Miguel Enríquez: el MIR y el Poder Popular

Radio TV Liberación plantea una necesaria reflexión sobre el poder popular, desde la vigencia del proyecto revolucionario del MIR, tomando como hilo conductor a  Miguel Enríquez  en el Chile de hoy.

 

Miguel Enríquez

“Pliego del Pueblo y el Manifiesto del Pueblo; embrionariamente surgían síntomas de una contraofensiva popular que debió haber sido la senda fundamental a partir de la cual debió ser orientado el movimiento de la izquierda y el pueblo después de la crisis de octubre. Pero la crisis de conducción y las vacilaciones reformistas hicieron que  esto no se estableciera. Habiendo germinado en órganos, germinalmente de poder local en un ascenso que era característico del período, pero que acá tomaba connotaciones importantes,

Habiéndose generado más de medio centenar de Comando Comunales que abríanembrionariamente la generación de un poder popular, la conducción reformista que predominó, y no fuimos capaces de revertirla, estableció lo contrario, buscó una salida distinta; el gabinete, el llamado por ellos gabinete, por nosotros “gabinete UP-generales ́ ́.

El reformismo fundamentalmente planteó y logró predominar en las fuerzas de izquierda y sabemos que en esto tuvo que “predominar” porque el conjunto de las fuerzas de izquierda no participaba de esto, y levantó la fórmula de lo que llamábamos gabinete UP-generales. ¿Qué estaba realmente haciendo? Aceptando imposiciones de la clase dominante o de fracciones de ella; no caía el gobierno, pero al mismo tiempo, eso sí, se consolidaba el sistema de dominación burgués. ” Miguel Enríquez

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Los Comandos Comunales, también llamados Coordinadores Comunales o Comités Coordinadores, fueron organizaciones populares surgidas originalmente para enfrentar los efectos del paro patronal de octubre de 1972.

Por consiguiente, como consecuencia del paro patronal … se fortalecieron enormemente las organizaciones de masas y surgió un sinnúmero de nuevas organizaciones, destacándose los Comandos Comunales, estos alcanzaron un nivel superior de organización, ya que lograron incorporar en un mismo aparato de coordinación y ejecución a obreros, campesinos, pobladores, estudiantes, profesionales y técnicos …se estaba frente a una alianza de clases en su máxima expresión, asumiendo tareas que se aproximarían a lo que sería un verdadero poder popular: Su objetivo el coordinar todas las acciones que se emprendieron en la comuna para vigilar, prevenir el sabotaje, asegurar la distribución de alimentos y bienes esenciales, el transporte, el abastecimiento de materias primas, etc, y en este sentido toman decisiones, planifican el trabajo, distribuyen responsabilidades, etc, es decir, ejercen realmente una determinada cuota de poder llegando a ser verdaderos organismos de poder en el seno de las masas, se fueron construyendo enlace y articulación entre sindicatos, juntas de abastecimiento y control de precios (JAP), juntas de vecinos, centros de madres, campamentos de pobladores, etc… teniendo como tareas básicas el abastecimiento de la población, canalizando la entrega de alimentos conjuntamente con las JAP comunales, la defensa, organizando comités de vigilancia en los barrios y poblaciones, y el transporte, empadronando a los chóferes y los vehículos durante el paro.

Desde el MIR se impulsaba ideológicamente el poder popular, se abrió un proceso de articulación  al interior de algunos partidos políticos de izquierda.

Los Comandos Comunales nacen con la movilización desarrollada por campesinos de Melipilla y obreros del cordón Cerrillos – Maipú en la primera quincena de julio de 1972, y por la realización de la Asamblea Popular en Concepción hacia fines del mismo mes. En el primer caso, se dio la coordinación de campesinos y obreros para protestar contra la decisión judicial desfavorable para los primeros, así como en rechazo de la derecha y sus acusaciones contra ministros de Allende, coordinación que se mantendría y potenciaría en el contexto del paro patronal y más tarde en la reacción frente al “tanquetazo”.

El segundo caso se refiere al acto convocado y desarrollado por diversos partidos políticos de izquierda y organizaciones sociales de la provincia de Concepción, entre los que se encontraban el PS, MIR, IC, MAPU, Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción (FEC), CUT provincial, entre otros. Este suceso, que en el fondo no tuvo mayores proyecciones políticas en términos de una coordinación más prolongada o la repetición del mismo, si tuvo repercusiones en el ámbito del debate respecto al poder popular y las formas de éste, planteándose entre otras ideas la necesidad de unificar los organismos populares en los Consejos Comunales de Trabajadores. Desde el PCCH se orientó una política de carácter reformista, logrando influir en el gobierno de Allende, con la finalidad de neutralizar a los sectores revolucionarios de izquierda.

