Miguel Enríquez: el MIR y el Poder Popular

Radio TV Liberación plantea una necesaria reflexión sobre el poder popular, desde la vigencia del proyecto revolucionario del MIR, tomando como hilo conductor a  Miguel Enríquez  en el Chile de hoy.

 

Miguel Enríquez

“Pliego del Pueblo y el Manifiesto del Pueblo; embrionariamente surgían síntomas de una contraofensiva popular que debió haber sido la senda fundamental a partir de la cual debió ser orientado el movimiento de la izquierda y el pueblo después de la crisis de octubre. Pero la crisis de conducción y las vacilaciones reformistas hicieron que  esto no se estableciera. Habiendo germinado en órganos, germinalmente de poder local en un ascenso que era característico del período, pero que acá tomaba connotaciones importantes,

Habiéndose generado más de medio centenar de Comando Comunales que abríanembrionariamente la generación de un poder popular, la conducción reformista que predominó, y no fuimos capaces de revertirla, estableció lo contrario, buscó una salida distinta; el gabinete, el llamado por ellos gabinete, por nosotros “gabinete UP-generales ́ ́.

El reformismo fundamentalmente planteó y logró predominar en las fuerzas de izquierda y sabemos que en esto tuvo que “predominar” porque el conjunto de las fuerzas de izquierda no participaba de esto, y levantó la fórmula de lo que llamábamos gabinete UP-generales. ¿Qué estaba realmente haciendo? Aceptando imposiciones de la clase dominante o de fracciones de ella; no caía el gobierno, pero al mismo tiempo, eso sí, se consolidaba el sistema de dominación burgués. ” Miguel Enríquez

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Los Comandos Comunales, también llamados Coordinadores Comunales o Comités Coordinadores, fueron organizaciones populares surgidas originalmente para enfrentar los efectos del paro patronal de octubre de 1972.

Por consiguiente, como consecuencia del paro patronal … se fortalecieron enormemente las organizaciones de masas y surgió un sinnúmero de nuevas organizaciones, destacándose los Comandos Comunales, estos alcanzaron un nivel superior de organización, ya que lograron incorporar en un mismo aparato de coordinación y ejecución a obreros, campesinos, pobladores, estudiantes, profesionales y técnicos …se estaba frente a una alianza de clases en su máxima expresión, asumiendo tareas que se aproximarían a lo que sería un verdadero poder popular: Su objetivo el coordinar todas las acciones que se emprendieron en la comuna para vigilar, prevenir el sabotaje, asegurar la distribución de alimentos y bienes esenciales, el transporte, el abastecimiento de materias primas, etc, y en este sentido toman decisiones, planifican el trabajo, distribuyen responsabilidades, etc, es decir, ejercen realmente una determinada cuota de poder llegando a ser verdaderos organismos de poder en el seno de las masas, se fueron construyendo enlace y articulación entre sindicatos, juntas de abastecimiento y control de precios (JAP), juntas de vecinos, centros de madres, campamentos de pobladores, etc… teniendo como tareas básicas el abastecimiento de la población, canalizando la entrega de alimentos conjuntamente con las JAP comunales, la defensa, organizando comités de vigilancia en los barrios y poblaciones, y el transporte, empadronando a los chóferes y los vehículos durante el paro.

Desde el MIR se impulsaba ideológicamente el poder popular, se abrió un proceso de articulación  al interior de algunos partidos políticos de izquierda.

Los Comandos Comunales nacen con la movilización desarrollada por campesinos de Melipilla y obreros del cordón Cerrillos – Maipú en la primera quincena de julio de 1972, y por la realización de la Asamblea Popular en Concepción hacia fines del mismo mes. En el primer caso, se dio la coordinación de campesinos y obreros para protestar contra la decisión judicial desfavorable para los primeros, así como en rechazo de la derecha y sus acusaciones contra ministros de Allende, coordinación que se mantendría y potenciaría en el contexto del paro patronal y más tarde en la reacción frente al “tanquetazo”.

El segundo caso se refiere al acto convocado y desarrollado por diversos partidos políticos de izquierda y organizaciones sociales de la provincia de Concepción, entre los que se encontraban el PS, MIR, IC, MAPU, Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción (FEC), CUT provincial, entre otros. Este suceso, que en el fondo no tuvo mayores proyecciones políticas en términos de una coordinación más prolongada o la repetición del mismo, si tuvo repercusiones en el ámbito del debate respecto al poder popular y las formas de éste, planteándose entre otras ideas la necesidad de unificar los organismos populares en los Consejos Comunales de Trabajadores. Desde el PCCH se orientó una política de carácter reformista, logrando influir en el gobierno de Allende, con la finalidad de neutralizar a los sectores revolucionarios de izquierda.

