El MIR y la ética revolucionaria

COAPO

 

El MIR y la ética revolucionaria


“Que la inercia o la herencia de viejas tareas y procedimientos no nos impida desarrollar lo bueno y nuevo. En esas etapas ya apareció el nuevo tipo de militante, el que está completamente entregado a sus tareas; […], imbuido de un alto espíritu de sacrificio; ése es el modelo que exigiremos de todos; el resto en verdad se ha equivocado de organización. Una revolución interna comienza, sólo de ella surgirá fuerte, disciplinada y eficiente la nueva organización que hará la Revolución.” 

Van Schouwen al cumplirse un año de la muerte de Luciano Cruz  señalaba que sólo al calor de las luchas sociales y entre las relaciones entre militantes se podían superar “las condiciones que hacen nacer el egoísmo…una relación que se construye para subvertir este mundo y para liberar a una humanidad humillada, pisoteada, a una sociedad marchita…Bautista establece ese sentido de la ética revolucionaria.


“…Estamos hablando de una relación revolucionaria que recoge la realidad, que recoge la práctica concreta, la plasma en idea, la plasma en actividad revolucionaria y la proyecta en programa, en líneas políticas, en objetivos de lucha, en organización, en método de combate.”

“Y esa herencia…entrega herramientas, instrumentos,…esa herencia compañeros y compañeras, ¡a reivindicarla y a defenderla con la frente muy alta!…Por eso los llamamos a aumentar la cuota de entrega y de sacrificios para hacer la revolución una profesión cotidiana. Es una herencia a la cual ustedes no pueden renunciar…Y cuando alguna vez les flaqueen las fuerzas, cuando no se sientan seguros, cuando tengan dudas denle una mirada…Y cuando les flaqueen aún más las fuerzas ¡recuerden a Luciano! 

¡Recuerden esa figura generosa, combativa, audaz, inteligente y bondadosa! ¡Vean en Luciano estas cosas”


La importancia de la educación política enmarcada en una ética revolucionaria que tenga  como horizonte la construcción de una sociedad socialista, se hace hoy una tarea urgente y necesaria. Donde las descalificaciones personales, las acusaciones infundadas solamente traen disociación y confusiones. El MIR en este proceso de rearticulación, debe estar a la altura de su historia de lucha y consecuencia revolucionaria.

En la senda del combatiente

COAPO
 

MIR en el año de la rearticulación



«Cuando el dolor/la sangre, el odio y la muerte/son necesarios/miles de manos se tienden/para tomar las armas/Acuérdense ustedes de mí/Siempre» Paulina Aguirre


«Ha sido muy difícil, he retrocedido muchas veces, he dudado de lo que pienso, he vacilado y he sentido miedo, pero por sobre todo esto ha primado la conciencia de que este sistema es brutal y sanguinario» Mauricio Maigret



«Gustavo Abel Cabezas se marchó para ir a pelear allá lejos junto a las estrellas, un 17 de Agosto de 1997 la muerte física le sorprendió en un combate en los Altos de Jamundí, cerquita de Calí, capital del departamento del Valle, en el Suroccidente Colombiano.


Una Compañia del Batallón Contraguerrillas “Numancia” nos emboscó en la vereda de San Antonio. Gustavo, que entre nosotros era conocido como “Roberto” en homenaje al revolucionario argentino fundador del PRT-ERP, Roberto Santucho, se integró hace algunos años al MIR chileno y desde hacía poco pasó a formar parte del Ejército Guerrillero de los Pobres-Patria Libre.


La efervesencia política de la década de los setenta lo pillaron adolecente, sin embargo no dudó en militar activamente en la Juventud Peronista, instancia pública de Montoneros. Su vida estuvo ligada desde pequeño a las comunidades de base que sectores consecuentes de la Iglesia Católica Argentina impulsaban en diferentes lugares del gran Buenos Aires, particularmente en la zona sur.


A través de estos sectores conoció la dura realidad chilena en tiempos de la dictadura militar, visitó varias veces nuestro país, estableciendo fuertes vínculos afectivos con pobladores ligados al MIR chileno.


Colaboró en los retornos clandestinos de muchos combatientes, incluído Pablo Vergara Toledo, caído en combate en Noviembre de 1988 y por el cual profesaba un amor incondicional. Las diversas tareas que asumió en el MIR, lo convencieron de la necesidad de empuñar las armas en cualquier lugar del continente, donde la injusticia y la prepotencia de los poderosos oprimen a nuestros Pueblos Pobres.


Marchó así como combatiente internacionalista a las filas del Ejército de Liberación Nacional ELN, asignado a Frente Guerrillero “José María Becerra” dependiente del Frente de Guerra Suroccidental.


Por razones de Seguridad no pudimos asumir antes su muerte, sin embargo sabemos que nunca buscó la gloria, que no fue aprendiz de la soberbia, por el contrario un consecuente artesano de la humildad, de esos que nada gritan al vacío, que nunca posan ante los/as pares, de esos sabios anónimos del Pueblo.


Lo reivindicamos hoy ante ustedes sus hermanos/as, para que le acojan y cuiden su memoria, para que nos alegremos de estos años que no son mera conmemoración de los pasados. Nuestro/as hermano/as de hoy son como cada uno/a de ustedes, ni mejores, ni peores, ni santos, tampoco íconos para adorar.


No creemos en fetiches, en figuras infalibles, lo/as revolucionario/as del siglo que se anuncia caminan silencioso/as por Montañas y ciudades, inventando con cada amanecer la palabra redentora, la revolución por construir, la libertad, esa que aún tiene que enseñar sus alas para echar a volar.


Gustavo se fue, nos cuidará desde donde se encuentre, tal como lo hacen todo/as lo/as rebeldes coherentes que dejaron esta vida en pleno proceso de mejoras.


América, nuestra América se va a liberar. El Movimiento de Liberación Indígena y Popular como siempre camina hacia adelante, no se detuvieron los sueños ni con sables, ni bayonetas, y no se detendrán con los modernos fusiles de asalto, ni con la Guerra de baja Intensidad.


Hermano/as a luchar cada vez más unido/as, respetando las diversidades, a solidarizar con todos los Pueblos Pobres en resistencia, ese fue el compromiso de “Roberto” y es el compromiso del MIR.»

En el año de la rearticulación, Debate Mirista en esa senda de la (R) liderada por Miguel Enríquez junto a los combatientes que forman parte de la historia consecuente y revolucionaria del MIR.

El Manifiesto de Concepción y Poder Popular

COAPO
 

En el año de la rearticulación Debate Mirista


  “El enfrentamiento cada vez mas violento que se desarrolla en Chile entre los trabajadores y los patrones marca definitivamente las grandes líneas de este proceso. Ellas son la línea de las masas, las que empiezan a tomar en sus manos el problema del poder para resolver en su favor y la línea de la reacción, que dispara contra el pueblo desde los órganos del Estado que controlan: el Parlamento, la Justicia, la Burocracia. Entre estas dos líneas fundamentales, los reformistas actúan de hecho en el sentido de confundir, dividir y frenar el movimiento de masas y van quedando progresivamente marginados”. El Rebelde, agosto 1972 Edición N° 41

“…si los diputados y la mayoría parlamentaria democratacristiana y nacional se pone al servicio de los intereses norteamericanos, si la mayoría democratacristiana y nacional del Parlamento defiende los intereses de los dueños de las grandes fábricas, y los dueños de los grandes fundos, entonces el Parlamento habrá de ser combatido, vigilado y denunciado y si es necesario disuelto y remplazado por organizaciones que realmente representen al pueblo”. Miguel Enríquez

 

“Hoy es mas necesario que nunca ampliar y extender las posiciones conquistadas por todo un pueblo durante estos días. En la lucha por nuestra liberación definitiva hemos hecho avances enormes; nunca como hoy la clase obrera ha estado mas cerca del poder”. 

Juan Olivares, Presidente del Comando Comunal de Trabajadores de Estación Central y Consejero Nacional de la CUT. 1972

«La Asamblea surgió luego que algunos partidos de la Unidad Popular -PS, MAPU e IC- y el MIR de Concepción, convocaran a una marcha el 12 de mayo de 1972 en repudio a una movilización que había sido programada por la derecha para el mismo día. A partir de ese momento se comenzó a gestar un diálogo entre los convocantes, lo cual primero cristalizó en la redacción de un documento llamado Manifiesto de Concepción. En éste, se explicaban las razones de las movilizaciones, se criticaba al Parlamento por los proyectos de leyes que detenían el avance del proceso de cambios impulsado por el Gobierno, se visualizaba una contradicción entre el movimiento de masas y algunos sectores del Estado, y se proponía al Gobierno pasar a la ofensiva alentando la participación de los trabajadores en el APS con un mayor poder de decisión y control. Junto a ello la instauración del control obrero en la empresa privada. En el documento se percibe la influencia del MIR, en particular en el llamamiento que hace a construir los Consejos Comunales de trabajadores como expresión del Poder Popular.»


Es en este contexto que debe comprenderse la participación del MIR en la Asamblea celebrada en Concepción el año 1972.


«” Una lucha ideológica que enfrenta criterios reformistas con puntos de vista revolucionarios, se ha planteado en el seno de la izquierda chilena. En cierto modo pudiera decirse que esa confrontación se ha venido librando desde que se inició el actual proceso y aun antes. Tanto dentro del gobierno, como fuera de él, esas tendencias buscan imponer su conducción a las masas trabajadoras. Esta lucha ideológica no debe espantar a nadie porque no es sino la proyección, en el caso chileno, de una contienda que se viene dando desde que Lenin condujo a los bolcheviques al poder, luego de derrotar a los reformistas que combatieron ferozmente sus tesis. En toda oportunidad histórica en que el pueblo ha llegado a las puertas del poder, ha sido preciso dilucidar primero esta divergencia que separa las aguas entre reformistas y revolucionarios. Esta lucha ideológica, por cierto no corresponde más que esbozarla a los dirigentes políticos y a los intelectuales de ambas tendencias. Son las propias masas trabajadoras en cambio, las que profundizan y definen esa lucha. En definitiva es la acción, la práctica o la vida, como quiera decirse, lo que inclina la balanza en uno u otro sentido. Pero en cambio sí corresponde a los dirigentes responsables de partidos con influencia de masas, cuidar que esas discrepancias en el seno del pueblo se desarrollen dentro de cauces legítimos. Este aspecto es el que, sin embargo, más alarma produce en nuestro caso. En efecto, el combate contra lo que despectivamente llaman la “ultraizquierda”, ha llevado a determinados dirigentes desorientados de la izquierda tradicional a fomentar la agresión contra militantes de ia izquierda revolucionaria. De la agresión física a la represión organizada hay sólo un paso, y de allí a una respuesta igualmente violenta, mucho menos distancia. Deslizarse por esa pendiente llevaría a una guerra intestina en la izquierda de la que sólo sacarían provecho la burguesía y el imperialismo. Aun el simple reformismo de izquierda es intolerable para los reaccionarios, como se está demostrando en la situación chilena donde los partidos burgueses alientan variados recursos para retomar el gobierno. Por eso una división aguda, caldeada por enfrentamientos, llevaría al conjunto de la izquierda a su autodestrucción, peligro del que los sectarios parecen no darse cuenta.”»

 PUNTO FINAL

Año VI. Nº 159

Martes 6 de junio de 1972


Debate Mirista en el año de la rearticulación, invita analizar los hechos históricos y políticos, del “Manifiesto de Concepción”. 


« Los acontecimientos vividos por las masas en Concepción el viernes 12 de mayo, son uno de los hechos más extraordinarios que han ocurrido en Chile en un año y medio de Gobierno Popular, pues marcan un viraje profundo de la lucha de clases en la política nacional.


Si bien dichos acontecimientos estuvieron circunscritos a la provincia de Concepción, lo cierto es que, pese a la campaña de ocultamiento y falsificación posterior, sus efectos buscaban  proyectarse  en el resto del país.


Concepción, por su particular correlación de fuerzas políticas y sociales favorables a la revolución, no hace otra cosa que adelantar un reacomodamiento social y político que seguramente —aunque con distinto ritmo, en el tiempo— se extenderá a todo lo largo del territorio nacional.


Hacer conocer las experiencias ocurridas en Concepción, hacer comprender el significado oculto de los sucesos, forma parte de la clarificación urgente que requiere la formulación de una política reclamada por las masas populares. Este es el sentido más íntimo de este documento redactado por el conjunto de las organizaciones políticas que asumieron con plenitud revolucionaria la convocatoria del día 12.


Es esta una tarea ineludible en la medida que lo ocurrido en Concepción fue presentado en el país mediante esquemas y falsas contraposiciones que desfiguran por completo lo acontecido, impidiendo que los hechos se conviertan en una lección para las masas de todo el país.


Dar a conocer este documento el día mismo de la concentración revanchista de la reacción, es la respuesta política madura de quienes nunca circunscribieron la lucha de clases exclusivamente al enfrentamiento callejero con las fuerzas de la contrarrevolución.


Discrepancias importantes en el campo popular exigen que un proceso correcto de acumulación de fuerzas y de fortalecimiento de la izquierda, se desarrolle a través de la lucha ideológica de cara a las masas, sin deformaciones y falsificaciones malintencionadas.


Únicamente la verdad revolucionaria, la lucha ideológica abierta, responsable y fraternal, en el seno del pueblo, permitirá resolver los problemas que enfrentan las fuerzas revolucionarias en su camino hacia el poder.


1.— LA FALSIFICACIÓN DE LOS HECHOS


El martes 9 de mayo el conjunto de la Unidad Popular, incluida la dirección regional del Partido Comunista, acordó impulsar una movilización de masas, el mismo día en que saliera a las calles la reacción, resolviendo por unanimidad invitar a incorporarse al MIR a esta tarea.