Reconociendo en este periodo las embrionarias organizaciones que comienzan a conformarse hacia fines de 1971 y comienzos de 1972, cuando se crean el Consejo Comunal de La Florida y el Consejo Comunal de Las Condes, ambos con una importante participación de los sectores poblacionales del MIR. En el primer caso, dicho consejo comunal fue creado para representar a los sectores mayoritarios de la comuna,  sus objetivos políticos eran luchar contra los grupos reaccionarios, proyectándose realizar ambas tareas desde la misma municipalidad. A su vez, el caso del Consejo Comunal de Las Condes apuntaría a constituirse en un “foco de lucha antifacista” y de creación del nuevo poder popular .

El salto cualitativo en la toma de conciencia no se daría sino hasta octubre de 1972, en el contexto del paro patronal, y se produciría otra nueva oleada de creación o reactivación hacia junio – julio de 1973, a propósito del “tanquetazo”. Así, surgirían en Santiago los Coordinadores Comunales o Comandos Comunales de Vicuña Mackenna, Macul, Panamericana Norte – Renca, San Miguel, Cerrillos, Estación Central, Conchalí – Area Norte, Plaza Italia, Santiago Centro, Vizcachas – Open Door, La Granja, Comando Comunal Maipú, Comando Comunal de San Bernardo, Comité Coordinador Carrascal, Comando Comunal de Trabajadores de Colina, Comando Comunal de La Florida, Consejo Comunal de Las Condes, Consejo Comunal de Lampa y Batuco, Comando Comunal 2° Comuna, Comando Comunal de Trabajadores de Barrancas, Comando Comunal de Unidad Popular de Quilicura, Consejo Comunal de trabajadores de María Pinto, Comando Comunal de La Cisterna, Comando Comunal provisorio de la 8° Comuna, Comando Comunal de Quinta Normal, Coordinador Comunal de Macul o Ñuñoa Centro, Comité Coordinador Ñuñoa Oriente, y Comité Coordinador Parque O”Higgins.

Fue así, en los meses posteriores al paro gremial, funcionaron alrededor de 20 Comandos Comunales en el Gran Santiago, llegando a sumar cerca de 100 a nivel nacional, con heterogéneos niveles de organización y apoyo de organizaciones de base . Desde provincia se fueron gestando iniciativas locales/territoriales.

Respecto a su composición y tareas, podemos destacar como ejemplo ilustrativo del poder polar que se estaba gestando: el Comando Comunal de Conchalí – Área Norte y el de San Miguel. El primero incluía a sindicatos de las industrias y empresas DEVA, Fundición Libertad, Nobis, Ceresita, Ferriloza, Vía Sur, entre otras; las poblaciones “La Palmilla”, “Juanita Aguirre”, “Patria Nueva”, y “Parque Santa Mónica”; JAP y unidad vecinal 33, y unidades vecinales 3 y 26; el liceo 25, la escuela 428, la comunidad del Liceo Gabriela Mistral y las escuelas de Medicina y Dental de la Universidad de Chile; los hospitales Psiquiátrico, San José y el consultorio de “La Pincoya” y; finalmente, el sindicato campesino “Fidel Castro”, fijándose como tareas el abastecimiento, la vigilancia y el control de precios. Por su parte, el Comando Comunal de San Miguel lo integraban las  JAP,  los pobladores, centros de madres, organizaciones juveniles, juntas de vecinos, sindicatos como el de Sumar Polyester y Silberman, y centros de alumnos de liceos industriales, dándose como tareas la requisición de vehículos, la vigilancia, el abastecimiento y la distribución, y la no entrega de ninguna empresa requisada.

Con la conformación masiva de estas nuevas organizaciones populares, tanto Cordones Industriales como Comandos Comunales, el debate respecto al poder popular y las proyecciones de este se acentuó , manifestándose claramente las diferencias que existían respecto a este tema entre los diversos partidos políticos de izquierda. Así, las coincidencias que se habían dado originalmente en torno a estos – contexto de su surgimiento, composición, tareas básicas, importancia para poder enfrentar el paro patronal -, se transformaron rápidamente en diferencias cuando se comenzaron a analizar las proyecciones que debían tener a futuro.

Del conjunto de los partidos políticos de izquierda, será el Partido Comunista que establecerá la relación más compleja con los Comandos Comunales, pese a que reconocía su importancia.