Reconociendo en este periodo las embrionarias organizaciones que comienzan a conformarse hacia fines de 1971 y comienzos de 1972, cuando se crean el Consejo Comunal de La Florida y el Consejo Comunal de Las Condes, ambos con una importante participación de los sectores poblacionales del MIR. En el primer caso, dicho consejo comunal fue creado para representar a los sectores mayoritarios de la comuna,  sus objetivos políticos eran luchar contra los grupos reaccionarios, proyectándose realizar ambas tareas desde la misma municipalidad. A su vez, el caso del Consejo Comunal de Las Condes apuntaría a constituirse en un “foco de lucha antifacista” y de creación del nuevo poder popular .

El salto cualitativo en la toma de conciencia no se daría sino hasta octubre de 1972, en el contexto del paro patronal, y se produciría otra nueva oleada de creación o reactivación hacia junio – julio de 1973, a propósito del “tanquetazo”. Así, surgirían en Santiago los Coordinadores Comunales o Comandos Comunales de Vicuña Mackenna, Macul, Panamericana Norte – Renca, San Miguel, Cerrillos, Estación Central, Conchalí – Area Norte, Plaza Italia, Santiago Centro, Vizcachas – Open Door, La Granja, Comando Comunal Maipú, Comando Comunal de San Bernardo, Comité Coordinador Carrascal, Comando Comunal de Trabajadores de Colina, Comando Comunal de La Florida, Consejo Comunal de Las Condes, Consejo Comunal de Lampa y Batuco, Comando Comunal 2° Comuna, Comando Comunal de Trabajadores de Barrancas, Comando Comunal de Unidad Popular de Quilicura, Consejo Comunal de trabajadores de María Pinto, Comando Comunal de La Cisterna, Comando Comunal provisorio de la 8° Comuna, Comando Comunal de Quinta Normal, Coordinador Comunal de Macul o Ñuñoa Centro, Comité Coordinador Ñuñoa Oriente, y Comité Coordinador Parque O”Higgins.

Fue así, en los meses posteriores al paro gremial, funcionaron alrededor de 20 Comandos Comunales en el Gran Santiago, llegando a sumar cerca de 100 a nivel nacional, con heterogéneos niveles de organización y apoyo de organizaciones de base . Desde provincia se fueron gestando iniciativas locales/territoriales.

Respecto a su composición y tareas, podemos destacar como ejemplo ilustrativo del poder polar que se estaba gestando: el Comando Comunal de Conchalí – Área Norte y el de San Miguel. El primero incluía a sindicatos de las industrias y empresas DEVA, Fundición Libertad, Nobis, Ceresita, Ferriloza, Vía Sur, entre otras; las poblaciones “La Palmilla”, “Juanita Aguirre”, “Patria Nueva”, y “Parque Santa Mónica”; JAP y unidad vecinal 33, y unidades vecinales 3 y 26; el liceo 25, la escuela 428, la comunidad del Liceo Gabriela Mistral y las escuelas de Medicina y Dental de la Universidad de Chile; los hospitales Psiquiátrico, San José y el consultorio de “La Pincoya” y; finalmente, el sindicato campesino “Fidel Castro”, fijándose como tareas el abastecimiento, la vigilancia y el control de precios. Por su parte, el Comando Comunal de San Miguel lo integraban las  JAP,  los pobladores, centros de madres, organizaciones juveniles, juntas de vecinos, sindicatos como el de Sumar Polyester y Silberman, y centros de alumnos de liceos industriales, dándose como tareas la requisición de vehículos, la vigilancia, el abastecimiento y la distribución, y la no entrega de ninguna empresa requisada.

Con la conformación masiva de estas nuevas organizaciones populares, tanto Cordones Industriales como Comandos Comunales, el debate respecto al poder popular y las proyecciones de este se acentuó , manifestándose claramente las diferencias que existían respecto a este tema entre los diversos partidos políticos de izquierda. Así, las coincidencias que se habían dado originalmente en torno a estos – contexto de su surgimiento, composición, tareas básicas, importancia para poder enfrentar el paro patronal -, se transformaron rápidamente en diferencias cuando se comenzaron a analizar las proyecciones que debían tener a futuro.

Del conjunto de los partidos políticos de izquierda, será el Partido Comunista que establecerá la relación más compleja con los Comandos Comunales, pese a que reconocía su importancia.

El Partido Socialista por su parte adoptó una posición más positiva frente a los comandos, alentando, por lo menos a nivel de discurso, su conformación . De hecho, el MIR, que impulsaba con fuerza la creación de los comandos, decide apoyar electoralmente al PS en las parlamentarias de marzo de 1973 argumentando entre otras razones la posición coincidente que se tenía frente a la constitución de estos y sus proyecciones políticas, coincidencia que en realidad no pasaba mas allá de cuestiones de forma.

El MIR impulsaba los órganos de poder popular, aunque todavía embrionarios que debían actuar con independencia respecto al gobierno y la burocracia estatal. Los socialistas los veían como simples vehículos de coordinación del trabajo de las organizaciones populares en una localidad determinada. Por lo tanto, rechazaban la tesis de poder popular implícita en la concepción mirista, partiendo de la base que el gobierno estaba ya controlado por partidos que representaban a la clase obrera.