Esta decisión de movilización combativa del pueblo contó con la adhesión de la CUT, el Consejo Provincial Campesino, el Comando Provincial de Pobladores, las federaciones estudiantiles y la mayoría de las organizaciones de masas de la provincia.


El propósito fue reducir la marcha de los momios a sus exactas dimensiones de minoría social y política, que aprovechándose de la legalidad burguesa pretendían canalizar y organizar públicamente la sedición y movilizar las masas políticamente atrasadas a través del engaño y la mentira.


El acuerdo sobre la movilización y marcha implicó por sí solo un avance en la relación entre las fuerzas populares y las fuerzas de la reacción.


Por primera vez en Chile el conjunto de la izquierda decidía una marcha simultánea a la marcha de los momios, lo que significaba comenzar a ganar también en las calles la lucha contra la reacción.


Más aún, por primera vez se manifestaba abiertamente la decisión de impedir, a través de la sola presencia combativa de las masas en las calles que los momios se reuniesen públicamente para incitar a la sedición y al derrocamiento del Gobierno Popular.


Estuvo claro para el conjunto de las organizaciones que esta convocatoria respondía a las exigencias de las masas que no ven en la alianza entre la DC, la DR, el PN y PyL, una fuerza de oposición política respetuosa de la legalidad, sino la fuerza que abiertamente organiza e incita a la contrarrevolución.


Posteriormente, la dirección del PC se restó al compromiso contraído públicamente frente al pueblo de Concepción. Más aun, luego utilizó todas sus influencias en el aparato del Estado para impedir la movilización de los trabajadores, deteniendo incluso un tren procedente de la zona del carbón.


Las restantes organizaciones persistieron en su decisión de convocar al acto, no como una demostración de prepotencia política, sino como una respuesta justa a quienes de una u otra manera participaron en el asesinato del General Schneider, en la organización del pánico financiero, en el desabastecimiento, en el sabotaje de la producción, en el complot de la ITT, en las campañas de insidias y calumnias que diariamente se suceden en “La Prensa”, “Tribuna” y “El Mercurio”, en la Reforma Constitucional Hamilton-Fuentealba, en la marcha de las ollas vacíes, en la destitución sistemática de Intendentes y Gobernadores, en la destitución del Ministro José Tohá.


Al mismo tiempo, considerando que la correlación de fuerzas que existe en la provincia de Concepción no es idéntica a la correlación de fuerzas en el conjunto del país, todas las organizaciones comprometidas en la convocatoria extremaron los recursos en materia de organización y disciplina para evitar provocaciones que fueran luego utilizadas por la reacción en contra del movimiento popular.


El recaudo principal fue asegurar una presencia multitudinaria que no diese lugar a la provocación artificial. Objetivo logrado con creces en tanto la convocatoria demostró coincidir con los anhelos más profundos de las masas populares y que desmiente cualquier acusación acerca de una supuesta provocación.


2.— LA CONCENTRACIÓN Y MARCHA DEL VIERNES 12


El hecho más escamoteado en la información que circuló con posterioridad a los acontecimientos fue la asamblea que tuvo lugar en el foro de la Universidad.


La concentración mostró algo magnífico y nuevo en la política nacional: la asamblea democrática que congregó a miles y miles de obreros, pobladores y estudiantes que durante casi dos horas escucharon con profunda atención y entusiasmo a los treinta y cinco oradores que se sucedieron en el uso de la palabra,


El pueblo de Concepción, reunido en asamblea, se autoconvocó decidido a defender activamente la estabilidad del Gobierno y la continuidad del proceso revolucionario.


Nunca hubo representación más democrática. Ningún arreglo parlamentario, ninguna convocatoria pudo ser más efectiva, más auténtica que esa multitud allí reunida. Hubo convicción en la unidad y unidad en la convicción.


Una vez más las mases demostraron su decisión de impedir que la reacción se resguardara en preceptos legales para ir preparando abiertamente las condiciones más favorables a la contrarrevolución.


La marcha demostró un alto grado de disciplina y organización de masas. En el largo trayecto a través de las calles de Concepción no hubo una sola provocación, un solo desmán, un solo piedrazo de legítimo resentimiento.


Reiteradamente el Grupo Móvil impidió el desarrollo normal de una marcha que no se proponía el enfrentamiento físico con la reacción, sino la disuasión mediante la presencia multitudinaria del pueblo.


Resultado del apaleo del Grupo Móvil fue la muerte del estudiante Eladio Caamaño. Al día siguiente, nuevamente, los carabineros apalearon estudiantes que realizaban una manifestación de duelo por la muerte de su compañero. En estas razones se apoya la exigencia de destitución de una política administrativa provincial contraria a los trabajadores.


3. — LA FALSIFICACIÓN IDEOLÓGICA


No sólo los hechos de Concepción fueron falsificados. Igualmente grave fue la falsificación ideológica de los acontecimientos y de las posiciones reales que se enfrentaron en el seno de la izquierda.


En esa perspectiva, la falsificación más grave es aquella que presume que las organizaciones que convocaron al pueblo para disuadir a los momios, quieren impulsar un enfrentamiento que considerarían inevitable.


Al respecto, debemos reiterar que el enfrentamiento depende del comportamiento de las clases dominantes frente a los avances de la revolución y de la capacidad e inteligencia que demuestren las fuerzas revolucionarias para disuadir y arrinconar a tiempo a la reacción.


Lo que estuvo en discusión en concepción fue la manera más correcta de disuadir y arrinconar a la reacción, única condición que hará posible, de ser exitosa, evitar la guerra civil y el derramamiento de sangre.


La discusión sobre los caminos más efectivos para disuadir y arrinconar a la contrarrevolución pasa por el análisis del papel que las masas, los partidos, el Gobierno y el aparato del Estado tienen en el proceso.


En los sucesos de Concepción las masas demostraron cuál es el papel que están dispuestas a desempeñar en ese proceso de disuasión y arrinconamiento de las fuerzas contrarrevolucionarias.


El pueblo objetivamente ve que no puede distinguirse, en la práctica, entre una pretendida oposición legal, por un lado, y la sedición contrarrevolucionaria por el otro.


En la medida que las masas no reconocen en la oposición política otra cosa que la contrarrevolución en ciernes, entran en contradicción con el aparato del Estado construido por la burguesía en sus largos años de dominación política y social. Es decir, que en su lucha para aplastar la contrarrevolución, que se reviste de oposición, las masas chocan permanentemente contra un Estado construido básicamente para resguardar los intereses de la reacción burguesa.


Buscando refugio en la legalidad que está por detrás del Estado, los contrarrevolucionarios se disfrazan de opositores e impiden el avance de la revolución. En el Congreso detienen los proyectos de ley tendientes a crear el área social de la economía, a través de la Contraloría exigen la devolución de empresas, mediante el aparato burocrático del Estado desvirtúan las medidas del Gobierno y a través de la Justicia exigen el concurso de las fuerzas represivas para detener el avance popular.


Esta contradicción entre las masas y sectores importantes del aparato del Estado es una contradicción fundamental porque a través de ella se expresa la lucha por el poder entre la burguesía y el proletariado.


La conquista del Gobierno Popular implicó neutralizar en parte el carácter coercitivo de este aparato del Estado y permitió avances importantes en la lucha antimperialista y democrática.


Lo cualitativamente nuevo en Concepción fue el reconocimiento por parte de la mayoría de las organizaciones de izquierda de la provincia, de la existencia de esa contradicción y la decisión de ponerse a la cabeza de la movilización popular. Este hecho, en que dentro de una argumentación reformista y ultralegalista se pretende ver una amenaza aparente a la estabilidad del Gobierno, en la práctica contribuye a su fortalecimiento, ya que demuestra a las fuerzas de la reacción la decisión de las masas de no permitir un retroceso en los avances del movimiento popular.


Por otra parte, el hecho de que la mayoría de los partidos de la izquierda se pongan unitariamente a la cabeza de las movilizaciones populares, interpretando y canalizan do sus exigencias más sentidas, otorga una flexibilidad política a las fuerzas revolucionarias que debe ser utilizada en profundidad. Porque de esta manera la acción de masas no se disuelve en una rebeldía estéril ni en el repliegue a posiciones conservadoras.


Reiteramos: lo cualitativamente nuevo que se dio en Concepción fue la coincidencia entre las direcciones de la mayoría de las organizaciones de izquierda y la correcta percepción de las masas que no admiten la falsa separación entre los partidos políticos de la derecha y los saboteadores, entreguistas, cómplices del imperialismo y calumniadores.


La DC no puede ser tratada sólo como fuerza de oposición cuando en los hechos se suma a quienes defienden las banderas del capitalismo, del latifundio, del imperialismo, marchando con Patria y Libertad y con el PN, o aplaude las expresiones orgánicas de los grandes empresarios como el FRENAP y la SOFOFA.


Mientras esto ocurra, las masas tienen todo el derecho a identificar concretamente oposición y contrarrevolución, actuando en consecuencia. Quien aliente una distinción inexistente en la realidad sólo favorece los planes de la contrarrevolución y se hace cómplice de la falsificación ideológica.


En esta perspectiva, creemos que en Concepción se dio un paso positivo en la resolución de la contradicción entre las exigencias revolucionarias de las masas y un Gobierno Popular que, si bien las representa, se encuentra cercado por un aparato del Estado construido para sustentar los intereses de la burguesía.  


Los acontecimientos de Concepción deben ubicarse en el camino de la acumulación de fuerzas revolucionarias, en un momento crítico en que la neutralización de los sectores vacilantes del pueblo, se ve más trabada por los problemas de desabastecimiento, las dificultades inherentes a las transformaciones económicas y el cerco imperialista.


Es simplismo afirmar que se trató entonces de la “tesis malsana del gran enfrentamiento”, no se trató de una presunta ruptura programática, sino de una alianza que busca la discusión y la puesta en práctica de una línea que asegure la irreversibilidad del proceso revolucionario.


LAS PERSPECTIVAS FUTURAS


Los sucesos de Concepción demostraron la inmensa reserva de energía revolucionaria que anida en las masas populares y la conciencia política que está señalando la decisión de aplastar a sus enemigos de clase.


Esta inmensa energía no puede ser constreñida en una institucionalidad que fue creada para reprimirla. Se requiere canalizar esas energías en la dirección de la lucha de clases y modelarla en nuevas formas institucionales que vayan gestando los cimientos del poder revolucionario.


Alrededor de los sucesos de Concepción se enfrentaron dos políticas en el seno del pueblo:


UNA, QUE CREE QUE SE PUEDE CONDESCENDER CON LOS ENEMIGOS DEL PUEBLO, LO QUE EN EL HECHO SIGNIFICA OLVIDAR LA EXISTENCIA DE LA LUCHA DE CLASES, QUE BUSCA APOYARSE BÁSICAMENTE EN EL APARATO DEL ESTADO Y NO EN EL PODER DEL PUEBLO Y DE LAS MASAS Y QUE, INCLUSO APUNTA LA REPRESIÓN DE AQUELLOS SECTORES DE LA IZQUIERDA QUE NO COMPARTEN SU POLÍTICA DE CONCILIACIÓN, PRETENDIENDO, EN LA PRACTICA, TRANSFORMAR EL ACTUAL GOBIERNO EN UN ARBITRO, RESTRINGIENDO SU ACCIÓN A LOS MARCOS DE UNA INSTITUCIONALIDAD QUE DE IGUALES GARANTÍAS A LAS FUERZAS DEL PUEBLO Y A LAS FUERZAS DE LA CONTRARREVOLUCIÓN.


LA OTRA POLÍTICA SE AFIRMA EN LA CONVICCIÓN DE QUE NO ES POSIBLE LA CONCILIACIÓN CON LOS ENEMIGOS DE LA CLASE TRABAJADORA.


SOSTIENE QUE LAS CONTRADICCIONES ENTRE EXPLOTADORES Y EXPLOTADOS SE MANTIENEN Y SE AGUDIZAN.


SOSTIENE QUE ES NECESARIO APOYARSE EN LA FUERZA Y MOVILIZACIÓN ORGANIZADA DE LAS MASAS, RECHAZANDO TODA EXPRESIÓN DE DOGMATISMO Y SECTARISMO EN EL SENO DEL PUEBLO, ABRIENDO CAUCE A LA DISCUSIÓN EN EL SENO DE LA IZQUIERDA SOBRE LA CONDUCCIÓN Y FUTURO DEL PROCESO REVOLUCIONARIO.


ESTA POLÍTICA RECHAZA LA TENDENCIA A ASIGNAR EN LOS HECHOS AL GOBIERNO POPULAR UN CARÁCTER NEUTRAL Y EXIGE QUE LA FUERZA DE GOBIERNO SE SUME A LA FUERZA DEL PUEBLO PARA IMPULSAR Y ENCAUZAR LA REVOLUCIÓN CHILENA.


LOS SUCESOS DEL VIERNES 12 FUERON LA CULMINACIÓN DE UN MOVIMIENTO PARA CUYA CONSOLIDACIÓN Y DESARROLLO SE REQUIERE PASAR A LA OFENSIVA:


— ALENTANDO LA PARTICIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES EN EL ÁREA SOCIAL, OTORGÁNDOLES UN MAYOR PODER DE DECISIÓN Y CONTROL SOBRE LOS CUERPOS ADMINISTRATIVOS.


— IMPLANTANDO EL CONTROL DE LOS TRABAJADORES EN LA INDUSTRIA PRIVADA.


— ASEGURANDO LA PARTICIPACIÓN REAL DE LOS POBLADORES EN LA DIRECCIÓN DE LOS ORGANISMOS DE LA VIVIENDA.


— OTORGANDO EFECTIVA CAPACIDAD DE DECISIÓN A LOS CONSEJOS CAMPESINOS, ENTREGÁNDOLES MEDIOS MATERIALES PARA EL CUMPLIMIENTO DE LAS FUNCIONES.