El Partido Socialista por su parte adoptó una posición más positiva frente a los comandos, alentando, por lo menos a nivel de discurso, su conformación . De hecho, el MIR, que impulsaba con fuerza la creación de los comandos, decide apoyar electoralmente al PS en las parlamentarias de marzo de 1973 argumentando entre otras razones la posición coincidente que se tenía frente a la constitución de estos y sus proyecciones políticas, coincidencia que en realidad no pasaba mas allá de cuestiones de forma.

El MIR impulsaba los órganos de poder popular, aunque todavía embrionarios que debían actuar con independencia respecto al gobierno y la burocracia estatal. Los socialistas los veían como simples vehículos de coordinación del trabajo de las organizaciones populares en una localidad determinada. Por lo tanto, rechazaban la tesis de poder popular implícita en la concepción mirista, partiendo de la base que el gobierno estaba ya controlado por partidos que representaban a la clase obrera.

«Miguel Enríquez, Secretario General del MIR, julio de 1973: “Desde hace dos años venimos impulsando el desarrollo de formas de organización de masas, que enfrentando el orden burgués genere embrionáriamente formas de dualidad de poder, único camino que permite cristalizar la acumulación de fuerzas que se ha venido desarrollando. Si bien al principio esto no tomó forma concreta a nivel de masas, a fines de 1972 frente a las agresiones patronales… el movimiento de masas y extensos sectores de la izquierda tomaron conciencia de la necesidad de organizar su propio poder y lo impulsaron desde la base, generando las formas de poder ya conocidas”. »

A su vez, respecto a su composición y el por qué de esta, Miguel Enríquez diría al periódico “El Rebelde”: “Entendíamos que era necesario establecer la alianza obrero – campesina y establecer la alianza con los que llamamos los pobres de la ciudad. Y la única forma era incorporándolos a lo que llamamos Comandos Comunales. En segundo lugar, entendíamos que el pueblo estaba fragmentado, que la clase obrera estaba dividida por ramas de producción. Que la clase obrera no podía ser vanguardia de las clases en forma global y plena en la medida que estaban fragmentados campesinos y obreros, pobladores y obreros, estudiantes y obreros. Que había que buscar un mecanismo que incorporara a todas las capas del pueblo. Y a la vez incorporara a capas más retrasadas o que estaban pasivas. A partir de esto, entendíamos que se podían plantear las tareas del control del aparato burocrático del estado, en las cuales se reconociera la contradicción que había y que hay entre el movimiento de masas y el aparato burocrático del estado. En estos comandos se encontraría la fuerza para ir enfrentando a la burguesía, por un lado, y para ir generando los órganos de poder, por el otro” .

Por su parte, Nelson Gutiérrez, dirigente nacional del MIR, caracterizará en forma certera los alcances políticos de estas nuevas organizaciones: “Los Comandos Comunales, Comités y Consejos… (serían) los órganos embrionarios de un poder alternativo, que debe afirmar orgánica, ideológica, programática y políticamente la independencia de clase del proletariado en su lucha por el poder… Los comités, Comandos y Consejos deben ser organismos que coordinen a nivel comunal la actividad e iniciativa de los distintos sectores del pueblo, unifiquen sus fuerzas, centralicen su dirección y permitan desarrollar en mejor forma sus luchas inmediatas y la lucha por el poder”.

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Es así, que el MIR el sentido de los Comandos Comunales apuntaba a ir creando organismos de poder en forma embrionaria que fueran construyendo la dualidad de poder, elemento fundamental para destruir el aparato estatal de la burguesía y a la vez ir construyendo aquellos organismos sobre los cuales se haría el asalto al poder y la construcción de la sociedad socialista. De ahí entonces que el MIR colocó todos sus esfuerzos en la construcción de estos organismos de poder, lo que se manifestó en tres formas: en las críticas que realizaron a aquellos sectores de la izquierda que privilegiaron la construcción de otras orgánicas de poder popular; en las claras referencias que hacía respecto a la necesidad de constituir estos, incluso desde varios meses antes de que se implementara y masificara su constitución, y; en los esfuerzos reales de constitución de estos, tanto antes de octubre, como durante y después de esta coyuntura, lo que se refleja en la participación en ellos de militantes de los frentes de masas del MIR.

