Una mirada al pensamiento de Van Schouwen

En año de la Rearticulación un fantasma ha comenzado a recorrer Chile, es la familia Mirista que se reencuentra, son las nuevas generaciones que toman las banderas rojinegra. Debate Mirista continuando con la serie de artículos, aportando al debate y la reflexión política, del Que Hacer.

Bautista van Schouwen

 “Una revolución socialista, una revolución que destruya hasta los cimientos la dominación imperialista y burguesa, no puede ser pacífica. Ella coloca en primer plano la cuestión fundamental del enfrentamiento armado. Las condiciones vigentes en América latina no dejan a los revolucionarios otro camino y otra perspectiva que el de la lucha armada.” Bautista van Schouwen.

«” A partir de 1965, el MIR comienza a editar el periódico El Rebelde y la revista teórica Estrategia, que en su primer número de noviembre de 1965, incluye un artículo sobre «La etapa actual de la revolución latinoamericana», de Luis Vitale, y el artículo llamado «Metamorfosis», de Óscar Waiss, en donde analiza la evolución de la izquierda chilena. También se incluye un documento del MIR peruano sobre la muerte de Luis de la Puente, titulado «El guerrillero».

En 1968, asume la dirección del periódico Bautista van Schouwen.

«Sin embargo, la mayoría de los editoriales fueron escritos como producto de una discusión colectiva y algunos fueron claramente escritos por otros miembros de la Comisión Política y del Comité Central del MIR».

En la editorial de septiembre de 1968 se afirma que El Rebelde no es un periódico imparcial, ya que se ubica decididamente en la trinchera de los obreros y los campesinos revolucionarios, de los pobres del campo y la ciudad. 

«Llamamos a la unidad revolucionaria a todos aquellos que estén dispuestos a poner su cuota de sacrificio para el inicio de esta larga y sacrificada guerra social que conduce al socialismo por el camino por el cual el Che derramó su sangre en las montañas de Bolivia. ¡Por la razón y la fuerza, los trabajadores al poder!

La editorial tiene directa relación con el contexto histórico de América Latina y la lucha ideológica de los pueblos.

Bautista Van Schouwen en forma magistral explica las Tesis político-militares aprobadas en los Congresos de 1965 y 1967, llamado Estrategia Insurreccional. 

«” Bautista van Schouwen señala que esta estrategia insurreccional no corresponde exactamente al período que vive el MIR, sino que es, más bien, una vía, un camino fundamental de toma del poder político. El documento se divide en tres partes principales:

Necesidad de la violencia y necesidad apremiante de la lucha armada como objetivo predominante del actual período.

Posibilidad de la lucha armada en Chile.

Carácter de la lucha armada en Chile: lucha de masas o insurrección corta o guerra revolucionaria prolongada e irregular.

En el primer acápite, señala que los revolucionarios, como militantes de un partido que es vanguardia de los oprimidos y que se plantea como objetivo único y principal la toma del poder político, establecen que la única manera de tomar el poder es la destrucción de aquel brazo armado: ejército, policía. «Es decir, mediante el ejercicio de la fuerza, de la violencia revolucionaria, tomaremos el poder, construiremos una nueva sociedad. Las clases opresoras, magníficamente bien resguardadas por sus organismos represivos, no nos imponen la violencia como una de las salidas, como una posibilidad entre varias, sino como la única salida y posibilidad. Lo demás sería engañarnos a nosotros y engañar al proletariado, haciéndole esperar una posibilidad que nunca ha existido, ni existirá”»

Schouwen afirma que el papel de las vanguardias no es de esperar a que se den las condiciones de la lucha, sino ser un elemento dinamizador, especialmente en la primera etapa del proceso revolucionario o etapa de inicio de la insurrección.

Se refiere a los argumentos dados por la izquierda tradicional para explicar por qué en Chile no se podía desarrollar una lucha armada: el tipo de democracia chilena, el peso de las clases medias, el predominio de la población urbana y el peso de los partidos de la izquierda tradicional.

En forma didáctica va exponiendo el  «Carácter de la lucha armada en Chile», analizando la experiencia y las distintas visiones principalmente Lenin y Trotsky que existieron en Rusia, antes de la revolución, sobre la lucha de masas o la insurrección corta, concluyendo que en Chile y América Latina no existe un tan alto grado de combatividad suficiente y uniforme. 