— UNIFICANDO LAS ORGANIZACIONES POPULARES EN CONSEJOS COMUNALES DE TRABAJADORES, QUE A TRAVÉS DE ASAMBLEAS POR LA BASE RESUELVAN CUESTIONES DE INTERÉS COMO EL CONTROL DEL ABASTECIMIENTO A TRAVÉS DE LAS JAP; COMO EDUCACIÓN Y SALUD, ETC.


Las masas de Concepción están demostrando, siguiendo la advertencia de Fidel, qué pueden y quieren aprender más rápido que la burguesía. Pero sus esfuerzos quedarían frustrados si las masas populares de Chile, si sus direcciones nacionales no aprendieran, ellas también, más rápido que la burguesía del país y sus camarillas dirigentes.


POR ESTO LLAMAMOS A LAS MASAS, A LA IZQUIERDA DEL PAÍS, A UNA FRANCA E INTENSA DISCUSIÓN DE LOS SUCESOS DE CONCEPCIÓN.


PARTIDO SOCIALISTA

MOVIMIENTO DE ACCIÓN POPULAR UNITARIA (MAPU)

IZQUIERDA CRISTIANA

MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA (MIR)

Concepción, 24 de mayo de 1972.»

 El diálogo entre los convocantes a la marcha finalmente confluyó en el llamado a desarrollar una Asamblea Popular en Concepción. A ella convocaron la CUT Provincial, el Comando Provincial de Pobladores, la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción y la Federación Provincial de Estudiantes Secundarios.

 

149 organizaciones de masas adhirieron al llamamiento, lo que motivo la activa participación de mas de cinco mil trabajadores. En la moción presentada por el Comité Regional del MIR a la Asamblea, se planteaba por primera vez la necesidad de la “creación por la base de los Consejos Comunales de Trabajadores en el campo y en la ciudad’.

El 26 de julio de 1972 en el teatro de Concepción, se llevó a lugar la Asamblea con la participación de 60 delegados de sindicatos de la Provincia, delegados de 5 organizaciones campesinas, 31 representantes de los campamentos, 16 representaciones de organizaciones estudiantiles, 26 directivas de Centro de Madres, con representantes de los 5 partidos políticos de izquierda.

El MIR planteó un Programa Revolucionario en la creación del Poder Popular, como alternativa a la institucionalidad, proponiendo la Asamblea del Pueblo.


 La relevancia se situó en  inpulsar un espacio de discusión que reunió a distintos actores sociales, por un lado, y, vino a abrir dentro de la izquierda un importante debate en torno al Poder Popular, por el otro.

El MIR desde la convocatoria a la Asamblea del Pueblo, tenía muy presente que ante los partidos políticos de la Unidad Popular, era minoría y sus propuestas no sería aprobadas. Esto no fue impedimento para general el debate ideológico en el seno del pueblo y del propio Gobierno.

Aquel debate estuvo encabezado por el propio presidente Allende quien envió una carta de rechazo a la Asamblea dirigida a los partidos de la UP. En ella sostuvo que la Asamblea generaba una potencialidad perturbadora. A la par denunció a los grupos que intentaban diseñar tácticas paralelas a las del gobierno.

Agregó que ese poder constituía una conducta aventurera que ponía en riesgo la lucha contra los verdaderos enemigos de la patria. Agregó, además, que el poder popular no surgiría de la maniobras divisionistas, y que la adhesión al régimen institucional y democrático garantizaban la realización del proyecto de la UP. Su análisis estaba directamente influenciado por el PC y sectores del PS.

Frente a la Asamblea el Partido Comunista reiteró la tesis que hacia residir el Poder Popular en los organismos sindicales y de masas.

El MIR respondió a través de su Secretario General Miguel Enríquez, quien sostuvo que la Asamblea del Pueblo sólo había sido una reunión agitativa y de propaganda; agregó que con su convocatoria se pretendía crear condiciones políticas que luego se proyectarían en la formación de los Consejos Comunales de Trabajadores.

  El MIR dejó en claro  que los espacios de participación diseñados por el gobierno no reconocían al movimiento de masas ni le entregaban espacios de desarrollo. Ante ello sería necesario levantar nuevas fórmulas de participación, entre las cuales  los Comandos Comunales, único órgano del Poder Popular capaz de incluir al conjunto del pueblo a los procesos de cambio necesarios. 


 En el periodo que fue desde la Asamblea del Pueblo de Concepción hasta el paro patronal de octubre de 1972, los sectores revolucionarios estuvieron permanentemente llamando a los trabajadores a desarrollar las tareas del Poder Popular.


Tanto en las crisis de agosto, provocada por la ofensiva de la burguesía, como la producida en los primeros días de septiembre, el MIR, a través de su periódico “El Rebelde”, ponía énfasis en la labor, señalando que construía la principal tarea de poder que debían llevar a cabo los trabajadores. 


  

La crisis del gobierno de la UP y las políticas reformistas

COAPO

El debate ideológico de las políticas reformistas durante el gobierno de la Unidad Popular, nos permite conocer sus consecuencias y sus resultados en ese periodo pre revolucionario. 

En el actuar proceso de rearticulación del MIR, Debate Mirista busca ser una herramienta política, al servicio de la necesaria discusión del Quehacer, aportando con análisis desde los documentos internos del partido, de sus publicaciones y resoluciones. 

El fracaso de las conversaciones entre la UP y el PDC


EL desarrollo y culminación de las negociaciones entre la Unidad Popular y la Democracia Cristiana, demostró en forma elocuente que los trabajadores nada bueno pueden esperar de las tácticas del reformismo. Bajo el pretexto de un diálogo se desenvolvió, en verdad, una amplia negociación política que puede comprometer seriamente el Programa de la UP. Algunos documentos conocidos, como son una exposición pública del Ministro de Justicia, Jorge Tapia, y una carta del senador Fuentealba, presidente del PDC, dejan una impresión desoladora acerca de la debilidad con que los representantes del gobierno (el propio Tapia, el ministro de Hacienda, Orlando Millas, y el senador Gumucio) afrontaron las negociaciones con la Democracia Cristiana. Se recoge la impresión de que se estuvo a punto de transar diversos asuntos cuya aceptación por parte del gobierno habría significado poner en grave riesgo el compromiso fundamental del Programa, o sea iniciar la construcción del socialismo en Chile. Las negociaciones fracasaron, sin embargo, porque poco antes de pronunciarse el Senado sobre los vetos del Ejecutivo, el sector freísta de la Democracia Cristiana volvió a empuñar el timón, exigiendo la rendición total e incondicional del gobierno.


Todo indica que los sectores reformistas que actúan en el interior de la Unidad Popular dominaban sin contrapeso en las negociaciones y que si no impusieron sus opiniones conciliadoras y entreguistas, se debió a la actitud despiadada del freísmo, punta de lanza de la extrema derecha. Algunos sectores de la UP, como el Partido Socialista, expresaron sus dudas de que la negociación con el PDC sirviera a los intereses del Programa del gobierno. Sus aprensiones se vieron confirmadas. Lo mismo puede decirse de la Izquierda Cristiana y de la Juventud Radical Revolucionaria, según se desprende de entrevistas a dirigentes de esos sectores, que publicamos en esta edición. La enseñanza de este episodio, cuyo análisis de fondo haremos más adelante, es que el reformismo amenaza cancelar las posibilidades del proceso iniciado en Chile. Los trabajadores lo están entendiendo así, como lo demuestran sus combativas movilizaciones recientes. Son justamente los trabajadores los que deben hacer sentir el peso de su influencia. Ellos pueden impedir que la oportunidad histórica de avanzar hacia la conquista del Poder, se vea frustrada por el reformismo. La actitud reformista de permanente conciliación con la burguesía y el imperialismo, ha ido erosionando la fuerza del proceso a un extremo que impone una enérgica reacción de la clase obrera para volver a poner rumbo hacia la meta esencial. 

«   PUNTO FINAL Año VI. Nº 162

 Martes 18 de julio de 1972 »


Para entender el contexto histórico de estas conversaciones de parte del gobierno de la Unidad Popular, hay que situarse en la situación de política nacional de 1971.

  


II. Resultado de la política UP en 1971

En forma sintética, se trata del desarrollo en Chile de una situación que hemos analizado como la de la creación en septiembre de 1970 de una “situación pre-revolucionaria” que no madura a “revolucionaria”, pero que todavía no revierte a la “normalidad”.

Se abre así el abanico de la nueva situación, que podríamos caracte-rizar para 1972 a través de 8 factores: a) Agudización de la lucha de clases. Esto debe entenderse no esquemáticamente. Enorme aumento de los enfrentamientos y de la agudización de esos enfrentamientos sociales y políticos, en todos los niveles tanto cualitativa como cuantitativamente.

b) Lo que en febrero llamamos “extensión a social del proceso” y en otros momentos hemos llamado “autonomización relativa de las clases”.

Tiende a referirse a la incorporación de cada vez más contingentes y capas de distintos sectores sociales a la actividad política. A la vez que a la organización, cohesión y búsqueda de representación directa de sus intereses, etc.

c) Autonomización relativa y cohesión relativa de importantes sectores de la pequeña burguesía, especialmente propietaria y también asalariada, urbana y rural (“enardecimiento”).

 d) Autonomización relativa de los militares (entendemos que estos conceptos fueron explicados en el C.C. anterior).

e) Fortaleza de la clase dominante, a la vez que una feroz lucha por el liderazgo que los diferentes sectores libran en su interior (por lo tanto crisis interna).

f) Debilidad del Gobierno y de la UP.

g) División de la izquierda, división de los revolucionarios y división del pueblo.

h) Contradicción permanente e incluso en momento pasando a primer plano —propia del sistema capitalista y de cualquier sistema social, pero aquí agudizada— entre el aparato del Estado y el movimiento de masas (explicada en el C.C. de marzo).

Todo esto nadando en una crisis económica —muchas veces analizada—, en una inestabilidad del sistema, entendido como la inestabilidad del Gobierno, de la inestabilidad de las alianzas políticas, de la inestabilidad de la relación entre el movimiento de masas y los partidos; es decir, una inestabilidad en casi todos los planos.

III La política reformista para 1972

 Al parecer sectores importantes del PC (sectores “más” reformistas) comienzan, desde fines de diciembre de 1971, a plantearse el modelo explícitamente formulado por Millas y Teitelboim en junio. (Durante el año 71 hay una pugna dentro del PC y del conjunto de la UP, pero aquí nos interesa la de los comunistas). Posteriormente, a fines de diciembre, un sector se decide y realiza un primer intento de plantear su política de combate a las políticas revolucionarias y de búsqueda de alianzas explícitas y públicas con la DC. En el mes de enero, después de las elecciones de Linares, lo impulsan decididamente. A partir de ese momento se encuentran con dificultades en diferentes planos:

—En primer lugar, con resistencias en el seno mismo del PC.

—En segundo lugar, con diferencias en la UP.

—En tercer lugar, con dificultades con los partidos de la burguesía que no muestran “comprensión” para estas políticas.

  —También con el movimiento de masas, que no estaba todavía “ablandando” en función de un esquema reformista. Se les había ofrecido una revolución y ahora había que frenarla y transformarla en otra cosa.

Debido a ello, estos sectores del PC se repliegan durante los meses de enero, febrero y marzo hasta los primeros días de abril. En este último mes hay dos plenos del PC: uno público, en el cual se enfrentan las dos corrientes y no se logra imponer una sobre la otra, y otro privado, que se realiza, más o menos, en el período en que estábamos conversando nosotros con el PC, en el cual triunfa la política más reformista. En ese momento (abril-mayo) el PC comienza a crear las condiciones para la conciliación y el freno, cuyos resultados hoy estamos midiendo.

—En primer lugar, busca establecer una alianza más estrecha con Allende, crear dentro de la UP un eje Allende-PC, que sólo logra afianzarse públicamente a partir de la carta pública de Allende sobre la Asamblea del Pueblo, pero es evidente que ésta existe desde antes.

—En segundo lugar, intenta someter al PS a sus posiciones, lo que logra en alguna medida durante las elecciones de la CUT, paralelamente a la prosecución de estas medidas está dando un cerrado, inescrupuloso y descarnado ataque contra la Izquierda Revolucionaria, que desencadena en definitiva y como nunca a partir de las elecciones de la CUT (un poco antes, se morigera luego con las conversaciones y luego vuelve a la ofensiva).

—Desde esas posiciones busca, entonces, un grado de alianza con la DC y se abren públicamente las conversaciones UP-DC. Si bien estas conversaciones fracasan desde el punto de vista de su estridencia original y formalidad pública, la verdad es que se mantienen hasta hace muy poco a través del Parlamento (a nivel casi público, puesto que lo advierten públicamente). De este modo, tienen conversaciones periódicas por intermedio de los parlamentarios, especialmente en el Senado, sobre las mismas cuestiones que se discutieron cuando constituyeron las comisiones bilaterales.

—Más todavía, desde allí el PC ya logra tomar el control de la UP y se comienza a hablar del “golpe de timón”, de la “hegemonía” del PC dentro del Gobierno donde imponen sus políticas.

—Ofrecen un modelo político que fue analizado por nosotros en una declaración del Secretariado Nacional, publicada internamente y en los diarios (inserción en “La Tercera”). Todo esto señala cómo el PC fue configurando el modelo político de “ultra-izquierda/ultra-derecha”; luego cómo fueron buscando las alianzas con la burguesía, y cómo entraron a ofrecer garantías a sectores de la burguesía empresarial. Ya el 5 de junio, O. Millas podía decirlo públicamente. Para ese entonces el sector “más” reformista había podido resolver la amplia gama de problemas anteriores, cuestión requerida para iniciar esa determinada política. De este modo el PC pudo abrir el combate virulento y ciego contra el MIR; pues con su modelo político Patria y Libertad y el MIR aparecían como los dos grandes elementos antinómicos al “proceso”, entre ellos se abría una “franja democrática y constructiva”, a partir de la cual era posible golpear fuertemente al MIR.