«Miguel Enríquez, Secretario General del MIR, julio de 1973: “Desde hace dos años venimos impulsando el desarrollo de formas de organización de masas, que enfrentando el orden burgués genere embrionáriamente formas de dualidad de poder, único camino que permite cristalizar la acumulación de fuerzas que se ha venido desarrollando. Si bien al principio esto no tomó forma concreta a nivel de masas, a fines de 1972 frente a las agresiones patronales… el movimiento de masas y extensos sectores de la izquierda tomaron conciencia de la necesidad de organizar su propio poder y lo impulsaron desde la base, generando las formas de poder ya conocidas”. »

A su vez, respecto a su composición y el por qué de esta, Miguel Enríquez diría al periódico “El Rebelde”: “Entendíamos que era necesario establecer la alianza obrero – campesina y establecer la alianza con los que llamamos los pobres de la ciudad. Y la única forma era incorporándolos a lo que llamamos Comandos Comunales. En segundo lugar, entendíamos que el pueblo estaba fragmentado, que la clase obrera estaba dividida por ramas de producción. Que la clase obrera no podía ser vanguardia de las clases en forma global y plena en la medida que estaban fragmentados campesinos y obreros, pobladores y obreros, estudiantes y obreros. Que había que buscar un mecanismo que incorporara a todas las capas del pueblo. Y a la vez incorporara a capas más retrasadas o que estaban pasivas. A partir de esto, entendíamos que se podían plantear las tareas del control del aparato burocrático del estado, en las cuales se reconociera la contradicción que había y que hay entre el movimiento de masas y el aparato burocrático del estado. En estos comandos se encontraría la fuerza para ir enfrentando a la burguesía, por un lado, y para ir generando los órganos de poder, por el otro” .

Por su parte, Nelson Gutiérrez, dirigente nacional del MIR, caracterizará en forma certera los alcances políticos de estas nuevas organizaciones: “Los Comandos Comunales, Comités y Consejos… (serían) los órganos embrionarios de un poder alternativo, que debe afirmar orgánica, ideológica, programática y políticamente la independencia de clase del proletariado en su lucha por el poder… Los comités, Comandos y Consejos deben ser organismos que coordinen a nivel comunal la actividad e iniciativa de los distintos sectores del pueblo, unifiquen sus fuerzas, centralicen su dirección y permitan desarrollar en mejor forma sus luchas inmediatas y la lucha por el poder”.

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Es así, que el MIR el sentido de los Comandos Comunales apuntaba a ir creando organismos de poder en forma embrionaria que fueran construyendo la dualidad de poder, elemento fundamental para destruir el aparato estatal de la burguesía y a la vez ir construyendo aquellos organismos sobre los cuales se haría el asalto al poder y la construcción de la sociedad socialista. De ahí entonces que el MIR colocó todos sus esfuerzos en la construcción de estos organismos de poder, lo que se manifestó en tres formas: en las críticas que realizaron a aquellos sectores de la izquierda que privilegiaron la construcción de otras orgánicas de poder popular; en las claras referencias que hacía respecto a la necesidad de constituir estos, incluso desde varios meses antes de que se implementara y masificara su constitución, y; en los esfuerzos reales de constitución de estos, tanto antes de octubre, como durante y después de esta coyuntura, lo que se refleja en la participación en ellos de militantes de los frentes de masas del MIR.

Respecto a lo primero, Miguel Enríquez planteaba en julio de 1973 que en el desarrollo del poder popular se habían presentado dos desviaciones: por una parte, aquellos que se habían opuesto a él con el propósito de mantener niveles de hegemonía burocrática en el movimiento de masas, oponiéndose a los comandos por un supuesto paralelismo a la CUT, posición que se manifestaba en el PC, y por otra, aquellos que habían restringido el desarrollo del poder popular al desarrollo de los cordones, cuestión que sería insuficiente pues solo aprovechaba los niveles de organización de la clase obrera, no organizando ni incorporando a las otras capas del pueblo, posición que se manifestaba especialmente en el Partido Socialista. Esta idea de las diferencias del MIR con los Cordones Industriales: el MIR “… objetaba el confinamiento y reclusión de los Cordones Industriales en el mundo de la fábrica y su consiguiente aislamiento de las demás capas del pueblo”.

En torno a lo segundo, el MIR comienza a plantear el tema de los “Consejos Comunales de Trabajadores” en forma constante a partir de marzo de 1972.

En un programa presentado por el MIR para “desatar la energía revolucionaria del pueblo” se plantea: “Impulsar el desarrollo del poder de los trabajadores. Desarrollar los Consejos Comunales Campesinos… Impulsar, a partir de las organizaciones de los trabajadores urbanos – sindicatos, poblaciones, JAP – el surgimiento de Consejos Comunales de Trabajadores que vayan asumiendo tareas de poder local”.