«Creemos que el contexto sobre el cual se dio la Revolución rusa ya no es posible repetirlo acá; si bien es cierto en las sociedades latinoamericanas hay posibilidades de que lleguen a existir crisis económicas y sociales, eso no implica la debilidad de las clases dominantes ni una agonía del sistema.

 «De lo que se trata es de organizar un partido revolucionario en las difíciles contingencias que se presentan. Es por ello que al definir el carácter que tomará nuestra guerra es una forma práctica de realizarla, adaptándola a las nuevas circunstancias».

«”La guerra en Chile, será eminentemente política, definiéndose por sus objetivos políticos primordialmente, atrás los acontecimientos militares. Las acciones tendrán fines políticos sin una clara distinción entre lo político y lo militar. Se levantarán planteamientos revolucionarios y la lucha armada como única alternativa ante las masas populares.

El revolucionario armado no es un militar revolucionario sino un político, el representante de una nación oprimida por la cual está luchando. Su tarea principal es hacer propaganda, agitación, diseminar las ideas revolucionarias, y su elemento de agitación más importante es la lucha armada en sí.”» “La violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva. Es, por sí misma, una potencia económica”.

 

 Van Schouwen no tiene la visión mecanicista de la historia que deja en manos de otros, sea en manos de las contradicciones entre base y superestructura, sea en manos de la crisis en el seno de los adversarios, la constitución de una conciencia revolucionaria. El camino de triunfo que él destaca es la construcción y acumulación de una fuerza social revolucionaria. 

La táctica política debe estar, entonces, constantemente orientada a la construcción de esa fuerza, y a enfrentar todo lo que impida o paralice la unidad del pueblo. Por eso dice: “… nosotros tenemos que aumentar y seguir aumentando todos los días la fuerza revolucionaria. El problema es, entonces, levantar una táctica y una estrategia que efectivamente asegure la fuerza a las masas explotadas y a su vanguardia: la clase obrera. Una táctica que de fuerzas y que no debilite permanentemente la fuerza de la clase obrera y el pueblo”. 

Cuando quiere explicar sintéticamente este proceso de aumentar la fuerza revolucionaria pone énfasis en los objetivos y en los medios. 

Dice que el objetivo es la conquista del poder para pasar a la construcción del socialismo, lo cual parece fácil de entender. Pero cuando va a enumerar los medios nos indica algo que a primera vista parece sorprendente, los medios son algo que parece abstracto o intangible, la conciencia y la capacidad de lucha: 

“Los objetivos del proletariado chileno están dados y se resumen en la conquista del poder, para pasar a la construcción del socialismo. Los medios para alcanzarlos están dados también: son la conciencia que tienen los trabajadores de que sólo el socialismo es solución para sus problemas y la enorme capacidad de lucha de que disponen…”.

 “De ese periodo, 1969, el MIR se formula adecuar la lucha armada, la metodología armada, a los objetivos concretos mediante una ligazón directa a los problemas de las masas. Era la política de las “acciones directas” que, si bien tenían un importante carácter y contenido conspirativo, explícita e implícitamente en ellas se exigía la dosificación de la violencia. Se les exigía que esas acciones fueran dirigidas contra los dueños del capital, contra la gran burguesía industrial y bancaria, vale decir, se les exigía un objetivo de clase directo. Estas acciones no se proponían resolver artificialmente el problema de la conciencia y de la organización de esos sectores de masas cuyas luchas estaban cada vez más limitadas por los marcos represivos y legales de la institucionalidad burguesa…”

 Van Schouwen definió  la política como el lugar central del pensamiento y la acción. 

Debate Mirista en la recopilación de documentos, entrevistas y testimonios que nos hablan desde lo cotidiano a lo humano, del día a día del militante revolucionario.  Las palabras de una mujer que brindó alojamiento a Schouwen y a Edgardo Enríquez.