Esto es lo que el PC comienza a realizar y esa es la situación que antecede a la crisis. El PC controla el manejo del movimiento de masas con el aparato policial y controla, además, las relaciones con la burguesía y el imperialismo a través del Ministerio de Hacienda (O. Millas). Así “el modelo Millas” tiene ya condiciones favorables para comenzar a operar, y lo hace. En cuanto a los resultados, como veremos más adelante, al mes y medio casi se cayó el Gobierno. Ese fue el resultado final de la política reformista ejecutada como nunca y como nunca tan claramente expuesta por ellos, con absoluta hegemonía en el Gobierno y en la UP.

 «INFORME DE LA COMISIÓN POLÍTICA AL COMITÉ CENTRAL

RESTRINGIDO SOBRE “LA CRISIS DE AGOSTO”»

El MIR fue crítico a está línea reformista de claudicación del PC y el fracasado intento de alianza con el PDC. Al interior de los partidos de la UP se levantaban voces críticas a estas negociaciones.

« Aumentados por la Derecha, han obligado a los sectores de la izquierda a un detenido análisis. Dentro de la Unidad Popular, el debate aún prosigue. Apoyo y juicios críticos a las tácticas sustentadas hasta hoy nutren las discusiones internas.


La Izquierda Cristiana, por boca de su Secretario General Subrogante, diputado Pedro Felipe Ramírez, entregó a PF su juicio acerca del momento político que vive el país.


LA DC: PARTIDO CONTRA-REVOLUCIONARIO


PF: ¿Cuál es la experiencia que ha dejado a su partido, como integrante de la UP, el fracaso de las conversaciones con la Democracia Cristiana?


“Nosotros conocemos bien a la DC. Venimos muchos desde allá. Conocemos a sus dirigentes, a sus bases. Sabemos lo que piensan, lo que quieren, como actúan. El hecho de habernos salido no ha generado en nosotros ningún rencor que pudiera hacernos perder objetividad al pronunciarnos acerca de la DC. Vivimos fraternalmente allí y nos fuimos tranquilos de ella, convencidos de que ese partido había perdido toda chance de ser un partido revolucionario, un partido de izquierda, un partido que luche por el socialismo. La última oportunidad que tuvo la vivió con la candidatura Tomic. Su triunfo habría provocado dinamismos poderosos para hacer de ese partido un instrumento revolucionario. Otros son los que se habrían ido. Por esa razón es que trabajamos a fondo en favor de esa candidatura. Pero la ocasión se perdió y no volverá a repetirse. Lo que hay ahora en la DC es gente de centro y gente de derecha. Gente que se debate en las contradicciones del reformismo y gente coherente y firmemente pro capitalista. Todos, sin embargo, unidos en la pasión por el poder, por la hegemonía del poder. Pasión de dirigentes y, sobre todo, pasión de bases. Lo que buscan hoy es el fracaso de la UP. Algunos por la vía rápida, otros esperando el 76. Pero el denominador común es la búsqueda del fracaso de la UP. Todo esto hace que la DC sea un partido que trabajará en contra del proceso revolucionario, cualquiera sea su presidente. Lo hará tratando de mantener a los sectores del pueblo que votan por ella, para lo cual resulta indispensable sostener una imagen populista, hablar de socialismo, hablar de participación, hablar de empresas de trabajadores. Pero en nada de eso creen realmente. El fracaso de las conversaciones no hace otra cosa que confirmarnos lo que ya sabíamos y que oportunamente dijimos a nuestros aliados de la UP.


COMO SE CONFUNDE A LAS MASAS


PF. ¿Podría interpretarse este fracaso como un error táctico (o estratégico) de la línea seguida por la UP hasta el momento?


“La UP se ha debatido hasta ahora entre las masas y la superestructura para buscar la fuerza política que se requiere para llevar adelante el proceso de cambios. Gran parte de las empresas que hoy están en manos de los trabajadores han sido obtenidas apelando, en lo fundamental, al apoyo de las masas. Los conflictos institucionales con el Parlamento, el Poder Judicial y la Contraloría, se han tendido, sin embargo, a enfrentarlos sin sustentarse en las masas, buscando en cambio la salida superestructural. En general, esto confunde a las masas. Les hace perder de vista el PIR aparece como amigo y al día siguiente como enemigo. Un día hay que atacar a la DC y al día siguiente hay que alabarla. Un día se dice que la justicia chilena es una justicia que defiende los intereses de la clase dominante y al otro día se condena a campesinos que se rebelan contra un juez derechista y provocador ¿Qué puede entender entonces el pueblo sobre cuáles son sus amigos y cuáles sus enemigos? Y si se confunde a las masas más conscientes ¿qué queda para los campesinos, pobladores y obreros que, víctimas de su alienación, apoyan a la DC e incluso al Partido Nacional?


Lo que nos preocupaba de las conversaciones con la DC era que la UP no tuviera claro si se trataba de un paso táctico o de una estrategia permanente para la obtención de la fuerza política necesaria. Y si los partidos no lo tenían claro, tampoco lo tendría claro la mesa. En todo caso, queda en pie algo fundamental: el hecho del fracaso de las conversaciones demuestra que el Gobierno y la UP no aceptaron transar aspectos básicos del programa”.


UN PROCESO REVOLUCIONARIO O AVANZA O ES DERROTADO


PF. La posición sustentada por partidos de la UP en el sentido de que es necesario consolidar lo logrado, la considera ajustada al actual momento político?


“El actual momento político no es el mismo que al inicio del Cónclave y es previsible una readecuación de las posiciones de cada partido. Nosotros, en todo caso, antes y ahora hemos dicho que un proceso revolucionario o avanza o es derrotado. Y avanzar significa recoger, de manera adecuada, los factores de radicalización presentes en la sociedad chilena. Y el factor fundamental de radicalización es la existencia de contradicciones sociales que el pueblo vive y siente día a día. En general, entre los pobres y los ricos. Entre el campesino y la burguesía agraria. Entre los asalariados de la mediana y pequeña industria y sus patrones. Entre los sin casa y los dueños de los sitios y de las empresas constructoras. Entre los que pueden comprar auto y los que tienen que resignarse a esperar micro. Entre los médicos que se dedican a la atención particular y del Sermena y las familias de los imponentes del SNS o de aquellos que ni siquiera tienen previsión. Otro factor de radicalización es el conflicto que existe entre la masa y la burocracia. Sólo recogiendo estas contradicciones, levantando en relación a ellas las banderas de los oprimidos, con un sentido de clase, será posible encontrar la fuerza necesaria para derrotar a los enemigos. De allí también nacerá la cohesión de las fuerzas populares, su sentido solidario y su disciplina. De otra forma nos quedaremos sin nada. Sin capacidad para derrotar a los enemigos y con una masa que no verá en el éxito del proceso la solución de sus problemas. Y esta tratará de encontrarla en el reivindicacionismo individual o grupal.


DIFERENCIAS EN LA UP


PF. A su juicio, ¿cuáles serían las diferencias fundamentales que habría entre este planteamiento y el que sostienen otras fuerzas de la UP?


“Nosotros hemos sostenido que es correcto decir que los enemigos son el imperialismo, los monopolios y el latifundio, pero lo incorrecto es tomarlos como los enemigos únicos. Primero, porque afectan las relaciones de producción de una minoría del proletariado y no afectan para nada las condiciones de vida del subproletariado. Segundo, porque existen contradicciones sociales como las señaladas anteriormente que no son recogidas en la lucha contra estos enemigos principales. Tercero, porque la burguesía chilena tiene capacidad suficiente para desplazar sus centros de poder económicos en la medida que sigue teniendo a su favor la estructura social, política y cultural creada por ella. Una demostración clara de esto lo constituye lo sucedido en el agro. Ya casi liquidado el latifundio, la burguesía agraria sigue roncando en el campo chileno. La lucha contra el imperialismo, los monopolios y el latifundio debe darse en un marco general de lucha contra la burguesía”.


ES INDISPENSABLE DESATAR UNA POLÍTICA DE CLASE


PF. ¿Cuál es, a juicio de la IC, el contenido que tiene el llamado que hacen ciertos sectores de la UP a la Democracia Cristiana? ¿Es correcto hacer una diferencia entre las bases del PDC y sus dirigentes?


“Las bases militantes del PDC no son distintas de sus dirigentes. Incluso es posible percibir que ciertos dirigentes son más “razonables” que las bases. Por ejemplo, las bases en su mayoría estaban en contra de las conversaciones UP-DC. Y esto ha hecho que muchos sectores de izquierda crean posible debilitar a la DC sobre la base de agudizar las contradicciones entre sus dirigentes. Un buen ejemplo de esto es que cuando nosotros nos fuimos diciendo que las “bases estaban derechizadas”, tales sectores de izquierda, con sus declaraciones y su prensa, inflaron desmesuradamente la significación numérica de la gente que se venía con nosotros. Siempre les dijimos que estaban equivocados. Que los que partíamos éramos pocos. Que lo hacíamos no para “dividir” al PDC sino para crear afuera un instrumento revolucionario para los cristianos. Y que la única manera de debilitar al PDC es sustrayéndole los sectores populares adherentes. Pero esos sectores no los conquistaremos apelando a su condición de democratacristianos, sino a su condición de oprimidos. Para lo primero se requiere pasar por el tamiz de un partido derechizado. Para lo segundo, se requiere desatar una política de clase”. »


Cuando en   Maipú, hablaban las barricadas en la defensa de la producción.


   

En junio de 1972 el Ministerio de Trabajo dejó sin solucionar varios conflictos sindicales donde se solicitaba la intervención estatal, a raíz de que estaban en curso las conversaciones de Allende con la DC sobre la delimitación del Área de Propiedad Social, resultado de la adopción por parte de la UP de la llamada política Millas-Matus. (81) Fueron los obreros y pobladores de Maipú que habían participado en las movilizaciones anteriores quienes supieron aprovechar la cercanía geográfica de las industrias en conflicto para coordinar sus acciones y “dar la pelea juntos”. Así nace el primer “Comando de Trabajadores del Cordón Cerrillos-Maipú” (sector de la comuna de Maipú, en la cual están ubicadas la mayoría de las industrias). Significativamente su primera acción coordinada consiste en cerrar todas las vías de acceso a la comuna mediante barricadas, de tal forma que todo el territorio quedó bajo control de los trabajadores (los obreros de la extensa concentración de industrias que atraviesa la comuna y los pobladores de campamentos vecinos). Las barricadas se mantuvieron todo el día hasta que varios funcionarios del Gobierno trajeron el decreto de intervención para una empresa y garantías de que se procedería de igual manera con otras dos. Además de esa exigencia, el Comando había declarado en su Manifiesto, después de verter expresiones de adhesión al compañero Presidente, “repudiar al Poder Judicial y a la Contraloría y exigir la libertad de los interventores y dirigentes presos…” y “… aquí estamos los trabajadores en la pelea contra la justicia burguesa”. 


Las experiencias de Cerrillos-Maipú tienen repercusiones en otros sectores de la ciudad. A dos semanas de los acontecimientos, otro Comando organiza una masiva toma de la carretera al aeropuerto internacional. Además, es en las grandes concentraciones de industrias donde se forman también Comandos de Trabajadores con sindicatos y JAPs. En las zonas de extensos núcleos de campamentos se forman “Consejos de Pobladores” -similares organizaciones con otro nombre-, integrados por las direcciones de aquellos y de otras organizaciones poblacionales.



En esta agudización de la lucha de clase, llevo al Comando de Trabajadores pasar a la acción directas. La movilización que impulsamos en Maipú —con el bloqueo de caminos y las barricadas— fue una forma de mostrarle al Presidente Allende que los trabajadores somos quienes debemos tomar los acuerdos… fue una forma de decir que estábamos descontentos con lo que estaba haciendo la UP por arriba. Y creemos que resultó muy impactante, tanto para los trabajadores como para el gobierno. Logramos uno de los objetivos: estaban suspendidas las intervenciones, y sin embargo salieron los decretos para Perlak, Fantuzzi y Polycron. Al mismo tiempo le dimos apoyo al gobierno, como trabajadores; y apoyo es lo que le está faltando en el último tiempo”…


Esto afirmó Santos Romeo González, socialista, secretario del Sindicato Profesional de la Industria Perlak, requisada por resolución del Ministerio de Economía al calor de la movilización obrera. (“¿Qué mejor argumento podíamos dar para convencer a los sectores reacios a las intervenciones?”, comentaba más tarde un ministro socialista. “Los obreros en las calles, paralizando el tránsito y dispuestos a todo … Había que actuar rápidamente”). 

   Aquel viernes 24 de junio, fue la culminación de la lucha que habían comenzado a dar solos los trabajadores de Perlak por la intervención de la industria. En el sector, el Cordón Cerrillos, otras fábricas habían entrado en conflicto, y todas se veían enfrentadas al tácito compás de espera que acompañaba las conversaciones UP-PDC. Al mismo tiempo arreciaba la ofensiva del poder judicial y sobre Perlak pesaba una orden de desalojo que debía cumplirse ese día. El encarcelamiento de interventores y dirigentes sindicales alertó a los trabajadores del sector, que formaron un Comando para iniciar una acción conjunta. Dieciocho industrias participaban en el Comando que acordó la movilización y lanzó la proclama:


“Es para decirle al compañero Presidente que aquí estamos los trabajadores firmes al lado suyo, que no pare el programa popular. Aquí estamos los trabajadores en la pelea contra la justicia burguesa”. Luego detallaron los objetivos del movimiento: Apoyar al gobierno y al Presidente Allende; repudiar al Poder Judicial y a la Contraloría, y exigir la libertad de los interventores y dirigentes presos y la suspensión de querellas. Pedían que no se pararan las intervenciones y que se decretara la intervención de las industrias en conflicto, y exigieron la participación real para lograr el control obrero de la producción.