Respecto a lo primero, Miguel Enríquez planteaba en julio de 1973 que en el desarrollo del poder popular se habían presentado dos desviaciones: por una parte, aquellos que se habían opuesto a él con el propósito de mantener niveles de hegemonía burocrática en el movimiento de masas, oponiéndose a los comandos por un supuesto paralelismo a la CUT, posición que se manifestaba en el PC, y por otra, aquellos que habían restringido el desarrollo del poder popular al desarrollo de los cordones, cuestión que sería insuficiente pues solo aprovechaba los niveles de organización de la clase obrera, no organizando ni incorporando a las otras capas del pueblo, posición que se manifestaba especialmente en el Partido Socialista. Esta idea de las diferencias del MIR con los Cordones Industriales: el MIR “… objetaba el confinamiento y reclusión de los Cordones Industriales en el mundo de la fábrica y su consiguiente aislamiento de las demás capas del pueblo”.

En torno a lo segundo, el MIR comienza a plantear el tema de los “Consejos Comunales de Trabajadores” en forma constante a partir de marzo de 1972.

En un programa presentado por el MIR para “desatar la energía revolucionaria del pueblo” se plantea: “Impulsar el desarrollo del poder de los trabajadores. Desarrollar los Consejos Comunales Campesinos… Impulsar, a partir de las organizaciones de los trabajadores urbanos – sindicatos, poblaciones, JAP – el surgimiento de Consejos Comunales de Trabajadores que vayan asumiendo tareas de poder local”.

A su vez, en mayo de 1972 Miguel Enríquez diría: “Lo fundamental en los Consejos Comunales de Trabajadores… es que en ellos será posible incorporar a los amplios sectores urbanos, como los estudiantes, las mujeres, y sobre todo a los sectores postergados, a los pobres de la ciudad, como lo son los pobladores, lo sin casa, los cesantes: más que incorporar, se trata de unirlos bajo la conducción del proletariado industrial, y establecer bases sólidas para la alianza de clases que permitirá avanzar…” .

Por su parte, en julio del 72, en el programa que presenta simbólicamente el MIR para las elecciones complementarias de Coquimbo, se plantea en su punto 14: “A levantar como aspiración fundamental de los trabajadores y los pobres de la ciudad, los Consejos Comunales de Trabajadores, a través de los cuales expresen estos sus reivindicaciones y a la vez golpeen al aparato estatal burgués”

Miguel Enríquez
Radio TV Liberación, 5 de octubre Conversatorio Poder Popular en el Chile de hoy.

“Para nosotros las elecciones no entregan el poder a quienes participen en ella, pero si son instrumentos tácticos que se pueden utilizar para fortalecer las luchas del pueblo y avanzar hacia la conquista del poder. Su utilización en este caso concreto lo hace enormemente importante desde el punto de vista de las consecuencias y las perspectivas abiertas a partir de las elecciones de marzo. Nosotros, por lo menos  como política, vamos a participar con actividad electoral sobre la base de condicionarlo al levantamiento de un programa, el programa que hemos llamado el Programa del Pueblo y al problema de impulsar los Comandos Comunales y a una serie de consideraciones que iremos precisando en muy corto plazo.”

En agosto de 1972, El Rebelde pública “Los hechos de poder que se están produciendo por la acción de las masas abarcan todo el país. En Santiago, tras la movilización obrera del cordón Cerrillos, han seguido nuevas iniciativas de los obreros, campesinos y pobladores en Barrancas y Macul. El resultado a que apuntan esas movilizaciones es la creación de órganos de poder local, los Consejos Comunales de Trabajadores. Su coordinación a nivel provincial y nacional hará surgir sin duda un poder popular unificado, obrero y campesino, cuya expresión máxima será la Asamblea del Pueblo” .

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El FTR desde los cordones industriales construyendo Poder Popular

Finalmente, en septiembre de 1972, el Movimiento de Pobladores Revolucionarios (MPR), en el encuentro internacional de la vivienda, plantea “… la lucha por estos problemas (creación de la Empresa estatal de la construcción, entre otros) nos permitirá darnos niveles de organización más altos: la lucha por el poder local, la creación de los Consejos Comunales de trabajadores, logrando unir a todos los sectores de una comuna bajo las banderas del socialismo…”

Respecto a lo tercero, los esfuerzos que implementó el MIR para la conformación práctica de los Comandos Comunales así como su presencia en las direcciones de ellos, esto se comienza a visualizar desde fines de 1971. Así, a fines de diciembre de este año se comienza a conformar embrionáriamente un Consejo Comunal en La Florida, básicamente a partir de los sectores ligados al MPR, el que tendrá como una de sus manifestaciones, hacia septiembre de 1972, al “Comando San Rafael”, el que aglutinaba a los campamentos “Nueva La Habana”, “26 de Septiembre”, “14 de agosto”, “Mamá Rosa”, “René Schneider”, “Nueva Nevada” y “60 Unido”. A este Consejo Comunal se integrarían posteriormente la Manufactura Chilena de Caucho, única industria del sector, y las poblaciones “Pablo de Rokha”, “La Bandera”, “O”Higgins”, “6 de Mayo”, “Raúl del Canto” y “Santa Elena” .