A su vez, en mayo de 1972 Miguel Enríquez diría: “Lo fundamental en los Consejos Comunales de Trabajadores… es que en ellos será posible incorporar a los amplios sectores urbanos, como los estudiantes, las mujeres, y sobre todo a los sectores postergados, a los pobres de la ciudad, como lo son los pobladores, lo sin casa, los cesantes: más que incorporar, se trata de unirlos bajo la conducción del proletariado industrial, y establecer bases sólidas para la alianza de clases que permitirá avanzar…” .

Por su parte, en julio del 72, en el programa que presenta simbólicamente el MIR para las elecciones complementarias de Coquimbo, se plantea en su punto 14: “A levantar como aspiración fundamental de los trabajadores y los pobres de la ciudad, los Consejos Comunales de Trabajadores, a través de los cuales expresen estos sus reivindicaciones y a la vez golpeen al aparato estatal burgués”

Miguel Enríquez
Radio TV Liberación, 5 de octubre Conversatorio Poder Popular en el Chile de hoy.

“Para nosotros las elecciones no entregan el poder a quienes participen en ella, pero si son instrumentos tácticos que se pueden utilizar para fortalecer las luchas del pueblo y avanzar hacia la conquista del poder. Su utilización en este caso concreto lo hace enormemente importante desde el punto de vista de las consecuencias y las perspectivas abiertas a partir de las elecciones de marzo. Nosotros, por lo menos  como política, vamos a participar con actividad electoral sobre la base de condicionarlo al levantamiento de un programa, el programa que hemos llamado el Programa del Pueblo y al problema de impulsar los Comandos Comunales y a una serie de consideraciones que iremos precisando en muy corto plazo.”

En agosto de 1972, El Rebelde pública “Los hechos de poder que se están produciendo por la acción de las masas abarcan todo el país. En Santiago, tras la movilización obrera del cordón Cerrillos, han seguido nuevas iniciativas de los obreros, campesinos y pobladores en Barrancas y Macul. El resultado a que apuntan esas movilizaciones es la creación de órganos de poder local, los Consejos Comunales de Trabajadores. Su coordinación a nivel provincial y nacional hará surgir sin duda un poder popular unificado, obrero y campesino, cuya expresión máxima será la Asamblea del Pueblo” .

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El FTR desde los cordones industriales construyendo Poder Popular

Finalmente, en septiembre de 1972, el Movimiento de Pobladores Revolucionarios (MPR), en el encuentro internacional de la vivienda, plantea “… la lucha por estos problemas (creación de la Empresa estatal de la construcción, entre otros) nos permitirá darnos niveles de organización más altos: la lucha por el poder local, la creación de los Consejos Comunales de trabajadores, logrando unir a todos los sectores de una comuna bajo las banderas del socialismo…”

Respecto a lo tercero, los esfuerzos que implementó el MIR para la conformación práctica de los Comandos Comunales así como su presencia en las direcciones de ellos, esto se comienza a visualizar desde fines de 1971. Así, a fines de diciembre de este año se comienza a conformar embrionáriamente un Consejo Comunal en La Florida, básicamente a partir de los sectores ligados al MPR, el que tendrá como una de sus manifestaciones, hacia septiembre de 1972, al “Comando San Rafael”, el que aglutinaba a los campamentos “Nueva La Habana”, “26 de Septiembre”, “14 de agosto”, “Mamá Rosa”, “René Schneider”, “Nueva Nevada” y “60 Unido”. A este Consejo Comunal se integrarían posteriormente la Manufactura Chilena de Caucho, única industria del sector, y las poblaciones “Pablo de Rokha”, “La Bandera”, “O”Higgins”, “6 de Mayo”, “Raúl del Canto” y “Santa Elena” .

A su vez, a comienzos de enero de 1972 se dan los primeros pasos para formar un Consejo Comunal en Las Condes, donde se observaba la participación de pobladores del MPR y obreros del FTR de la municipalidad. Hacia septiembre – octubre de 1972 ya participaban en él, los campamentos “Luciano Cruz”, “Fidel Ernesto”, “Manuel Rosales” y “Ñancahuazú”, y las cooperativas de construcción “La Oración”, “Brunelesco” y “Cultural Las Condes”, agrupando en total a unas 1.000 familias. Además, se integrarán cuatro poblaciones de la zona de “El Arrayán”, el sindicato campesino del mismo sector, siete centros de madres, los obreros municipales de la comuna, y el Centro de Perfeccionamiento de la Enseñanza, dependiente del SUTE, Sindicato Unico de Trabajadores de la Educación. El presidente de este comando era el jefe del campamento “Luciano Cruz”, militante del Movimiento de Pobladores Revolucionarios .