Las barricadas que dieron fe de este programa se levantaron en Pajaritos, frente a Perlak. Franklin, Mapesa, Cic. También las hubo en Insa y en Pedro Aguirre Cerda con Buzeta.

Para el Partido Socialista, la movilización de Maipú fue “triunfo proletario, triunfo de una línea, triunfo del programa” (Semanario “Posición”, número 12). Señala expresamente la revista que esa movilización, en los términos en que se produjo, es el mejor respaldo al Presidente y al Gobierno Popular.


El diario “El Siglo”, en cambio, calificó de provocadores a quienes estuvieron en las barricadas de Maipú y reprodujo duras declaraciones de Allende contra los manifestantes. Sin embargo, el 25 de junio, el matutino comunista publicaba conceptos emitidos por Víctor Díaz, subsecretario del PC en el Pleno de esa colectividad. Dijo entonces “El Siglo”:

“Los obreros, los campesinos, los pobladores, los trabajadores en general, van a pasar derechamente a presionar con las masas para que los funcionarios se den cuenta que los problemas tienen que resolverse de modo revolucionario. Vamos a pasar del dicho al hecho. Que cada organización, cada sector de masas sepa y sienta que es poder, que participando, exigiendo, los problemas se van a solucionar”.

Cuando el Comando de Trabajadores de Maipú acordó la movilización del 24, sólo se opusieron los dirigentes comunistas del sector. “Sin embargo —explica Santos Romeo— muchos comunistas de base estuvieron con nosotros. Yo vi algunos compañeros que quemaban sus carnets frente a la industria Mapesa”.


Señala que ahora el Comando entró a una nueva etapa. Otras industrias se han unido a ellos en torno al programa levantado en esa oportunidad. “Queremos aumentar la combatividad del movimiento de masas en el sector, y queremos demostrar el poder de los trabajadores”, explica el dirigente sindical. Agrega que el Comando se propone lograr el control de la CUT de Maipú, y llamar a un congreso comunal.


El FTR tuvo —y sigue teniendo— activa participación en la movilización de los obreros y empleados de Maipú.


“Hemos cambiado, la gente ha cambiado mucho estos días de lucha”, —medita Santos Romeo— Empezamos con la huelga, luego fue la toma del Ministerio, después vino el lío con la Ministro Baltra, y luego el corte de camino.


Porque Santos Romeo González, dirigente socialista, es según Mireya Baltra, Ministro del Trabajo, un revolucionario trasnochado, un ultra y un provocador que mereció ser abofeteado. Junto a una festiva caricatura, el diario DC “La Prensa” tituló ese día “Mireya Baltra dejó KO a gallo que se insolentó”, mientras “El Siglo” destacaba: “Mireya les paró el carro a provocadores de Perlak”.


El Presidente del Sindicato Industrial de Perlak, Jaime Ramos Pino, 32 años, socialista, aclara: “Estamos defendiendo nuestros intereses, ¡cómo íbamos a andar con reverencias!”, dice.


El dirigente sindical explica que por acuerdo de los dos sindicatos, se había decidido que no entrara a la industria Octavio González, dirigente provincial de la CUT, porque sus actuaciones anteriores le habían merecido el calificativo de “persona no grata” para los obreros. Como la Ministro condicionara su entrada a la del dirigente de la CUT, se produjo el diálogo que terminó con el manotazo en cuestión.


“Ningún dirigente sindical dio explicaciones, como se dijo entonces”, afirma Ramos. “Nosotros teníamos ya la experiencia de la tramitación en el Ministerio del Trabajo. Para que nos atendieran, tuvimos que presionar con toda nuestra gente allí. Nos decían que no se podían hacer intervenciones sin antecedentes, y nosotros ya habíamos entregado una carpeta con todos los datos”, sostiene el dirigente.


EL SABOTAJE


“Aquí en Perlak no se aguantaba más la explotación y el sabotaje. Nos organizamos para luchar contra eso. El salario de la mayor parte de la gente es treinta escudos diarios. Un compañero con 30 años de trabajo, gana 54 escudos … Nos dan dos escudos para movilización y 50 para arriendo”, cuenta Ramos.


En la Industria Perlak, cuatro familias, emparentadas entre sí —los Carlemari, Cantiquera, Queirolo y Lagomarsino— se repartían la torta.


“En varias oportunidades se llevaban la mercadería por la libre, y la vendían sin que quedara constancia. Así iba todo derecho a sus bolsillos”, acusa Ramos. Recuerda que la última vez que eso sucedió fue mientras los trabajadores iban al funeral de un compañero. “Se llevaron mil cajas de conservas. Así no pagan impuestos ni nada, porque las venden por debajo”, explica.


Lo que más preocupaba a los obreros era el sabotaje a la producción. 

Como podemos darnos cuenta las críticas a la política reformista del PC, tenía diferentes actores políticos de la época, que se manifestaban por profundizar el periodo pre revolucionario.

 « A la política comunista de alianza con la burguesía media y pequeña, Camú responde que en esta correlación lo decisivo es “la propia fuerza de la revolución”, la que se logra “esencialmente por la firmeza y resolución de las vanguardias proletarias de conquistar, én primer lugar, a la mayoría del proletariado, de unir tras sí a las grandes masas de trabajadores, a los mejores hombres de la clase obrera”. Y agrega: “Difícilmente se podría afirmar qué esta tarea está cumplida en Chile, como para poner por encima de esta tarea y contradictoriamente a ella otras tácticas conducentes a la captación o neutralización de la pequeña, mediana burguesía y otros sectores medios y pequeño burgueses”.


Camú especifica que la tesis del PC de hacer concesiones para ganar determinadas capas sociales es antagónica al camino de acrecentar las fuerzas proletarias, semiproletarias del campo y la ciudad, y otras capas populares. “Ciertamente no se ganan estas fuerzas (sobre todo en medio de las dificultades económicas, financieras y de cerco imperialista en que nos encontramos) aceptando la premisa de Orlando Millas de que “EN NADA AYUDA al proceso revolucionario poner el acento en el anuncio de lo que haremos en el futuro, cuando haya condiciones más desarrolladas”. (Subrayado de Camú).


Por el contrario, Camú estima, aludiendo a Rosa Luxemburgo, que la ley vital de toda revolución “es la de avanzar con extrema celeridad y decisión (…) y PLANTEÁNDOSE SIEMPRE METAS ULTERIORES”, de lo contrario será empujada más atrás “de las débiles posiciones de partida”, hasta ser aplastada.



Más adelante, Camú se refiere a los peligros de perder fuerzas entre los propios trabajadores “al optar por políticas de quietismo, atrayentes a la pequeña burguesía”. Da como ejemplo el planteamiento de Millas sobre la cuestión agraria, quien dice “en cuanto A LOS SECTORES NO AFECTADOS por la actual etapa de la Reforma Agraria, debe llegarse con ellos a acuerdos concretos de producción, ASEGURANDO SU ESTABILIDAD Y ASCENSO ECONÓMICO”. Consejo con el cual pretende evitar el efecto de la lucha campesina que, a juicio de Millas, ha enajenado el apoyo de grandes masas de agricultores medios.


Camú señala que un acuerdo con los sectores no afectados por la Reforma Agraria significa concretamente “que no habrá para ellos Reforma Agraria”. Y agrega “esta seguridad brindada a estas clases sociales ‘permitiría’ ganar o neutralizar aproximadamente a treinta y dos mil propietarios de predios entre 20 y 80 hectáreas de riego básico y a setenta y dos mil propietarios de predios entre cinco y veinte has. de riego básico. Esta política, que es correcta sin discusión de nadie con respecto por lo menos a la pequeña propiedad (hasta veinte hectáreas de riego básico y quizás hasta cuarenta) conduce derechamente a la conclusión de que 120 mil obreros agrícolas …que laboran en propiedades de entre 40 y ochenta hectáreas QUEDAN MARGINADOS DE SU DERECHO HISTÓRICO A LA TIERRA, AL NO IMPULSARSE UNA NUEVA Reforma Agraria”. (Subrayado de Camú). 

Debate Mirista un espacio que pretende dar cabida al pensamiento revolucionario del MIR, en el año de la rearticulación…En las próximas publicaciones abordará el surgimiento de los Comandos de Trabajadores y el ” manifiesto de Concepción”.  

« Paralelamente la agudización de los conflictos entre los intereses de los sectores populares y la burguesía se reflejaba en las movilizaciones políticas partidarias de la izquierda, donde toma cuerpo el debate teórico (expuesto con anterioridad) en torno a la línea de comportamiento político que permitiría romper la camisa de fuerza que la derecha parecía ponerle al programa de Gobierno (por ejemplo con la Reforma Constitucional Hamilton-Fuentealba). Las expresiones concretas de la línea más radicalizada se dan a nivel de partidos políticos, en los acontecimientos de Concepción. 


De uno de tales acontecimientos surge el “Manifiesto de Concepción”,  primer documento político que llama a la constitución de los Comandos Comunales. Firmado por los partidos Socialista, MAPU, Izquierda Cristiana y MIR, propone pasar a la ofensiva “unificando las organizaciones populares en Consejos Comunales de Trabajadores que, a través de asambleas por la base resuelven cuestiones de interés inmediato para los trabajadores, tales como el control del abastecimiento a través de las JAPs, como educación y salud, etc.”  Sin embargo la gran movilización conocida como “Asamblea Popular” sería el hecho político que pone en el tapete de discusión de la izquierda la necesidad de que el pueblo desarrollara urgentemente sus propios organismos de poder. Fue convocada por todas las organizaciones populares más representativas de la provincia con la consigna de denunciar el carácter contrarrevolucionario del Parlamento y de formar Consejos Comunales de Trabajadores, lográndose llenar el teatro más grande de la ciudad. Pero constituye simultáneamente el comienzo y el fin de los intentos estructurados de los partidos de la UP de imprimirle un nuevo curso político al proceso en lo que se refiere a la institucionalidad burguesa, y eso, a causa del categórico rechazo que recibe la Asamblea de parte del PC y del propio Presidente, quien calificó la iniciativa como “un proceso que sirve a los enemigos de la causa revolucionaria”, diciendo que “ella entraña un peligroso  » Un adelanto de la próxima publicación de Debate Mirista.

Palabras mayores: el rearme de la memoria y el quehacer político  

COAPO

“La incomprensión del presente proviene inevitablemente de la ignorancia del pasado”. 

 “Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.” José Saramago


Estos espacios de las redes sociales, se han transformado en la expresión del día a día de nuestros intereses, sean colectivos o individuales. Lo que podría ser una poderosa herramienta de información, difusión y debate en la construcción de conciencia social y romper con ese inmovilismo y demonización de la izquierda y la política. Se transforma en catarsis, en eternas descalificaciones y ataques personales, muchos de ellos infundados. La derrota a partir del 11 de septiembre marco a toda una generación, repercutiendo en las generación posteriores.

Quienes fuimos parte de esa hermosa y alegre  generación que creyó que era posible cambiar la sociedad burguesa y construir el futuro socialista y revolucionario. Hoy las nuevas generaciones con su escasa formación política, buscan construir su futuro, viven las condiciones de su tiempo…no aceptan a los “viejos” en la participación de espacios de articulación de organización y lucha. 

Hoy debemos pasar a palabras mayores y actuar con toda la fuerza de la historia…

El continuar el ritual de marchas sin un objetivo superior, que implica conocer  el correlato del accionar y sus resultados.  Desde el 2006 las movilizaciones estudiantiles parecían desatar una verdadera “primavera” en Chile y los emblemáticos dirigentes provenientes la mayoría de las denominadas capas medias y no desde los sectores populares, lograban instalar un discurso político de cambios, que en algunos casos derivó en la llegada al Parlamento y terminar por acomodar su discurso, dentro de la cancha marcada en la transición pactada con la dictadura.

No basta con rezar el título de la película de Aldo Francia 1972, representa justamente ese compromiso por no callar antes las injusticias y asumir un rol combativo más allá del discurso. 

Estos días hemos asistido al acto de provocación, del lanzamiento de un libro escrito por un colaborador de la cni, el periodista Patricio Amigo…buscando instalar la impunidad de los crímenes cometidos por Álvaro Corbalán

Este patético espectáculo del pinochetismo, sólo pudo suceder en Chile, esto en Argentina o Uruguay jamás se hubiera permitido. Un grupo se hicieron presente a las afueras del céntrico hotel para repudiar este shows mediático de los violadores de los DDHH. 

La valentía de la compañera Patricia Zalaquett, de encarar a estos criminales, hizo la diferencia…La verdad debimos haber sido miles pasando a palabras mayores y actuando, en esto me incluyo haciéndome la autocrítica…

Para entender este estado de inmovilismo y reacción, debemos recorrer la historia de lo que ha sido y significado el 11 de septiembre, una fecha que debería ser una jornada de protesta y no en un paseo de domingo de misa.


Entre 1982 y 1987, el 11 de septiembre se mantuvo como una fecha de protesta en el marco de una creciente oposición al régimen militar. Dichas protestas expresaban mayores grados de organización y masividad que en años anteriores. La crisis económica de 1983 jugó un rol fundamental como detonante del descontento popular, el que se expresaba en manifestaciones que se tornaban cada vez más radicales y violentas. Se comenzaron a organizar grupos opositores a la dictadura militar conformados por partidos políticos de centro y de izquierda, así como también por movimientos sociales de diversa índole, entre los que podemos mencionar sindicatos, agrupaciones estudiantiles, agrupaciones poblacionales y organizaciones de defensa de los derechos humanos.