A su vez, a comienzos de enero de 1972 se dan los primeros pasos para formar un Consejo Comunal en Las Condes, donde se observaba la participación de pobladores del MPR y obreros del FTR de la municipalidad. Hacia septiembre – octubre de 1972 ya participaban en él, los campamentos “Luciano Cruz”, “Fidel Ernesto”, “Manuel Rosales” y “Ñancahuazú”, y las cooperativas de construcción “La Oración”, “Brunelesco” y “Cultural Las Condes”, agrupando en total a unas 1.000 familias. Además, se integrarán cuatro poblaciones de la zona de “El Arrayán”, el sindicato campesino del mismo sector, siete centros de madres, los obreros municipales de la comuna, y el Centro de Perfeccionamiento de la Enseñanza, dependiente del SUTE, Sindicato Unico de Trabajadores de la Educación. El presidente de este comando era el jefe del campamento “Luciano Cruz”, militante del Movimiento de Pobladores Revolucionarios .

«“A fines de julio de 1972 se forma el Comando de Trabajadores de Barrancas para enfrentar el problema de la locomoción, de la luz y agua en los campamentos del sector, para manifestar la necesidad de un hospital y la toma de posesión de los fundos expropiados y contra la “justicia burguesa”. Si bien en ese período no se identifica claramente la presencia del MIR en el comando, salvo quizás en algunos de los elementos programáticos levantados, la confirmación de su presencia se da en julio del 73. En ese mes, específicamente el día 25, el diario “Las Ultimas Noticias” publica una noticia bajo el título “El MIR aisló sector poniente de Santiago”, identificando la participación del FTR en la movilización, la cual se hacia en función de once puntos, de los cuales destacarán la petición de más canastas populares y abastecimiento directo, expropiación de las grandes distribuidoras mayoristas, el fortalecimiento de los organismos de defensa del pueblo y creación de brigadas en todos los campamentos, apoyo a un paro nacional destinado a fortalecer el poder popular, y el llamado a controlar y vigilar a los grupos armados de la derecha.”»

Por su parte, en el Comando Comunal Conchalí – Area Norte, donde participan un número importante de organizaciones de diversos sectores, se observa la presencia del FTR a través de la conducción del sindicato de la industria DEVA, sindicato que a su vez convocará a la conformación del comando, obteniendo más tarde la dirección de dicha instancia al ser elegido el presidente del sindicato en el cargo máximo del comando.

Finalmente, otros comandos donde se puede observar la presencia del MIR, tanto en sus direcciones como a nivel de participación de base, son en el Comando Comunal de Estación Central, el cual preside un miembro del FTR de ENAFRI, industria del sector; el Comando Comunal Macul o Ñuñoa Centro, donde participan núcleos del MPR a través del campamento “Jaime Eyzaguirre”, el cual de hecho preside un miembro de dicho frente de masas, pudiendo observarse además la presencia del FER del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, y; el Comité Coordinador Ñuñoa Oriente, presentándose la fuerte presencia del MPR a través de su participación y dirección en una de las agrupaciones poblacionales más importantes del sector, el campamento “Lo Hermida”.

En 1973 el Manifiesto de Agosto de los Comandos Comunales”. Este manifiesto de matriz mirista, planteará: “La formación de Comandos Comunales, en todos los sectores en que funcionen los Cordones Industriales, es la orden del día para los obreros, pobladores, campesinos y estudiantes”, para luego señalar que “La creación de Comandos Comunales en todo Santiago conducirá a la instauración de un verdadero poder popular capaz de sustituir, cada vez más, los organismos de poder burgués y capacitando los trabajadores a tomar en sus manos la conducción del estado” . Dicho manifiesto será suscrito por el Comando Comunal de Trabajadores de Estación Central, Comando Comunal de Barrancas, Comando de Coordinación de Pobladores de “Lo Hermida”, Comando Comunal de La Florida, Consejo Comunal Campesino de Lampa, Consejo Comunal Campesino de Colina y la JAP Comunal de Maipú.

Este hito histórico sería el último intento para organizar al pueblo.