«“A fines de julio de 1972 se forma el Comando de Trabajadores de Barrancas para enfrentar el problema de la locomoción, de la luz y agua en los campamentos del sector, para manifestar la necesidad de un hospital y la toma de posesión de los fundos expropiados y contra la “justicia burguesa”. Si bien en ese período no se identifica claramente la presencia del MIR en el comando, salvo quizás en algunos de los elementos programáticos levantados, la confirmación de su presencia se da en julio del 73. En ese mes, específicamente el día 25, el diario “Las Ultimas Noticias” publica una noticia bajo el título “El MIR aisló sector poniente de Santiago”, identificando la participación del FTR en la movilización, la cual se hacia en función de once puntos, de los cuales destacarán la petición de más canastas populares y abastecimiento directo, expropiación de las grandes distribuidoras mayoristas, el fortalecimiento de los organismos de defensa del pueblo y creación de brigadas en todos los campamentos, apoyo a un paro nacional destinado a fortalecer el poder popular, y el llamado a controlar y vigilar a los grupos armados de la derecha.”»

Por su parte, en el Comando Comunal Conchalí – Area Norte, donde participan un número importante de organizaciones de diversos sectores, se observa la presencia del FTR a través de la conducción del sindicato de la industria DEVA, sindicato que a su vez convocará a la conformación del comando, obteniendo más tarde la dirección de dicha instancia al ser elegido el presidente del sindicato en el cargo máximo del comando.

Finalmente, otros comandos donde se puede observar la presencia del MIR, tanto en sus direcciones como a nivel de participación de base, son en el Comando Comunal de Estación Central, el cual preside un miembro del FTR de ENAFRI, industria del sector; el Comando Comunal Macul o Ñuñoa Centro, donde participan núcleos del MPR a través del campamento “Jaime Eyzaguirre”, el cual de hecho preside un miembro de dicho frente de masas, pudiendo observarse además la presencia del FER del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, y; el Comité Coordinador Ñuñoa Oriente, presentándose la fuerte presencia del MPR a través de su participación y dirección en una de las agrupaciones poblacionales más importantes del sector, el campamento “Lo Hermida”.

En 1973 el Manifiesto de Agosto de los Comandos Comunales”. Este manifiesto de matriz mirista, planteará: “La formación de Comandos Comunales, en todos los sectores en que funcionen los Cordones Industriales, es la orden del día para los obreros, pobladores, campesinos y estudiantes”, para luego señalar que “La creación de Comandos Comunales en todo Santiago conducirá a la instauración de un verdadero poder popular capaz de sustituir, cada vez más, los organismos de poder burgués y capacitando los trabajadores a tomar en sus manos la conducción del estado” . Dicho manifiesto será suscrito por el Comando Comunal de Trabajadores de Estación Central, Comando Comunal de Barrancas, Comando de Coordinación de Pobladores de “Lo Hermida”, Comando Comunal de La Florida, Consejo Comunal Campesino de Lampa, Consejo Comunal Campesino de Colina y la JAP Comunal de Maipú.

Este hito histórico sería el último intento para organizar al pueblo.

«” Los Comandos Comunales estructurados irregularmente, respondiendo esencialmente a coyunturas específicas, y por lo mismo con escasa capacidad de convocatoria “efectiva”, es decir, movilizable constantemente, no tendrá correlato con la importancia que van adquiriendo en el debate teórico, donde claramente pasan a constituirse en un tema central. A la vez, esta propia centralidad, y especialmente la álgida coyuntura que se vivió a fines de la Unidad Popular, llevará a que los propios partidos de la coalición de gobierno llamen a constituirlos,  buscando pasar  de la teoría a la práctica.”»

Por su parte, para el MIR, los Comandos Comunales constituyeron desde el principio la forma organizativa esencial donde se debía organizar el pueblo, y ese elemento de su política se puede observar por lo menos desde marzo de 1972, y claramente hacia el período final logra madurar su posición respecto a estos, permitiéndole a su vez insertar el tema de los comandos en la discusión con la izquierda, y más importante aún, logrando, creemos, influir en mayor o menor medida en el resto de la izquierda en torno a la importancia capital de este órgano de poder.

En el Chile de hoy, Radio TV Liberación Miguel Enríquez invitamos, a debatir sobre la construcción del poder popular, desde el rol de los medios alternativos de comunicación.

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La estrategia del MIR ante las elecciones de 1970

COAPO

Hoy que el proceso de rearticulación del MIR está en marcha, pareciera inquietar a ciertos sectores políticos, que se sienten cómodo dentro de está institucionalidad. Nos encontramos frente a las mismas prácticas del pasado, ataques personales y prácticas destructivas dentro de las propias filas de quienes se autoproclaman de izquierda, lanzando discursos revolucionarios. 

El MIR a sabido históricamente enfrentar políticamente estos ataques, que buscan frenar el avance de los sectores más conscientes del pueblo.

En 1969 el MIR se posiciona políticamente como un partido fuertemente cohesionado, con una disciplina militante y compromiso revolucionario. Resultado del proceso interno de reorganización, que significó la expulsión de aquellos sectores no comprometidos con las tareas militares y de masa del partido. 


  “Sostenemos que las elecciones no son un camino para la conquista del poder. 

