La Marcha al revés en su contexto histórico

Equipo Editorial

Radio TV Liberación

Miguel Enríquez

Marcha al revés

« El último año del gobierno de Ricardo Lagos, un grupo de personas del colectivo rearme, convocó en Santiago a una marcha llamada “La Marcha al Revés. La convocatoria se realiza a través de diversos medios: afiches, volantes, radios, internet, televisión comunitaria, y por supuesto, oralmente. Pese al movido escenario, cargado de tensiones y conflictos internos, la Marcha Rearme se lleva a cabo el domingo 11 de septiembre de 2005, alcanzando una convocatoria de mil personas aproximadamente y fue violentamente reprimida. »

“No queremos instalar un evento que compita con la marcha que año tras año rehace el trayecto entre La Moneda y el Cementerio General.

Entendemos que, para familiares de ejecutados políticos, de detenidos desaparecidos, de torturados, y de cualquier otro ciudadano, ese trayecto junto con representar un fragmento de memoria, a la vez testimonia su dolor y su interpelación de justicia. Por ello proponemos e invitamos, a los que estamos vivos, a los jóvenes, a la inmensa mayoría que acaso reciben migajas del festín de los vencedores, a quienes por su diversidad se les margina, a volver al centro cívico desde el cementerio, una vez que finalice el rito de recogimiento, llevando con nosotros la fuerza y convicción de los que cayeron para apropiarnos de lo que nos pertenece, para apropiarnos de nuestra vida cotidiana y colectiva, para hacer significativa la democracia.

Porque es posible recobrar y proyectar los sueños de los que murieron y enriquecerlos con los nuestros…”(Convocatoria, 2005)

11septiembre 2005 1° Marcha al revés

Por lo tanto, se buscaba el llevar la memoria desde el cementerio hacia el espacio público, el objetivo era honrar a las víctimas mediante la acción y no solo el testimonio del duelo. Ese año la marcha fue brutalmente reprimida y criticada desde las organizaciones de DD.HH.

 

 

El quedar anclado en esta cultura de la muerte dificulta proyectarse nuevamente al futuro. En lugar de establecer una memoria sobre las luchas, se elabora una memoria fúnebre sobre los cuerpos inertes y inermer. La sola etiqueta: marcha al revés, genera preguntas, temores y suspicacias, sobretodo entre quienes se consideran con más “propiedad” sobre la fecha y conmemoración en cuestión.

 

Radio TV Liberación Miguel Enríquez respetando los acuerdos, adhiere a esta nueva versión de la marcha al revés, entendiendo la legitimidad de romper con la cultura de la derrota, saliendo al paso a los sectores reformistas que durante los gobiernos de la ex Concertación fueron negociando el 11 de septiembre, para trasladar su conmemoración  reguladas de domingo.


Es así, que una parte de esa izquierda chilena que ha desarrollado su política en torno al testimonio de la dictadura, debería mirar con más audacia lo que las nuevas generaciones de trabajadores y jóvenes proponen. No se trata de olvidar ni dejar de conmemorar las vidas de quienes aún no aparecen o fueron abatidos por la bota militar. Se trata de reconocer que acá no se han acabado los sueños ni las demandas de un pueblo que lucha diariamente por ser digno, tal como lo hicieron las víctimas de la dictadura. Estar presente en las luchas sociales, estudiantiles, de los trabajadores, de los pobladores…hoy aquellos que caminan con visiones de instalar, lo que no se tiene aquello que solo está en sus mentes y se lanzan en el tareismo, sin construir desde la realidad objetiva, aportando a la necesaria rearticulación revolucionaria.

El primer pilar de la rebeldía, el más inmediato, lo constituye la propia vida de los sujetos. Cada vida está cruzada por experiencias, afectos, seres queridos, acontecimientos y aprendizajes, que marcan de forma profunda a los individuos. Sin llegar a determinarlos, conforman, por lo menos, la materia prima a partir de la cual los sujetos fabrican su identidad, sus proyectos y su postura frente al mundo. Como opción personal, la rebeldía encuentra aquí también sus raíces más hondas.