“Los fracasos militares de 1986 fueron muy importantes en la lucha de las oposiciones. Permitieron dar vuelta a los vacilantes y obtener argumentaciones para debilitar una política que hasta entonces encontraba fuerte justificación ética en la reiteración de la violencia represiva y justificación política en el inmovilismo” 


El año 1990 es el primero en que las conmemoraciones del 11 de septiembre se realizan en está pseuda democracia. Este sentido especial fue realzado por la realización, en los días previos, del entierro oficial de Salvador Allende en el Cementerio General. A diferencia de años anteriores, la marcha comenzó en el centro de Santiago, para terminar en el mausoleo de Allende. 


“… los conflictos en la vía pública y en el Cementerio General, que irían agudizándose en los años siguientes y que marcan uno de los principales quiebres de las memorias compartidas por la oposición en la época de la dictadura: la separación entre la postura conciliadora y de “día triste y de reflexión” del gobierno concertacionista y la postura de lucha por encarcelar a los culpables de las violaciones a los derechos humanos, que reivindica abiertamente y confronta con la derecha la obra y las figuras emblemáticas de los caídos en 1973 y en los años siguientes: Salvador Allende, Víctor Jara, Miguel Enríquez, y el conjunto de los ejecutados políticos y los detenidos-desaparecidos” 


En 1991 la marcha del 11 de septiembre convocó a miles de personas bajo la consigna “Marcha por la dignidad y esperanza del pueblo chileno”. En La Moneda, el gobierno realizó un acto de homenaje a los caídos el 11, bajo la lógica de la reconciliación. 




Desde el año 2000 hasta el año 2006 la marcha pasa por un costado de La Moneda: la calle Morandé. Ahí los manifestantes se detenían frente al lugar donde se ubicaba la puerta de Morandé 80 y desde el año 2003 donde se la reconstruyó.

 En la misma calle, al llegar a la Plaza de la Constitución, la marcha se detiene nuevamente frente a la estatua del presidente Salvador Allende.


Desde las agrupaciones de DDHH, se llega a un acuerdo para trasladar la conmemoración del 11 para el día domingo, renunciando al legítimo derecho de rendir homenaje el día 11 a los caídos y asesinados. 


En los últimos años un grupo de compañeros ha impulsado, la denominada marcha al revés. Sin lugar a dudas todo un simbolismo y sentido de protesta, pero que no romper con la imposición de invisibilidad del 11 de septiembre, otorgando un carácter casi festivo a la fecha. La memoria tiende a laudar en el olvido cómplice, o está apatía del sistema que nos sumerge en el consumismo e individualismo. 


acción rearme.

Los que hoy se conoce como marcha al revés, tiene como referencia la iniciativa organizada por un grupo de académicos de la Universidad Arcis,  psicólogos sociales y una historiadora. La marchaRearme fue organizada en torno a una acción central: el traslado, desde el Cementerio General hasta La Moneda, de una reproducción del Memorial del Detenido Desaparecido y del Ejecutado Político. Para eso se produjo una gigantografía de dicho memorial, que luego fue cortada en 64 piezas que fueron repartidas entre diversas personas que se habían responsabilizado de llevarlas de vuelta al centro de la ciudad. Al unir estas piezas, en manos de los marchantes se lograba una imagen del memorial, esto fue llamado acción rearme. Los organizadores de está iniciativa en el 2005, señalaban el significado: El nombre era provocativo, pero también polisémico. La foto del afiche y el lema propuesto “MarchaRearme una posibilidad de resignificar y dar nuevos sentidos a la memoria social…” apuntaban directamente a pensar en el rearme de nuestra memoria. 


Tanto la idea del rearme como un re-tomar las armas y la del rearme como rearmar nuestra memoria tuvieron un efecto político. La primera en términos del imaginario social que movilizaba, asociado a representaciones de enfrentamiento armado, y la segunda, respecto del llamado, implícito a hacerse cargo, como sociedad, de una memoria que se muestra en fragmentos y que, de todos ellos, sólo algunos han ocupado el lugar de los discursos oficiales. El imaginario social movilizado por el nombre, también fue reforzado por los colores escogidos para el afiche y los volantes de difusión, puesto los colores escogidos son el rojo y el negro, asociados históricamente al Movimiento de Izquierda Revolucionaria.









La Izquierda Anticapitalista: de la derrota política a la contraofensiva

COAPO

Se comparte un análisis político, de Pablo Abufom Silva de solidaridad, publicado en hemisferio izquierdo de Uruguay . 

«Un debate necesario en el proceso de rearticulación del MIR, estableciendo ese trabajo político y social, recogiendo otras miradas  políticas relacionadas con  la Situación Nacional del país. »

Chile: de la derrota a la contraofensiva
Pablo Abufom Silva

   Hemisferio Izquierdo: ¿Cuáles son los trazos fundamentales del momento político y cuáles son las tareas principales para encararlo?

“No todo lo que se enfrenta puede ser transformado, pero no es posible transformar algo a menos que se lo enfrente.”

James Baldwin
 

En Chile, 1973 significó una derrota estratégica para el pueblo trabajador, y representó una clausura del siglo XX chileno. Se trató de una derrota estratégica porque no solo eliminó materialmente a los sectores organizados del pueblo y la izquierda, sino que estableció cultural, social, económica y políticamente las bases para la eliminación del proyecto socialista, en cuanto horizonte histórico de realización de los intereses de la clase trabajadora.

 
Uno de los efectos más contundentes de esta eliminación ha sido la deriva estratégica de la izquierda, dividida entre la renovación y la marginalidad. Hoy es posible plantear que el pueblo trabajador ha recorrido distintas etapas en este periodo: desde su paso por la resistencia (1973-1990), una fase de rearticulación (1990-2001), un vertiginoso momento de acumulación de fuerzas (2001-2011) y desde el 2011 en adelante podemos constatar una nueva fase de avance sustantivo en las condiciones que permitirán el comienzo de una contraofensiva social y política, todavía débil pero claramente distinguible de la etapa anterior.
 

Un análisis político que intente establecer las fases de un determinado periodo debe tomar en cuenta elementos cualitativos (programa, organización, radicalidad) y cuantitativos (masividad, presencia mediática, etc.), y en ese sentido uno de los elementos centrales de esta nueva fase para el pueblo trabajador en Chile es una determinada disposición de lucha, que le permite enfrentar coyunturas críticas con una síntesis de lecciones recientes y con una voluntad de victoria que se traduce en mayor claridad programática, flexibilidad táctica y recomposición de su organización. La re-emergencia del feminismo en los últimos años es quizá una de las muestras más claras de esta disposición al contraataque. Pero, aunque se trata de un proceso significativo, todavía es incipiente, y avanza a distintas velocidades en los distintos sectores, y por lo mismo no podemos confundir la golondrina de estos avances con el verano de una contraofensiva.

 

Una época de grandes avances y de grandes retrocesos: el periodo de la crisis y el ajuste

El periodo actual se caracteriza porque la crisis del capital se organiza en torno a los ajustes (como medidas fiscales, monetarias y financieras para intentar recuperar la tasa de ganancia), siendo una de sus formas el ataque a los y las trabajadoras tanto en el ámbito de la producción (flexibilización y precarización del empleo, relocalización de la industria hacia lugares con mano de obra barata, fragmentación de los centros productivos) como de la reproducción (destrucción de la seguridad social, ataques a los derechos sexuales reproductivos y no reproductivos, integración subordinada de las mujeres al mercado laboral). De forma aparentemente paradójica, la expresión política de dicha crisis ha sido una dificultad creciente por parte del bloque dominante a nivel mundial para asegurar su hegemonía: no dejan de estar al volante, pero cada vez se les hace más difícil conducir. En otras palabras, la evolución de las crisis durante el periodo ha llevado, al mismo tiempo, al desarme de la clase trabajadora y al agotamiento de los modelos de hegemonía democrática de los últimos 30 años.
 

Nos encontramos en un momento en que el debilitamiento del centro político, expresión del agotamiento del pacto de la llamada “transición a la democracia”, engendra un complejo proceso sociopolítico. En esta larga coyuntura posterior a la gran movilización estudiantil del 2011, es posible reconocer dos tendencias complementarias que comienzan a fisurar los sentidos comunes sobre el periodo que han enmarcado la acción de la izquierda.
 
Por un lado, desde el ciclo de movilizaciones 2007-2013, hemos sido parte de un proceso ascendente de politización de capas de la población que se habían mantenido al margen de la acción social organizada. Las marchas masivas no solamente ponen sobre la mesa las demandas, sino que llevan a sus participantes a una experiencia de lo colectivo que había sido desalojada de la vida cotidiana en Chile. Al mismo tiempo, se ha detectado un aumento de la participación de la población en organizaciones sociales de algún tipo (desde centros de estudiantes hasta clubes deportivos). Por ambas cosas, es posible afirmar que Chile vive un proceso de politización. Lentamente, pero de manera más masiva y acelerada que antes, esos sectores de la población sin tradición militante o experiencias organizativas previas, están más dispuestos a participar políticamente en sus formas más acotadas (elecciones) o en sus formas más sofisticadas y demandantes (activismo y militancias políticas).
 
Esta tendencia se expresa a su vez como un desplazamiento de la potencia política desde el centro tradicional hacia los extremos del espectro. Este proceso de polarización puede interpretarse como una respuesta coyuntural a una crisis a nivel de periodo histórico: la disputa por el excedente y la organización de la re/producción, cada vez más aguda, toma la forma de una fuerte competencia entre sectores políticos que se proponen representar a los distintos sectores del pueblo. Esta tendencia a la polarización tiene hoy una realidad mundial en la emergencia tanto de fracciones ultraderechistas como de nuevas fuerzas de izquierda, que se proponen salidas de la crisis restauradoras o transformadoras, respectivamente. En Chile esa polarización adquirió la forma de una reconfiguración del mapa político en el escenario del Estado, con una derecha múltiple (cubriendo el rango de la ultraderecha pinochetista a la derecha liberal) y una novedosa pero tibia renovación de la izquierda (Frente Amplio).
 
Lo más interesante es que esta polarización también se expresa en el escenario de lo social, que ha sido objeto de renovado interés para todo el arco de partidos y movimientos sociales y políticos de la derecha, desde el activismo ultraderechista al alero de J.A. Kast u otras corrientes nacionalistas o neonazis hasta los infatigables esfuerzos de la pinochetista UDI por retomar la línea “popular” dura de figuras fundacionales como Jaime Guzmán y Pablo Longueira, pero también y quizá principalmente en el crecimiento en número y densidad ideológica de las iglesias evangélicas en centros y periferias de Chile. Se constata y es posible proyectar una politización de base por la derecha. La izquierda queda amenazada en lo social, pierde terreno ante esta avanzada por abajo de la derecha, y su marginalidad ya no es resultado de su internalización de la derrota estratégica o las condiciones difíciles del terreno, sino porque hay un adversario activo.
 
 
Avanzada conservadora y conflictos multisectoriales
 

Otra tensión clave de la coyuntura es la que se da entre la avanzada conservadora en lo programático y lo institucional, por un lado, y la clara emergencia de conflictos con un carácter transversal o multisectorial que responden a ese ataque. La potencia actual del movimiento de mujeres y del movimiento contra el sistema privado de pensiones (AFP) responde a dos ejes centrales de la avanzada restauradora de las fuerzas derechistas en América Latina y el mundo: la precarización de la vida mediante el desarme de la seguridad social (o su empeoramiento en el caso de Chile) y una nueva fase de sometimiento de la reproducción a los requerimientos de la acumulación capitalista (el discurso de las fuerzas conservadoras que tachan de ideológico el cuestionamiento a la heteronorma, o el desmantelamiento de legislaciones pro-aborto, una de las pocas cosas en las que Chile va a contrapelo de la tendencia mundial). No es casual que la seguridad social aparezca como un elemento que permite articular varias de las luchas que se plantean hoy estos movimientos. La evidencia que tenemos todavía muestra un movimiento de reacciones ante las acciones del bloque dominante, y no necesariamente un programa de transformaciones que movilice al conjunto de esos sectores. Pero no cabe duda de que ésta será una tendencia clave de las luchas sociales en los años venideros.

 

En un contexto de derrota y carencia estratégica, de desarticulación de las fuerzas políticas consecuentemente revolucionarias y un tejido social debilitado, las fuerzas conservadoras han apretado el acelerador del racismo, fomentando de ese modo una competencia entre personas de distintos países, etnias o comunidades. En un nivel semejante, la agudización de la violencia de género en la dimensión en que ésta es un esfuerzo de resguardar y restaurar permanentemente las condiciones de vida dadas por un trabajo reproductivo impago en el marco de la subordinación propia de las relaciones de dependencia, es también un modo de profundizar la competencia entre hombres y mujeres; ambas son formas en que se desarrolla la competencia entre sectores de la clase trabajadora, y allí las fuerzas conservadoras cumplen una tarea central en dar forma e inteligibilidad a los límites y fronteras que marcan los bandos en competencia.

 
Cuando reina la precarización del empleo y el empobrecimiento de la vida cotidiana, la ultraderecha ha sabido organizar el descontento mediante la creación de enemigos internos y externos, materiales e inmateriales, que explican los males y orientan las soluciones. De ese modo, la ultraderecha aspira a desatar las pasiones enajenadas del pueblo. Desde la “ideología de género” hasta los “migrantes ilegales”, la ultraderecha promete responder a las necesidades populares. En el caso de los grupos que actúan por fuera de la política institucional, incluso han tomado la delantera en acciones que apuntan a resolver prácticamente las condiciones de miseria de franjas precarizadas del pueblo. Una nueva experiencia de lo colectivo, por derecha.
 

La tarea en este contexto es doble: combatir a la ultraderecha implica cerrarle el paso en el espacio público, inhibiendo la difusión de su ideología de odio, al mismo tiempo que respondemos a lo que ellos dicen responder. El combate frontal al fascismo lo frena, pero lo único que lo elimina es el socavamiento de las bases que permiten articular una conciencia ultraderechista en el pueblo trabajador: una alternativa concreta y realista a los efectos del capitalismo en sus vidas cotidianas.