Desconfiamos que por esta vía vayan a ser gobierno los obreros y campesinos, y se comience la construcción del socialismo. Estamos ciertos de que si ese difícil triunfo electoral popular se alcanza, las clases dominantes no vacilarán en dar un golpe militar. (…) Por todo ello, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria no desarrollará ninguna actividad electoral (…) Nuestra tarea fundamental, entonces, será ayudar a empujar el auge que la lucha social evidencia desde hace mas de dos años; evitaremos en la medida de nuestras fuerzas que el proceso electoral frene estos fenómenos y prepararemos desde ya los modelos políticos, orgánicos y militares que ayudarán a mostrar el camino frente al desenlace de septiembre, cualquiera que sea. La acción revolucionaria armada y la movilización combativa de masas será nuestra tarea” Miguel Enríquez. 

El abstencionismo obedeció a la respuesta política, ante las falsas ilusiones de la institucionalidas burguesa. El MIR plantea su estrategia política, ante un escenario que no era favorable para los cambios revolucionarios, instalado la lucha ideológica dentro de la izquierda tradicional.

“Los que allí están buscan la conquista del poder por la vía electoral. Creemos que ese es un camino equivocado, por lo menos no es el nuestro. Pero el hecho de diferir en el método no los convierte en nuestros enemigos. Sólo hace evidente que marchamos por caminos distintos.

 En la Unidad Popular vemos distintos sectores. Por un lado está la gran mayoría de los obreros campesinos pobladores y empleados que buscan por este camino el socialismo, y por el otro, los cuadros y militantes de la izquierda tradicional que aún creen que conquistarán un gobierno de obreros y campesinos por esa vía. Creemos que están equivocados, diferimos de los métodos que utilizan y estamos seguros que pronto recapacitarán de su error”. 

El MIR  dejan en claro la diferencia entre quienes lo conforman, realizando una primera caracterización de la UP: 

“En la Unidad Popular también se encuentran sectores reformistas de izquierda. De ellos nos separan mayores diferencias que van desde aspectos programáticos, como el carácter de la revolución hasta cuestiones de orden táctico y estratégico. Ellos van por camino distinto al nuestro y nunca han visto con simpatía nuestro desarrollo. Pero por encima de todo, nada los convierte en nuestros enemigos. (…) 

Por último, en la Unidad Popular existen fuerzas con las que difícilmente podemos coincidir: los radicales. No creemos en alianzas con ellos, no podemos olvidar su pasado político, ni que muchos de sus miembros son representantes de sectores sociales altos. (…) Estos sectores, más otras fuerzas de dudosa calidad política, han sido los que en la Unidad Popular han moderado aspectos del programa y que hoy frenan el desarrollo de una campaña combativa con llamados a la legalidad y la no violencia”.
El MIR planteó una crítica del programa de la UP, planteando que si bien es de izquierda en sus definiciones fundamentales, tiene imprecisiones y ambigüedades. Sostuvo que la UP: 

 “llama a la formación de un Estado Popular y Democrático y no a un gobierno revolucionario de obreros y campesinos. Asegura la existencia de sectores de industria privada durante el futuro gobierno popular sin definir su magnitud y peso económico y se cuenta como fuerzas aliadas a empresarios medianos, sector social que no se entra a definir. No se precisan los mecanismos de movilización, acceso y defensa del poder por las masas, sino en términos puramente formales y generales. Estas y otras limitaciones no alcanzan, en todo caso, a invalidar la tendencia esencialmente reformista de izquierda del programa”.

El MIR fue crítico al proceso electoral de 1970, así mismo leal al Presidente Allende desde el primer día de su mandato. 

  “El triunfo electoral de Allende, la brusca apertura de las libertades democráticas y la extensión de las movilizaciones populares que éste significó, encuentran al MIR entonces, relativamente implantado en el movimiento de masas aunque todavía inclinado fundamentalmente a los métodos conspirativos de lucha y aún inexperto en las formas de lucha politica y de masas que exigía la nueva situación. Una vez más es Miguel quien mejor comprende en el MIR, en septiembre de 1970, la nueva orientación de las tareas del Partido a raíz del ascenso de Allende al gobierno y, un año más tarde, el retraso del MIR en la lucha por disputar al reformismo y al centrismo chilenos la conducción de la clase obrera y el pueblo. El Partido se adapta velozmente al nuevo período de la lucha de clases nacional, un período de carácter pre – revolucionario, y acelera y profundiza su preparación militar para enfrentar, a la cabeza de las masas, la inevitable arremetida contrarrevolucionaria de la burguesía.  “la mayoría electoral de la UP significa un inmenso avance en la conciencia política de los trabajadores, que con certeza favorecerá el desarrollo de un camino revolucionario en Chile. 