La práctica revolucionaria exige y permite el desarrollo de ciertos valores entre los sujetos. No es solo la sociedad del futuro la que provee de valores a los sujetos rebeldes; sino que es también la lucha en el presente la que les impone el desarrollo de cualidades especiales. La lucha armada, el enfrentamiento constante con el enemigo, requieren del desarrollo de cualidades y valores especiales. El sacrificio, la entrega personal, el valor, y la constancia, son cualidades “combativas”, “épicas”. Muy distintas, por ejemplo, a las cualidades más “maquiavélicas” que debe desarrollar un político tradicional.

El sacrificio, la entrega personal, el valor, y la constancia, son cualidades “combativas”, “épicas”. Muy distintas, por ejemplo, a las cualidades más “maquiavélicas” que debe desarrollar un político tradicional. Acerca de las condiciones que debe reunir el ejército revolucionario, Mao afirma que es necesario “Poner en pleno juego nuestro estilo de lucha: valentía en el combate, espíritu de sacrificio, desprecio de la fatiga y tenacidad en los combates continuos”. Guevara, en tanto, insiste en el ascetismo, la entrega absoluta a la causa revolucionaria, y el sacrificio personal que debe caracterizar al guerrillero.

Los andamios de la rebeldía cuentan con más travesaños que los de la tradición política, que hoy parecen tan inestables (mohosos, dirían algunos), y sobre ellos todavía puede seguir construyéndose un proyecto alternativo. De ahí que, como construcción histórica, la rebeldía no sea una obra ya acabada…

La memoria es, de seguro, uno de los “travesaños” más firmes. Y tiene, por lo demás, una notable propiedad regeneradora. Si los jóvenes de los ‘80 pudieron construir su rebeldía sobre las memorias negativas del fracaso de la UP y de la vida en dictadura; la memoria de su propia lucha, con derrota política incluida, también sirve de base para nuevas proyecciones. Gracias al poder interpretativo de la memoria, la rebeldía traspasa los márgenes del momento histórico en que se desarrolló, para encontrar anclas en el pasado y sembrar semillas en el futuro.

Es sobre estos andamios, que hoy los rebeldes continúan construyendo su rebeldía. Manteniendo elementos de la tradición política (ninguno de ellos descarta la ideología que dio fundamento a su accionar, ni reniega de plano de la lucha armada); conservando y reinterpretando la memoria de sus luchas; y sustentándose en las prácticas más concretas de la ética y la identidad rebeldes por ellos gestadas, los sujetos siguen tratando de levantar su proyecto revolucionario. Con menos certezas que antes, pero, en contrapartida, con mayor flexibilidad, los rebeldes buscan cómo mantener en circulación, en la realidad presente, dicho proyecto.

Manteniendo elementos de la tradición política (ninguno de ellos descarta la ideología que dio fundamento a su accionar, ni reniega de plano de la lucha armada); conservando y reinterpretando la memoria de sus luchas; y sustentándose en las prácticas más concretas de la ética y la identidad rebeldes por ellos gestadas, los sujetos siguen tratando de levantar su proyecto revolucionario. Con menos certezas que antes, pero, en contrapartida, con mayor flexibilidad, los rebeldes buscan cómo mantener en circulación, en la realidad presente, dicho proyecto.

Circulación que es puesta en marcha desde los actuales espacios de sociabilidad y organización- subterráneos, espontáneos, cotidianos, horizontales, etc.- donde distintas generaciones se encuentran para reafirmar una identidad que se resiste a ser absorbida o aplastada por la cultura oficial. Frente a los valores (o anti valores), el discurso, las representaciones simbólicas, la historia, etc., que la cultura oficial presenta e impone como los únicos válidos; los sujetos esgrimen una cultura rebelde o de resistencia. Mientras la cultura oficial se impone en el escenario iluminado de lo institucional; la cultura rebelde se mueve soterrada, pero insistentemente, por los más variados cauces de expresión y acción: “(…) podemos decir que, en la lucha simbólica, los dominados pierden de entrada, y los dominantes no tienen nunca ganada la partida: para ganar deberían ganarla definitivamente.

Asumiendo una memoria, recogiendo y practicando unos valores, y defendiendo una identidad, los sujetos construyen y reconstruyen una cultura rebelde; salvando así del derrumbe absoluto a la posibilidad, siempre abierta, de seguir proyectándose a un futuro distinto al trazado por la cultura oficial. De ahí la importancia de la marcha al revés, que no obedece a posturas de caudillismo, o posiciones personales de quienes buscan legitimarse y posicionarse desde el tareismo. Leer más “La Marcha al revés en su contexto histórico”

Anuncios