 
 
Frente Amplio y espacio anti-neoliberal, una lectura posible
 
En el contexto descrito más arriba, tiene sentido afirmar que el Frente Amplio tiene un carácter progresivo. Dado el estado de la conciencia política de la clase trabajadora, y en un contexto de politización + polarización, el Frente Amplio aparece para muchas personas como la puerta de entrada a la activación de su acción política o político-social. Pese a ello, producto de su composición de clase y por la fragilidad de su proyecto en términos estratégicos, el Frente Amplio tiene un gran potencial regresivo y restaurador. Siempre ha sido hegemónico en él una línea estratégica reformista con un programa socialdemócrata, pese a los sueños y esfuerzos de los sectores que se reclaman revolucionarios y socialistas. Por ello, ya se pueden percibir las jugadas restauradoras de algunos parlamentarios o voceros que votan a favor de tratados de libre comercio u ocupan sus vocerías para cuestionar la democracia en Cuba y Venezuela, poniéndose del mismo lado que la derecha chilena y latinoamericana. Sin embargo, no puede decirse que ese potencial esté desplegado actualmente, porque todavía no se cierra el nuevo ciclo político-institucional abierto por las elecciones de 2017. No basta con sus defensas a la libertad de expresión de Kast, sus críticas a Cuba o su tibieza en las votaciones en el Parlamento: el FA será una fuerza regresiva cuando sus partidos y sus parlamentarios asuman abiertamente funciones restauradoras del régimen político, social y económico, no en oposición a los ideales de la doctrina socialista, sino en oposición a los movimientos sociales y las entusiastas capas del pueblo que votaron por esa coalición.
 
Por otro lado, el Frente Amplio es expresión de un fenómeno más amplio que es la apertura de un espacio “anti-neoliberal”(1), en el que participan o pueden participar todas las fuerzas políticas progresistas que señalan la clave del cambio de periodo político en la conversión del modelo neoliberal en un modelo pos-neoliberal, encarnado por un Estado social y democrático y en una sociedad que garantiza derechos sociales. En este espacio caben una variedad de reformismos, desde el progresismo PS hasta el PC. El éxito del Frente Amplio, en este contexto, está en directa proporción con el fracaso de la Nueva Mayoría: un relato de derechos sociales es inverosímil en una coalición neoliberal como la NM, y el Frente Amplio tiene, por ahora, carta blanca para poner a prueba sus tesis políticas. En este sentido, el rédito político del Frente Amplio bien pudiera ser de corta duración, en la medida en que existe de manera patente el riesgo de subsumirse en una oposición formal que lo haga indistinguible de la Nueva Mayoría y que lo fuerce, por ello, a la posibilidad latente de convertirse en una renovación de las fuerzas históricas de la fracción progresista del bloque en el poder.
 

Este espacio anti-neoliberal es el ámbito en donde existen y se desarrollan la mayoría de las luchas sociales actuales, principalmente enfocadas a los efectos nefastos de una contrarrevolución neoliberal madura, que ha agotado los mecanismos tradicionales de privatización y precarización, y se ve enfrentada a una sociedad que ya no tiene mucho más que perder. Este espacio anti-neoliberal, que el Frente Amplio busca expresar y representar, es el punto de partida de una Izquierda Anticapitalista, con cuyas bases sociales debe vincularse, comprendiendo sus aspiraciones y posibles desencantos, tomando en cuenta su actual o potencial adhesión a la promesa que encarna el FA.

 
 
Tareas para una Izquierda Anticapitalista en el contexto actual
 
En el actual contexto, se plantean una serie de tareas políticas para una Izquierda Anticapitalista que aquí solo alcanzamos a esbozar. La primera de ellas es la de superar la derrota estratégica, y más específicamente superar la constante auto-marginación de los espacios vivos de las masas, el sectarismo auto-complaciente en sus lecturas y el énfasis desmedido en análisis y despliegues tácticos como centro de su actividad. En segundo lugar, y como una de las principales líneas que permitirán superar la derrota, una Izquierda Anticapitalista debe asumir el feminismo como horizonte estratégico, es decir, transformar los elementos claves de su análisis y su práctica política contemplando el lugar de la producción del género, la violencia patriarcal y las formas de la reproducción como aspectos esenciales del modo en que se organiza la vida social. En tercer lugar, urge proyectar el desarrollo de la capacidad política de la clase trabajadora, entendida en toda su heterogeneidad y complejidad, para organizar la producción y reproducción de la vida social, con el horizonte de una democracia autogestionaria del pueblo trabajador. Esto implica visualizar los caminos de lucha y las conquistas que permitirán una acumulación de fuerzas no solo en el ámbito subjetivo de su organización, sino también en su intervención política activa en la toma de decisiones de los espacios vitales de la clase, desde los ámbitos educativos hasta los centros de trabajo productivo y reproductivo. Finalmente, en la coyuntura actual se abre un momento en el que es posible para una Izquierda Anticapitalista el ensayo de formas intermedias de unidad, que superen las relaciones meramente coyunturales o tácticas, para llegar a conformar un sector de Izquierda Anticapitalista como fuerza política con capacidad de intervención e interpelación nacional, como una voz que no solo hable de los objetivos finalistas de la lucha sino de todos y cada uno de los momentos de una transformación económica, política y cultural del país y la región. Finalmente, en el mediano plazo, una fuerza política de izquierda y anticapitalista debe apuntar a constituirse como un movimiento político de masas con un fuerte arraigo social, con una nueva cultura política clasista y feminista que se movilice y actúe en torno a un programa que emerja y se proyecte desde las necesidades inmediatas de la clase en un contexto de crisis y ajuste. Si no quiere quedar sumergida en las aguas turbulentas de la fase actual, la Izquierda Anticapitalista debe, de una vez por todas, salir de la derrota y organizar la contraofensiva.
 

 

El período                    pre revolucionario       y el gobierno de Allende

COAPO

El MIR hasta mayo de 1970 sostuvo la opción única de la lucha armada, para generar las condiciones revolucionarias. La lectura de la coyuntura política determinó, un fortalecimiento del trabajo de masas y preparar cuadros políticos-militar para la defensa del gobierno de la Unidad Popular.

“Para empujar estas movilizaciones, para combatir la legalidad de los patrones, es imprescindible la unidad de todos los sectores del pueblo. Y ella exige la unidad de las fuerzas más importantes de la izquierda.

La única alternativa hoy en Chile es socialismo o fascismo. Estamos todos comprometidos con el resultado de este proceso. No es posible que se pierdan Federaciones estudiantiles en Santiago, en Temuco y en Ñuble exclusivamente por el sectarismo de algunas fuerzas de la Unidad Popular que han impedido la unidad de la izquierda, entregando así victorias a la Democracia Cristiana.

[…]

¿Cómo no quisieran las clases dominantes que el pueblo se dividiera definitivamente? ¿Cómo no quisieran “El Mercurio”, “La Prensa”, “La Tribuna”, que la izquierda comenzara una lucha fratricida? ¿Cómo no quisieran los reaccionarios que entre la izquierda revolucionaria y el gobierno se abriera un nivel de enfrentamiento que en su desarrollo llevara inexorablemente al hundimiento del proceso?

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria busca la unidad de todo el pueblo y de toda la izquierda para enfrentar en definitiva a las clases dominantes nacionales y extranjeras.

En 1970 el MIR siguió profundizando su inserción en los movimientos de masas, constituyendo y reforzando los llamados Frentes Intermedios o Frentes de Masas, los cuales servían de puente entre el partido y los sectores populares. En el frente estudiantil, mantenía dos agrupaciones: por un lado con el Movimiento Universitario de Izquierda (MUI), cuya fundación es paralela a la del partido incluso (agosto – septiembre de 1965) siendo parte del proceso de unificación de la izquierda que dio origen al MIR. Por medio de esta agrupación, el partido mantenía su  influencia revolucionaria en los estudiantes de la zona de Concepción logrando conservar la dirección de la federación estudiantil universitaria hasta 1972. Y por otro lado, con el Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER), fundado en 1968 con bases en Santiago y Valparaíso, logró transformarse en la tercera fuerza política de la izquierda tanto en la Federación de Estudiantes la Universidad de Chile (FECH) como en la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago (FESES). 

Alejandro Manque

En el movimiento campesino, específicamente en el pueblo mapuche, el MIR impulsó 15 “corridas de cerco” entre mayo y septiembre de 1970, especialmente en la zona de Arauco y Cautín, y en septiembre de 1970 organizó el Movimiento Campesino Revolucionario (MCR).  “A partir de las acciones directas de los mapuches, con el aliento del Movimiento Campesino Revolucionario (MCR) se extendió una ola de tomas de fundos, en lo que se llamó el verano caliente de 1971”.  Sin embargo, el MIR no era el único actuante en el campo. También el PCR, mediante su organización Netuiañ Mapu (A recuperar la tierra), impulsaba las corridas de cerco y se construía entre el movimiento mapuche, revelando que la agitación en el campo tenia variadas influencias. 

La Dirección del partido analizó las condiciones objetivas, de un eventual triunfo de Salvador Allende. Las divisiones de las fuerzas hegemónica del país, con dos candidatos a la presidencia. El MIR entendía la importancia de la lucha electoral, para profundizar el trabajo político de masas. Centrándose en los sectores periféricos de la sociedad chilena.

El MIR profundizó la influencia política en los sectores poblacionales, estudiantil y los obreros.

 El MIR se concentró en Santiago, bajo el accionar de las tomas de terrenos, los siete campamentos orientados por el MIR entre enero y julio de 1970: “26 de Enero”, “La Unión”, “26 de Julio”, “Rigoberto Zamora”, “Magaly Honorato”, “Ranquil” y “Elmo Catalán”. Estos tres últimos conformaron, en noviembre del mismo año, la población “Nueva la Habana”, el referente poblacional más importante del MIR, dirigido por Víctor Toro. A partir de sus bases en el movimiento de pobladores, el MIR impulsó el Movimiento de Pobladores Revolucionarios 

El (MPR) logró el control territorial a manos de los pobladores. Lo que fue criticado por sectores trotskista. Agrupados  en el MIR – FR.  Se cuestionaba el método de elección de las directivas de los campamentos, que de acuerdo al período se privilegio una estructura de carácter político-militar.

El MIR impulsaba en todos sus frentes, el partido de cuadros con militantes disciplinados y preparados para las tareas necesarias.

La población Nueva La Habana, se logró avanzar en el poder popular, logrando el control territorial. Se organizó la vida urbana con la participación en la toma de decisiones de los pobladores.

La oganización del campamento contaba con una red organizativa que partía desde la manzana hasta llegar a la asamblea del campamento, formándose una jefatura de 8 miembros elegidos por todos los pobladores y una dirección (integrado por la jefatura, los representantes de los frentes y los 24 jefes de manzana elegidos por sus vecinos). Además, contaba con diversos “frentes”, encargados de las tareas de autodefensa y seguridad interna, salud e higiene, la construcción de las viviendas y educación y cultura, formando con ello, un gran organismo centralizado que le permitió un gran nivel de organización, autonomía en la acción común y combatividad de la población. 

Esta organización de control territorial, no logró ser instalada en el resto de los sectores populares del país. 

La correlación de fuerzas de la izquierda reformista fue un factor que frenó, toda iniciativa del poder popular en las fábricas y poblaciones. Existía, junto al MPR , el Comando de Pobladores de la CUT, de preponderancia comunista y la Central Única de Pobladores, orientada por el PS. 
“Según estimaciones del Ministerio de Vivienda de la época, hacia mayo de 1972 unas 83.000 familias vivían en campamentos, de los cuales unas 6.000 habitaban en los territorios con participación del MIR, por lo cual se alcanzaba poco más del 7 % de la población que habitaba en esas agrupaciones poblacionales”.
Así mismo, el MIR y los demás partidos, no habrían contado con la dirección absoluta del movimiento (aunque esto no descarta que efectivamente así ocurriera en el frente de masas del MIR, el MPR), el movimiento de pobladores habría transitado por carriles propios y acordes a su propia historia y, además, los partidos en general (y el MIR en particular) sólo se habrían legitimado frente a los pobladores cuando sus políticas representaran efectivamente los intereses revolucionarios y no la política reformista del PC y PS.



«Un ejemplo de lo señalado lo encontramos en la lucha contra la dictadura, en 1983 la Coordinadora de Agrupaciones Poblacionales del MIR, busco alianzas estratégicas con la Metropolitana de Pobladores del PC y otras orgánicas, logrando una coordinación en los territorios. Fue así que el 22 de septiembre de 1983, se llevó a lugar una de las tomas más grandes en plena dictadura. Se avanzó en la unidad en la acción, organizando las jornadas de Protestas Nacional.

Se logró constituir el CUP y convocar a una de las más combativa jornadas de Protestas Popular. Desde los partidos políticos se profundizar las diferencias histórica de la izquierda reformista y el MIR.»



Hacia octubre de 1971 se organizó el Frente de Trabajadores Revolucionario (FTR) con un programa que contemplaba la expansión del Área de Propiedad Social (APS), la expropiación de las propiedades norteamericanas y las grandes empresas y monopolios, en control obrero de la producción en la mediana y pequeña industria, la materialización de la participación de los obreros en las empresas del Área Social y Mixta, la expropiación de todas las grandes empresas constructoras, el aumento de los salarios, la exigencia a la CUT para que impulsara la “democracia directa desde las bases” y la unidad con pobladores y campesinos.
Al año siguiente, el FTR levantó una plataforma sindical para las elecciones de la CUT, organizándose a nivel nacional. A partir de allí ganó la dirección de algunos sindicatos, además de la orientación de algunas huelgas y tomas de fábricas, especialmente en Santiago, Concepción, Lota – Coronel y Talcahuano: 

 

 “Por primera vez en la historia de la Central Única de Trabajadores, CUT, la presencia de posiciones revolucionarias adquiere niveles masivos y militantes de la izquierda revolucionaria, legitimados en la masa obrera, llegaron a su organismo máximo a plantear la discusión ideológica (…) Decenas de delegados del Frente de Trabajadores Revolucionario, FTR, representando a miles y miles de trabajadores en todo Chile participaron activamente en las discusiones y lograron hacer aprobar planteamientos básicos en las resoluciones finales (…) El FTR, corriente de opinión muy nueva en el contexto sindical, que agrupa sobre todo a jóvenes trabajadores revolucionarios, cobró legitimidad en el seno de la organización máxima sindical chilena, convirtiéndose en la alternativa frente al vacío de conducción que han creado en las masas los errores cometidos por la izquierda tradicional. 