(…) Que la UP asuma el gobierno no significa que inmediatamente se produzca la conquista del poder por los trabajadores o el socialismo en Chile. (…) se lucha para que la izquierda sea gobierno, o sea, que los cargos públicos de Presidente, Ministros, etc., sean ocupados por la izquierda, pero hasta aquí, desde el aparato represor del Estado capitalista hasta la explotación y miseria en los campos y ciudades de Chile permanecen intactos. La meta es la conquista del poder por los trabajadores, ya que sólo existe cuando las empresas extranjeras y los bancos son de todo el pueblo en los hechos, cuando las fabricas, las minas y los fundos son en realidad de los obreros y los campesinos”.
El MIR propuso apoyar las medidas del programa de la UP, porque golpeaba núcleos vitales del sistema capitalista. Por tanto, se impulsó la realización de este programa y buscando su radicalización en las masas, colocándose como tarea urgente la defensa del triunfo electoral, todo esto planteando la exigencia de que no existiera alianza con la Democracia Cristiana en el Congreso ni conciliación alguna sobre su programa.

  « “En primer lugar buscamos crear un “frente” de las distintas fuerzas de la izquierda, definido por el objetivo de defender un eventual triunfo de Allende de un golpe militar reaccionario. Para ello, en primer lugar estrechamos nuestras relaciones, buscando emprender tareas conjuntas, con las organizaciones conocidas como “izquierda revolucionaria” (…) En segundo lugar, estrechamos relaciones con lo que llamamos “sectores revolucionarios”, refiriéndonos a grupos “fraccionales o tendenciales” que existen dentro de la izquierda tradicional. En tercer lugar, se abrió la relación con altos personeros de la Unidad Popular (…), con los que se llegó a algunos acuerdos (…). En cuarto lugar, se buscó estrechar la relación con el PS, especialmente con el sector de Izquierda. No hubo relación con el Partido Comunista, si con el MAPU a nivel de Dirección Nacional”.»
Una vez ratificada la victoria de Allende en el Parlamento, previa firma de un documento de garantías constitucionales con la DC.

El MIR definió su postura respecto de la UP, ya como gobierno: 

“nuestras posibilidades de apoyo u oposición a lo que la UP realice, no significarán desviaciones oportunistas nuestras, en la medida que tenemos claros nuestros objetivos y nuestro camino. Por incorporarnos al proceso que la UP conduce, corremos el riesgo de sepultar en el desprestigio el camino del socialismo en Chile y en America Latina, si sus vacilaciones priman sobre sus avances y el proceso se frena. No obstante, una oposición “purista” y ciega puede aislarnos de un proceso que, pasando por un enfrentamiento de clases históricamente significativo, pueda ser el inicio del camino al socialismo. En lo inmediato, empujaremos desde aquellos aspectos que coincidan con nuestra política”.
Esta postura guió sus acciones y relaciones iniciales con el gobierno de la UP, caracterizándolo de no ser un gobierno burgués. Por lo tanto, no primaría el enfrentamiento directo sino más bien la crítica y la exigencia política por izquierda.

El período de reorganización del MIR

COAPO

El MIR en plena represión del gobierno de Eduardo Frei, enfrenta un proceso interno de reorganización del partido.

MIR

  “Hoy día y especialmente mañana, para una organización que pasa a la acción o que está en guerra, un cierto número de cosas deben ser modificadas. Si los objetivos son los mismos las prioridades y los métodos son diferentes. El volumen relativo de las “tareas especiales” deben aumentar enormemente. Las “tareas especiales” deben dejar de ser privativas para un sector de la organización para transformarse en el problema de la mayor parte del Movimiento. 

Las cuestiones políticas estarán estrictamente ligadas a las tareas especiales. Los cuadros “especiales” deberán ser políticos y los cuadros políticos pasaran frecuentemente por lo “especial”. De la integración de lo político y de lo militar se hará una realidad. 

No habrá más espacio para tendencias demasiado divergentes. La organización deberá adquirir una relativa homogeneidad política: solo los matices y los desacuerdos menores podrán subsistir. Luego de la discusión la minoría deberá someterse a la mayoría y la disciplina deberá ser reforzada. Sin violar en lo esencial los principios de la democracia interna y del centralismo, se pedirá a la militancia acordar una mayor delegación de poderes en las estructuras medias y superiores. Estas deberán adquirir una mayor autonomía. 

Los militantes deberán aceptar las reglas de una rigurosa clandestinidad. El tipo de militante que ingresará al MIR debe ser diferente que antes. Los aficionados deberán abandonar a la organización. No será suficiente respetar pasivamente los horarios de las reuniones. No se ingresará y se hará abandono del partido de cualquier forma. La entrega de si mismo deberá ser total. La organización decidirá si un militante debe o no trabajar, o estudiar, o donde habitar, etc. 

Es la única manera de constituir una organización sólida, disciplinada, eficaz, capaz de discutir menos y operar en plena clandestinidad. Es esta la organización la que realizará acciones o iniciará la guerra de clases en Chile.”

<Miguel Enríquez>

Grupos Político Militares, se transforma en el sistema circulatorio interno del MIR.

La estrategia política para la conquista del poder y el programa de la revolución proletaria, careció de la una mayor definición en el quehacer. 

Fue un salto cualitativo para la época que repercutirá en el seno de las masas. Donde la influencia del reformismo y el centrismo en la clase obrera, había ocultado y deformado la teoría revolucionaria marxista-leninista.