«” Los Comandos Comunales estructurados irregularmente, respondiendo esencialmente a coyunturas específicas, y por lo mismo con escasa capacidad de convocatoria “efectiva”, es decir, movilizable constantemente, no tendrá correlato con la importancia que van adquiriendo en el debate teórico, donde claramente pasan a constituirse en un tema central. A la vez, esta propia centralidad, y especialmente la álgida coyuntura que se vivió a fines de la Unidad Popular, llevará a que los propios partidos de la coalición de gobierno llamen a constituirlos,  buscando pasar  de la teoría a la práctica.”»

Por su parte, para el MIR, los Comandos Comunales constituyeron desde el principio la forma organizativa esencial donde se debía organizar el pueblo, y ese elemento de su política se puede observar por lo menos desde marzo de 1972, y claramente hacia el período final logra madurar su posición respecto a estos, permitiéndole a su vez insertar el tema de los comandos en la discusión con la izquierda, y más importante aún, logrando, creemos, influir en mayor o menor medida en el resto de la izquierda en torno a la importancia capital de este órgano de poder.

En el Chile de hoy, Radio TV Liberación Miguel Enríquez invitamos, a debatir sobre la construcción del poder popular, desde el rol de los medios alternativos de comunicación.

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El Manifiesto de Concepción y Poder Popular

COAPO
 

En el año de la rearticulación Debate Mirista


  “El enfrentamiento cada vez mas violento que se desarrolla en Chile entre los trabajadores y los patrones marca definitivamente las grandes líneas de este proceso. Ellas son la línea de las masas, las que empiezan a tomar en sus manos el problema del poder para resolver en su favor y la línea de la reacción, que dispara contra el pueblo desde los órganos del Estado que controlan: el Parlamento, la Justicia, la Burocracia. Entre estas dos líneas fundamentales, los reformistas actúan de hecho en el sentido de confundir, dividir y frenar el movimiento de masas y van quedando progresivamente marginados”. El Rebelde, agosto 1972 Edición N° 41

“…si los diputados y la mayoría parlamentaria democratacristiana y nacional se pone al servicio de los intereses norteamericanos, si la mayoría democratacristiana y nacional del Parlamento defiende los intereses de los dueños de las grandes fábricas, y los dueños de los grandes fundos, entonces el Parlamento habrá de ser combatido, vigilado y denunciado y si es necesario disuelto y remplazado por organizaciones que realmente representen al pueblo”. Miguel Enríquez

 

“Hoy es mas necesario que nunca ampliar y extender las posiciones conquistadas por todo un pueblo durante estos días. En la lucha por nuestra liberación definitiva hemos hecho avances enormes; nunca como hoy la clase obrera ha estado mas cerca del poder”. 

Juan Olivares, Presidente del Comando Comunal de Trabajadores de Estación Central y Consejero Nacional de la CUT. 1972

«La Asamblea surgió luego que algunos partidos de la Unidad Popular -PS, MAPU e IC- y el MIR de Concepción, convocaran a una marcha el 12 de mayo de 1972 en repudio a una movilización que había sido programada por la derecha para el mismo día. A partir de ese momento se comenzó a gestar un diálogo entre los convocantes, lo cual primero cristalizó en la redacción de un documento llamado Manifiesto de Concepción. En éste, se explicaban las razones de las movilizaciones, se criticaba al Parlamento por los proyectos de leyes que detenían el avance del proceso de cambios impulsado por el Gobierno, se visualizaba una contradicción entre el movimiento de masas y algunos sectores del Estado, y se proponía al Gobierno pasar a la ofensiva alentando la participación de los trabajadores en el APS con un mayor poder de decisión y control. Junto a ello la instauración del control obrero en la empresa privada. En el documento se percibe la influencia del MIR, en particular en el llamamiento que hace a construir los Consejos Comunales de trabajadores como expresión del Poder Popular.»


Es en este contexto que debe comprenderse la participación del MIR en la Asamblea celebrada en Concepción el año 1972.