 “Los resultados son objeto de arduas discusiones, incluso acusaciones de fraude, pero finalmente arrojan para el PC el 30 % de los votos, 26,4% para el PS, 5,2% para el Mapu. El PR obtiene 4,7% y el MIR 2,1%. La DC logra un 24,6%. Sufragan en la elección 560.000 trabajadores de un total de afiliados superior a 800.000, alto porcentaje de votantes si se considera que es la primera vez en que se realiza la elección directa”. 

Miguel Enríquez en relación a la baja votación alcanzada en las elecciones de la CUT señaló: “…lo que pasa es que somos una vanguardia ideológica, pero no somos una vanguardia política; entonces como partido, mejor hagamos un centro de estudio. “

 “Cuando se discutió la declaración de principios del FTR, el MIR sostuvo que el FTR era una corriente de opinión política. 

Esta caracterización implicaba fortalecerse ideológicamente el desarrollo y la actividad del FTR (…) El Frente Revolucionario sostuvo que el FTR tenía que ser un organismo vivo y actuante en el seno del movimiento obrero, abierto a todos los trabajadores que estén dispuestos a luchar por su programa, a emplear sus tácticas de lucha y que concuerden con su objetivo máximo, cual es, la toma del Poder por los Trabajadores.

 Así se acordó por los trabajadores, el MIR, tendencia mayoritaria en el seno del FTR y en la dirección del mismo, sacó documentos a nombre del FTR en que hace aparecer a este organismo sustentando los puntos de vista del MIR. (…) Se generaron críticas de aquellos sectores que se oponían a la construcción del partido de cuadros.

 

 “Con el propósito de revertir la conducción reformista en revolucionaria, vuelca al partido hacia las masas (lo que es correcto en términos generales), se generan los frentes intermedios (para alentar la alianza de los revolucionarios por la base y a la vez para potenciar la conducción hacia sectores más amplios de la clase obrera y el pueblo). Pero en este vuelco se abre al partido y sus militantes y sus dirigentes en mayor o menor medida pierden su clandestinidad. (…) 

Sus militantes, dirigentes y los sectores revolucionarios aliados pierden tempranamente la clandestinidad. Con esta táctica, el MIR no logró conducir ni tampoco ligarse a las masas, sino sólo a sus sectores más radicalizados, que a su vez se desligan del resto de las masas y muchos de ellos también pierden la clandestinidad: FTR, MCR, MPR, FER, etc.” Aguiló Hernán

Los frentes de masas asumen la conducción del poder popular, dando una conducción a la lucha por el abastecimiento en las poblaciones. La lucha reivindicativa del pueblo careció de la adecuada conducción política revolucionaria. 

El paro de los camioneros con financiamiento norteamericano, en octubre de 1972 logró su objetivo fascista de estrangular la economía, arrastrando al gobierno a una crisis instalando a los militares en los puestos claves del Ejecutivo. El Presidente Allende optó por institucional los canales de distribución de abastecimiento: las JAP fue la respuesta política administrada desde la cúpula del poder. El MIR proponía el control directo de la producción y abastecimiento, organizado desde los cordones industriales y los territorios. 

Las inquietudes y necesidades del pueblo, tuvieron una lectura reformista y conciliadora de parte del gobierno. La coyuntura política requería una organización popular que permitiera el control territorial. 

El MIR había logrado importantes avances en el poder popular autónomo, que no fue insuficiente para los desafíos de la lucha de clase de la época. 

 El gobierno, habiendo disuelto los comités de base, se había separado de los organismos que lo conectaban con las organizaciones del movimiento de masas (como sindicatos, centros de madres, juntas de vecinos, comités de pobladores, etc.) y que por tanto podían presionarlo directamente. También había logrado por esa vía, evitar la influencia de grupos de izquierda como el MIR – Frente Revolucionario, más tarde sólo FR, el PCR y el PC “Bandera Roja” (maoísta) que integraban dichos comités que habían sido abiertos. El MIR, que se vinculaba cada vez más a la UP, ganaba por medio de los frentes de masas un mecanismo de presión al gobierno dejando fuera al resto de la izquierda y, a la vez, posicionándose como alternativa única de izquierda revolucionaria. 

Después del asesinato de Edmundo Pérez Zújovic y la muerte de los dirigentes de la Vanguardia 

Organizada del Pueblo (VOP), los hermanos Rivera y Heriberto Salazar, el MIR, previo repudio tanto del asesinato como también a las exigencias de la DC contra la izquierda revolucionaria, impulsó una campaña para  “cerrar filas frente al ataque enemigo, seguir avanzando, apoyarse resueltamente en las masas y desde allí quebrarle la mano al freísmo. Lamentablemente (…) una de las fuerzas de la Unidad Popular (…) hoy se tienta a equivocar de enemigo, elude responder, o responde débilmente a las incursiones sediciosas del freísmo democratacristiano y trata de dividir a la izquierda, atacando torpe y artificialmente al MIR cuando más que nunca es necesaria la unidad de toda la izquierda y los trabajadores.

 El MIR lanzó una campaña unitaria contra la DC, principalmente, partido que definió como burgués; denunciando al mismo tiempo al PC como sectario por sus ataques contra el MIR. Estas tensiones con el PC fueron aumentando, bajo la forma de discusiones ideológicas y polémicas por medio de sus medios de propaganda, principalmente sus respectivos periódicos (El Rebelde y El Siglo). 

A partir de este momento, se irán definiendo cada vez más los análisis del MIR sobre la UP, distinguiendo al interior de ésta a un sector reformista (identificado, en general con el PC y el ala derecha del PS dirigida por Clodomiro Almeyda y Aniceto Rodríguez) y otro revolucionario (identificado con el ala izquierda del PS, orientada por Altamirano), que estaban empezando a enfrentarse en el seno de la UP, aunque aún incipientemente.

 El Cónclave UP realizado en la localidad de “El Arrayán” a fines de 1971, consiguió contener momentáneamente las diferencias, imponiéndose la política del PC de distanciarse del MIR. Sin embargo, cinco meses después, esta situación se haría evidente en el segundo Cónclave, realizado esta vez en “Lo Curro”, en mayo de 1972. 

La principal disputa política se da en relación a qué tan rápido y profundamente se llevaba adelante el programa de la UP. El MIR comenzó a impulsar tomas de fundos, terrenos y fábricas que no estaban contempladas en el programa del gobierno, sobrepasando, desde el movimiento de masas, el programa de la UP. Así el MIR, al tiempo que mantuvo las denuncias de las tentativas golpistas de Patria y Libertad y la Derecha, por un lado, y rechazaba la acción común con otros partidos de la izquierda extra UP, se mantuvo impulsando una campaña de unidad antifascista y antigolpista hacia los partidos de gobierno. 

“Denunciamos los planes golpistas del Partido Nacional y de Patria y Libertad (…) El MIR, como lo ha hecho con otros intentos golpistas pondrá todos sus recursos para informarse, movilizar a los trabajadores de la izquierda revolucionaria y combatir cualquiera aventura golpista contra las clases trabajadoras. El MIR una vez más levanta la bandera de la unidad de la izquierda frente al enemigo común pues esta unidad es factor decisivo para triunfar y aplastar intentos sediciosos de la reacción. El MIR llama a la izquierda en su conjunto y a las organizaciones trabajadoras a no olvidar la experiencia reciente del golpe fascista en Bolivia que nos enseña la necesidad de prepararse para combatir las reacciones en cualquier campo de lucha”.

Hubo críticas a su izquierda respecto a su posición ambigua, “centrista”, entre la UP y el resto de los grupos de izquierda (que eran muy pequeños también).

 El MIR – FR, que continuó intentando la unificación de la izquierda revolucionaria, se mantuvo con la política que había dado origen al MIR, logrando unificarse con la Tendencia Revolucionaria Octubre y otros grupos menores fundando el Partido Socialista Revolucionario en 1972. Esta agrupación dirigía sus críticas continuamente hacia el MIR, conciente de que era el partido más grande e influyente de la izquierda extra UP, como lo expresaba en duras críticas el compañero Humberto Valenzuela, quien militaba en el MIR – FR.

«“Frente a la UP y su gobierno, el MIR tiene una política bastante confusa. A ratos tiene posiciones críticas correctas y en otros, acepta incondicionalmente determinados planteos reformistas del gobierno y de la UP. Así por ejemplo, acepta sin ninguna posición crítica la política de las Tres Áreas, y al hacerlo está reconociendo y aceptando el derecho de propiedad privada de los medios de producción por parte del sector capitalista, tanto a través del Área llamado Mixta, que es la asociación de capitales privados con el Estado, como a través del Área Privada. De esta manera el MIR, y lo recalco, está aceptando el derecho capitalista sobre los Medios de Producción y con ello cae en el oportunismo, siguiendo las aguas del reformismo que dice combatir”» El MIR no sólo se enfrentaba al fascismo golpista, al reformismo de la izquierda tradicional y a los sectores de compañeros trotskistas que se resistían a la conducción revolucionaria del MIR, planteando sus críticas.
El primer año del gobierno de la UP, el MIR señalaba los errores que venía cometiendo la izquierda que integraba la coalición, para enfrentar la campaña de la Derecha contra el gobierno: 

“El triunfo electoral y el ascenso al gobierno de la Unidad Popular produjo en Chile un temporal equilibrio de fuerzas en la lucha de clases. (…) Mientras la burguesía se ha embarcado en una ofensiva sediciosa para recuperar la fracción de poder perdido, en sectores del gobierno y de la Unidad Popular han primado tendencias que con ceguera e infantilismo han escogido el camino de llevar a cabo reformas y medidas populares a través de canales burocráticos y administrativos, no comprendiendo que solo el apoyo en la movilización y participación activa de las masas es lo que permite ganar fuerzas en un movimiento revolucionario. (…) Su actitud defensiva más bien ha contribuido a crear el mito y la confusión de que las masas trabajadoras están hoy en el poder, cuando en realidad el poder sigue en manos de la burguesía”.
El MIR planteó su principal crítica al cumplirse el  primer año del gobierno de la Unidad Popular: 

 “Al proceder de forma legalista y burocrática, al no apoyarse en la movilización y participación de las masas trabajadoras, estos sectores de la izquierda han llevado a la Unidad Popular a estancarse en la legalidad utilizada por la burguesía para defender sus intereses. No solo se ha limitado y desvirtuado grandemente con ello el programa de la Unidad Popular, sino además se han hecho muchas claudicaciones y concesiones frente a las presiones e  imposiciones de la burguesía. (…) No obstante el empantanamiento del programa de reformas de la Unidad Popular, en este año de gobierno se han llevado a cabo muchas medidas que favorecen a las masas trabajadoras, más que cualquier administración anterior. (…) Pero estas buenas medidas no se han traducido en un gran fortalecimiento del gobierno. Al desmovilizar a las masas, al no incorporarlas como motor del proceso de reformas el gobierno y la izquierda tradicional no han ganado la fuerza de masas que le debieran entregar las medidas económicas y sociales positivas”.
En relación con el estado de las masas, el MIR señalaba: 

“Mas aún, el primer año de gobierno nos muestra que los sectores más dinámicos de obreros, campesinos, pobladores y estudiantes han sobrepasado la política defensiva que han intentado imponer los sectores legalistas y burocráticos de la Unidad Popular. (…) se observa que a través de las industrias, de los campos y de las poblaciones de Chile se extiende como mancha que cubre vastos sectores de masas, la decisión de los trabajadores por movilizarse directamente para conquistar más industrias, más fundos, más viviendas, más educación para el pueblo. (…) Los trabajadores han sobrepasado el camino de las reformas legalistas y comienzan a usar sus propias formas de lucha. (…) Lo que define un proceso revolucionario y lo hace irreversible, es la movilización e incorporación activa de las masas trabajadoras en la lucha por destruir el aparato estatal de la burguesía y conquistar el poder. En este año de gobierno, la Unidad Popular ha fallado, precisamente, en no movilizar a las masas y en golpear el aparato del Estado y sus instituciones. Una falla que puede ser fatal, pues la dinámica de la lucha de clases hace que el proceso político chileno tenga sólo dos salidas: fascismo o socialismo. El Movimiento de Izquierda Revolucionario ha buscado la unidad de todo el pueblo y la izquierda para luchar por la conquista del poder e instaurar un gobierno revolucionario de obreros y campesinos”.



Esto significó un debate directo contra el PC cuyo balance, que había logrado imponer en el Conclave de “El Arrayán”,             «” había sido que la UP se estaba debilitando por la pérdida de su influencia en las capas medias debido a sus relaciones con grupos ultraizquierdistas como el MIR, que propiciaban el enfrentamiento y la violencia. “»>

Junto con la propuesta de desligarse del MIR, el PC impulsó la de buscar un acuerdo con el PDC, iniciativa acorde a su política de lograr un acuerdo con los sectores “progresistas” de la burguesía nacional y llevar adelante la revolución democrática previa a la revolución socialista.

El año de la urgente y necesario proceso de rearticulación del MIR, se hace un deber revolucionario asumir el compromiso colectivo e individual del mirismo, con toda la fuerza de la historia.