde del 29 de abril, dejamos todo comprado, guardando en la canasta que acostumbrábamos llevar, lo que necesariamente ocuparíamos al día siguiente. Manuel se acostó temprano. Aparte de ayudarme en el casino, también trabajaba cambiando medidores domiciliarios, cuyo contrato en EMOS lo tenía nuestro cuñado Guillermo. Yo seguí en pie y con mi hijo Vachy nos sentamos en el living a ver una película en la televisión. De pronto recordé que quería pedirle a Manuel su opinión sobre un panfleto con motivo del 1º de mayo que me había encargado redactar el clandestino Comité Local Luis Emilio Recabarren del Partido Comunista, de cuya dirección yo formaba parte.

La película estaba en su clímax cuando lejanamente escucho el llanto de un niño. —¡Vachy!— le digo a mi hijo —Parece que hubiera un niño perdido— y seguimos viendo la película. De pronto, el llanto desgarrador parecía estar en nuestra puerta —¡Vachy anda a ver!— le digo. Desde el dintel de la puerta y gritando me dice —¡Mamá, es el Puntito! Extrañados corrimos a cerciorarnos. Ahí, aferrado a la reja estaba mi nieto llorando desconsoladamente. No quería soltarse. Detrás de él, se encontraba una señora a quien pregunté: “¿Qué hace usted con mi nieto? ¿Dónde están sus padres?”.

La mujer le explicó que iba saliendo de la casa de una amiga, a unas seis puertas de la casa de Ana y Manuel, cuando vio frenar bruscamente un automóvil del que bajó un hombre corpulento con un niño en los brazos al que abandona en la cuneta. Se sube al auto rápidamente y acelera en dirección al sur. —Después de eso la señora desapareció en la oscuridad de la noche— dice Ana.

—Fuimos donde nos indicó y encontramos el peluche del Topo Gigio, el juguete favorito de nuestro nieto, testigo mudo del secuestro de mis hijos— recuerda.

Ana y Manuel se levantaron temprano ese 30 de abril, la verdad es que durmieron nada. Vachy se quedaría con el Puntito y Rodrigo, nieto de 4 años que en ese entonces vivía con ellos, les acompañaría hasta la empresa de Agua Potable. Manuel partió primero, y Ana lo seguiría cuando terminara de vestir a los niños. El ruido del cerrojo al cerrarse la puerta del antejardín sonó como un oscuro presentimiento que hizo latir el corazón de Ana aceleradamente. Esa puerta ha permanecido cerrada desde entonces.

No tardamos más de diez minutos en llegar al casino. Cuando me bajo del micro y voy a entrar por el pasillo del agua potable, veo que está toda la gente afuera del comedor. Ahí dije “a Manuel lo detuvieron”. Porque tenía que estar abierto el casino. Quería gritar, vociferar contra los mal nacidos, clamar al cielo, pero al mirar los ojos de inocencia de mi Rodrigo me calmé. No podía transmitirle semejante dolor. Con mis ojos llenos de tristeza le sonreí. He seguido manteniendo esa sonrisa a lo largo de estos años, y también la tristeza.”

Después de ese 30 de abril no quedó nada más que el silencio de afuera, de la calle sin confianza, delante de esa reja que permanece clausurada con una gran cadena. Se cerró así porque el sonido del picaporte hacía temblar a Ana a diario con un ruido falso, el mismo ruido que eternizó a la dictadura.

El 28 de enero de 2004, Ana escribió “Carta de Ana González a Juan Emilio Cheyre”, a quien le decía: “Yo sufro por los mágicos y soñadores 21 años de mi nuera Nalvia, embarazada de tres meses, por mis hijos Luis Emilio y Mañungo, y por mi esposo Manuel. Todos ellos fueron detenidos y ocultados en el fondo de la tierra. Pero yo no sufro sólo por mi dolor de ausencia, muero un poco cada día al pensar lo que mis amados sufrieron, en la más completa indefensión

Fue en la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, donde su franqueza y firmeza la hicieron destacar en esos años, siempre alegre Ana se avocó a trabajar por todas las víctimas del régimen. Fueron oposición abierta a la dictadura cuando los partidos estaban proscritos y junto a a Gabriela Bravo de Lorca, esposa del ex secretario general del Partido Socialista y a Ulda Ortíz, Ana viajó a las Naciones Unidas para dar testimonio sobre el exterminio del gobierno de facto a sus opositores.

En una de sus últimas entrevista hablaba de sus memoria que estaba escribiendo, que habían otros temas que demandaban una prioridad en su vida, una mujer directa en decir lo que pensaba…“Este libro debería llamarse Resistiré, que ha sido la constante de mi vida y de tantas otras. Este viaje a la memoria no será fácil, espero no morir en el intento” En otra ocasión reflexionaba del nombre de sus memoria : “Y aquí sigo, conchesumadre”

Autor: TV NOTICIA AITUE

...parte de esa cultura de vida y dignidad de nuestros pueblos.-

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