«” Una lucha ideológica que enfrenta criterios reformistas con puntos de vista revolucionarios, se ha planteado en el seno de la izquierda chilena. En cierto modo pudiera decirse que esa confrontación se ha venido librando desde que se inició el actual proceso y aun antes. Tanto dentro del gobierno, como fuera de él, esas tendencias buscan imponer su conducción a las masas trabajadoras. Esta lucha ideológica no debe espantar a nadie porque no es sino la proyección, en el caso chileno, de una contienda que se viene dando desde que Lenin condujo a los bolcheviques al poder, luego de derrotar a los reformistas que combatieron ferozmente sus tesis. En toda oportunidad histórica en que el pueblo ha llegado a las puertas del poder, ha sido preciso dilucidar primero esta divergencia que separa las aguas entre reformistas y revolucionarios. Esta lucha ideológica, por cierto no corresponde más que esbozarla a los dirigentes políticos y a los intelectuales de ambas tendencias. Son las propias masas trabajadoras en cambio, las que profundizan y definen esa lucha. En definitiva es la acción, la práctica o la vida, como quiera decirse, lo que inclina la balanza en uno u otro sentido. Pero en cambio sí corresponde a los dirigentes responsables de partidos con influencia de masas, cuidar que esas discrepancias en el seno del pueblo se desarrollen dentro de cauces legítimos. Este aspecto es el que, sin embargo, más alarma produce en nuestro caso. En efecto, el combate contra lo que despectivamente llaman la “ultraizquierda”, ha llevado a determinados dirigentes desorientados de la izquierda tradicional a fomentar la agresión contra militantes de ia izquierda revolucionaria. De la agresión física a la represión organizada hay sólo un paso, y de allí a una respuesta igualmente violenta, mucho menos distancia. Deslizarse por esa pendiente llevaría a una guerra intestina en la izquierda de la que sólo sacarían provecho la burguesía y el imperialismo. Aun el simple reformismo de izquierda es intolerable para los reaccionarios, como se está demostrando en la situación chilena donde los partidos burgueses alientan variados recursos para retomar el gobierno. Por eso una división aguda, caldeada por enfrentamientos, llevaría al conjunto de la izquierda a su autodestrucción, peligro del que los sectarios parecen no darse cuenta.”»

 PUNTO FINAL

Año VI. Nº 159

Martes 6 de junio de 1972


Debate Mirista en el año de la rearticulación, invita analizar los hechos históricos y políticos, del “Manifiesto de Concepción”. 


« Los acontecimientos vividos por las masas en Concepción el viernes 12 de mayo, son uno de los hechos más extraordinarios que han ocurrido en Chile en un año y medio de Gobierno Popular, pues marcan un viraje profundo de la lucha de clases en la política nacional.


Si bien dichos acontecimientos estuvieron circunscritos a la provincia de Concepción, lo cierto es que, pese a la campaña de ocultamiento y falsificación posterior, sus efectos buscaban  proyectarse  en el resto del país.


Concepción, por su particular correlación de fuerzas políticas y sociales favorables a la revolución, no hace otra cosa que adelantar un reacomodamiento social y político que seguramente —aunque con distinto ritmo, en el tiempo— se extenderá a todo lo largo del territorio nacional.


Hacer conocer las experiencias ocurridas en Concepción, hacer comprender el significado oculto de los sucesos, forma parte de la clarificación urgente que requiere la formulación de una política reclamada por las masas populares. Este es el sentido más íntimo de este documento redactado por el conjunto de las organizaciones políticas que asumieron con plenitud revolucionaria la convocatoria del día 12.


Es esta una tarea ineludible en la medida que lo ocurrido en Concepción fue presentado en el país mediante esquemas y falsas contraposiciones que desfiguran por completo lo acontecido, impidiendo que los hechos se conviertan en una lección para las masas de todo el país.


Dar a conocer este documento el día mismo de la concentración revanchista de la reacción, es la respuesta política madura de quienes nunca circunscribieron la lucha de clases exclusivamente al enfrentamiento callejero con las fuerzas de la contrarrevolución.


Discrepancias importantes en el campo popular exigen que un proceso correcto de acumulación de fuerzas y de fortalecimiento de la izquierda, se desarrolle a través de la lucha ideológica de cara a las masas, sin deformaciones y falsificaciones malintencionadas.


Únicamente la verdad revolucionaria, la lucha ideológica abierta, responsable y fraternal, en el seno del pueblo, permitirá resolver los problemas que enfrentan las fuerzas revolucionarias en su camino hacia el poder.


1.— LA FALSIFICACIÓN DE LOS HECHOS


El martes 9 de mayo el conjunto de la Unidad Popular, incluida la dirección regional del Partido Comunista, acordó impulsar una movilización de masas, el mismo día en que saliera a las calles la reacción, resolviendo por unanimidad invitar a incorporarse al MIR a esta tarea.


Esta decisión de movilización combativa del pueblo contó con la adhesión de la CUT, el Consejo Provincial Campesino, el Comando Provincial de Pobladores, las federaciones estudiantiles y la mayoría de las organizaciones de masas de la provincia.


El propósito fue reducir la marcha de los momios a sus exactas dimensiones de minoría social y política, que aprovechándose de la legalidad burguesa pretendían canalizar y organizar públicamente la sedición y movilizar las masas políticamente atrasadas a través del engaño y la mentira.