Es así, que el aporte de la nueva organización fue que se constituía como el núcleo revolucionario, a partir del cual se podría desarrollar el partido revolucionario del proletario chilenos.

  

 

« El apego al “electoralismo” por parte de la izquierda tradicional, en cierta medida 

limitó las posibilidades de que ésta se convirtiera en la auténtica portadora de la voluntad y aspiraciones del pueblo, ya que en un escenario económico marcado por el agotamiento del ciclo de acumulación capitalista, con grandes masas pertenecientes a los sectores populares y medios que comenzaron a vivir un constante y sostenido empobrecimiento, aumentó el descontento social y provocó un auge en las movilizaciones de masas, dando origen a movimientos de protesta, huelgas, ocupaciones de terrenos y otras expresiones de agitación popular que la izquierda tradicional no fue capaz de encauzar en su totalidad a través de la lucha electoral.»

Andrés Pascal

 

 

« En este contexto nació el MIR, como una alternativa más radical a la propuesta de esta izquierda tradicional. 

 El MIR vino a colmar un vacío político (…) y la aparición de esta “nueva izquierda” fue una necesidad que las condiciones objetivas imponían debido a la intensificación de la lucha de clases que se agudizó desde mediados de los cincuenta sumado a la incapacidad de la izquierda tradicional para adecuarse a este nuevo escenario.»



Hoy la izquierda revolucionaria no ha logrado rearticularse, carece de un proyecto político coherente independiente del factor electoral.  

Para ciertos sectores políticos en este Chile actual, que pretender relativizar la importancia y vigencia del MIR.  Se hace pertinente dar una mirada a la historia de la naciente organización revolucionaria en los 60; su aporte fue el hecho histórico de concebir en esos años la voluntad política, de transformarse en el núcleo revolucionario a partir del cual era posible desarrollar el partido revolucionario del proletario chilenos.

El MIR dejaba en evidencia más de 50 años de la lucha legal e institucional de la clase obrera y el pueblo chileno, subordinados a la política internacional de la ex URSS. Desnudando  ese caudillismo de esa izquierda tradicional, que no aspiraba a profundizar las condiciones objetivas para la toma del poder.

«”  El MIR irrumpe en la Historia de Chile dispuesto a superar los límites de la acción política “clásica” de la izquierda tradicional, que desde la década de los treinta se integró al sistema político nacional participando de los Frentes Populares. Esta adhesión a la institucionalidad es posible entenderla como parte de la historia política chilena, que se ha caracterizado más por su continuidad que por sus rupturas. De esta forma los partidos de izquierda se integraron al sistema político respetando “las reglas del juego” y desde allí se dispusieron a realizar las reformas necesarias para llevar a cabo sus programas “revolucionarios”. Esta acción se va a constituir en una tradición con muchoarraigo no sólo en los partidos políticos, sino también en el movimiento obrero y en gran parte de los sectores populares. »

En ese periodo el MIR desarrolla un trabajo político de masa en sectores estudiantiles, en los espacios populares, y las organizaciones obreras. Enfrentando al sectarismo u dogmatismo de los partidos tradicionales de la izquierda. 

En los primeros años el centrismo al interior del MIR planteó los primeros desafíos de la reorganización del movimiento y su militancia revolucionaria.

La práctica en el quehacer revolucionario es contraria a la política “de escritorio”, que sólo generaba discusiones estériles ajenas con las tareas concretas del MIR.

En 1967 daba un salto cuantitativo y cualitativo de crecimiento en el seno del pueblo, abriéndose nuevos frentes de trabajo político. 

Así, la formación de cuadros y militantes era el resultado de la Unión, de la teoría y la práctica revolucionaria. Asumiendo la Secretaría General del MIR, Miguel Enríquez.

  Miguel Enríquez afirmaba en el año ’68 que el militante revolucionario debía ser un cuadro político y militar a la vez, en tanto las acciones militares respondían a una postura política del Partido frente al sistema imperante. También debía estar estrechamente vinculado a las masas y realizar un trabajo ideológico en los sectores sociales donde se desenvolviese. Así, en su conjunto, tales características conformaban un militante integral con capacidad de llevar a cabo cualquier tarea que el tiempo histórico demandare. Por otra parte, el militante mirista debía actuar en absoluta clandestinidad y con la máxima disciplina y entrega de sí mismo hacia la organización, pues de ello dependía el óptimo funcionamiento del MIR. Al respecto, el MIR planteaba que “el militante del Partido Revolucionario del Proletariado es un proletario de vanguardia, esto es, debe ser capaz de cumplir, a escala, todas las tareas del Partido Revolucionario, debe reunir el dominio de la teoría con la práctica, la actividad intelectual con la actividad práctica revolucionaria, y la lucha cotidiana por la transformación de la sociedad de clases por la gestación y prefiguración de un nuevo tipo de hombre, con la formación del revolucionario concreto integral y combatiente, eslabón en el camino hacia el hombre total del socialismo. “