” Bauchi y Edgardo. Antes del Golpe ambos se levantaban muy temprano, invierno y verano. Yo me acostumbré a tomar desayuno con ellos. Trataba de tenerles siempre su juguito de naranjas o pomelos, su café muy cargado y harto pancito, cuando se podía con mantequilla o margarina y una tajadita de chancho, dos o tres veces por semana se comían dos huevos, eran muy hambrientos. No llegaban en todo el día. Generalmente volvían los dos juntos y usaban dos autos pequeños: una citroneta blanca y un austin mini rojo. A veces me decían que andaban todo el día con el desayuno y que a medio día generalmente comían un sándwich. Yo guardaba la mitad del almuerzo para la noche, como algo de sopita, un poco de arroz, porotos o lentejas que devoraban con pasión. Eso sí que nunca les falto una fruta, su termo con te. Siempre conversábamos a la hora que llegaran de los acontecimientos generales y yo les contaba de mi participación en los centros de madres,  JAP y otros. Nos hicimos amigos pronto. Al mes ellos estaban acostumbrados. Fuera la hora que fuera Bautista leía. Tenía siempre tres libros para leer, uno de consulta, otro en ingles de algún autor famoso y otro chileno o latinoamericano y su música infalible: sus casettes con música clásica. El era un hombre adorable, gentil, delicado, hermoso. No hablaba mucho, pero si diría que siempre estaba pensando. Cuando no salía se ponía atrás, que era el living, acostado sobre una alfombra para leer. Pero cuando tenía que escribir era otra cosa. Escribía y después entraba en la cocina a leerme lo que escribía. Me leía cosas lindas y profundas sobre las relaciones humanas, sobre el Hombre y la búsqueda de Libertad, temas humanos siempre. Estudiaba, leía, consultaba y jugábamos ajedrez y damas donde yo era campeona de damas y le gané solo una vez al ajedrez. Edgardo era más hosco, más ruidoso, más extrovertido. Tenía una voz profunda, era barítono y de repente nos poníamos a cantar los tres, “volver”, ese tango increíble que nunca más lo pude oír sin ponerme a llorar a mares.

 

El 11 de Septiembre Jorge (era la chapa del Bauchi) estaba en casa. Estuvimos conversando la noche anterior hasta tarde y ellos ya tenían informaciones que el Golpe estaba en la puerta. El había dejado en la radio un discurso grabado que tendría que oírse el 11 a las 7 de la mañana y me lo dijo. Me pasó su radio y me la dejó sintonizada donde hablaría, sólo tenía que prender la radio. Al día siguiente (11/09) sonó el despertador como 10 minutos antes y yo desperté a mis hijos que iban al colegio a las siete en punto; la radio, nada. No quise cambiarla, la llevé y se la pasé: “no hay radio” le dije; él me miró intrigado y empezó a cambiarla, mientras lo hacía murmuraba “este es el día del golpe”. Se duchó rápido, se tomo un café y me ofreció llevar a mis hijos al colegio y se fueron. Quedó solamente mi hija menor, pues no tenía clases temprano. No volvería a ver a Jorge hasta después de las fiestas Patrias que no hubieron porque debían sacar los cadáveres de las calles adyacentes a la Moneda.

Recuerdo que me levantaba a recibirlos de amanecida. Llegaban agotados, cansados y hambrientos, siempre tenían un gesto de cariño y se daban tiempo para compartir.


 Edgardo se fue de la casa los primeros días de diciembre, le pregunte a Bautista que pasaba y me dijo: “tiene algo que hacer” y no insistí, pero un día que el bauchi no estaba sentí un ruido de moto y venia Edgardo entrando en moto, parecía un adolescente con blue jeans y una polera rayada, le habían encrespado el pelo, se veía diferente. Llegó con la moto hasta mí. Me dijo si podía recorrer la casa, cuando entré lo vi mirando por una ventana con lagrimas en los ojos, no dije nada. Me pidió las fotos que le había guardado y yo había embarretinado en una caja, eran fotos de su familia, me pidió que lo fuera a dejar a la moto. Antes de subir me abrazó muy largo diciéndome: eres grandiosa mujer, eres grandiosa, estaba llorando. Comprendí que se iba y que no lo vería más. Se subió a la moto y volvió, tenía la cara mojada y me seguía gritando: mujer eres grandiosa. Es lo último que tengo de él. El último hermoso y triste recuerdo es cuando dijeron que lo habían matado y que habían mandado un dedo para reconocerlo, lloré varios días. ” «Norma Silva»

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