El acuerdo sobre la movilización y marcha implicó por sí solo un avance en la relación entre las fuerzas populares y las fuerzas de la reacción.


Por primera vez en Chile el conjunto de la izquierda decidía una marcha simultánea a la marcha de los momios, lo que significaba comenzar a ganar también en las calles la lucha contra la reacción.


Más aún, por primera vez se manifestaba abiertamente la decisión de impedir, a través de la sola presencia combativa de las masas en las calles que los momios se reuniesen públicamente para incitar a la sedición y al derrocamiento del Gobierno Popular.


Estuvo claro para el conjunto de las organizaciones que esta convocatoria respondía a las exigencias de las masas que no ven en la alianza entre la DC, la DR, el PN y PyL, una fuerza de oposición política respetuosa de la legalidad, sino la fuerza que abiertamente organiza e incita a la contrarrevolución.


Posteriormente, la dirección del PC se restó al compromiso contraído públicamente frente al pueblo de Concepción. Más aun, luego utilizó todas sus influencias en el aparato del Estado para impedir la movilización de los trabajadores, deteniendo incluso un tren procedente de la zona del carbón.


Las restantes organizaciones persistieron en su decisión de convocar al acto, no como una demostración de prepotencia política, sino como una respuesta justa a quienes de una u otra manera participaron en el asesinato del General Schneider, en la organización del pánico financiero, en el desabastecimiento, en el sabotaje de la producción, en el complot de la ITT, en las campañas de insidias y calumnias que diariamente se suceden en “La Prensa”, “Tribuna” y “El Mercurio”, en la Reforma Constitucional Hamilton-Fuentealba, en la marcha de las ollas vacíes, en la destitución sistemática de Intendentes y Gobernadores, en la destitución del Ministro José Tohá.


Al mismo tiempo, considerando que la correlación de fuerzas que existe en la provincia de Concepción no es idéntica a la correlación de fuerzas en el conjunto del país, todas las organizaciones comprometidas en la convocatoria extremaron los recursos en materia de organización y disciplina para evitar provocaciones que fueran luego utilizadas por la reacción en contra del movimiento popular.


El recaudo principal fue asegurar una presencia multitudinaria que no diese lugar a la provocación artificial. Objetivo logrado con creces en tanto la convocatoria demostró coincidir con los anhelos más profundos de las masas populares y que desmiente cualquier acusación acerca de una supuesta provocación.


2.— LA CONCENTRACIÓN Y MARCHA DEL VIERNES 12


El hecho más escamoteado en la información que circuló con posterioridad a los acontecimientos fue la asamblea que tuvo lugar en el foro de la Universidad.


La concentración mostró algo magnífico y nuevo en la política nacional: la asamblea democrática que congregó a miles y miles de obreros, pobladores y estudiantes que durante casi dos horas escucharon con profunda atención y entusiasmo a los treinta y cinco oradores que se sucedieron en el uso de la palabra,


El pueblo de Concepción, reunido en asamblea, se autoconvocó decidido a defender activamente la estabilidad del Gobierno y la continuidad del proceso revolucionario.


Nunca hubo representación más democrática. Ningún arreglo parlamentario, ninguna convocatoria pudo ser más efectiva, más auténtica que esa multitud allí reunida. Hubo convicción en la unidad y unidad en la convicción.


Una vez más las mases demostraron su decisión de impedir que la reacción se resguardara en preceptos legales para ir preparando abiertamente las condiciones más favorables a la contrarrevolución.


La marcha demostró un alto grado de disciplina y organización de masas. En el largo trayecto a través de las calles de Concepción no hubo una sola provocación, un solo desmán, un solo piedrazo de legítimo resentimiento.


Reiteradamente el Grupo Móvil impidió el desarrollo normal de una marcha que no se proponía el enfrentamiento físico con la reacción, sino la disuasión mediante la presencia multitudinaria del pueblo.


Resultado del apaleo del Grupo Móvil fue la muerte del estudiante Eladio Caamaño. Al día siguiente, nuevamente, los carabineros apalearon estudiantes que realizaban una manifestación de duelo por la muerte de su compañero. En estas razones se apoya la exigencia de destitución de una política administrativa provincial contraria a los trabajadores.


3. — LA FALSIFICACIÓN IDEOLÓGICA


No sólo los hechos de Concepción fueron falsificados. Igualmente grave fue la falsificación ideológica de los acontecimientos y de las posiciones reales que se enfrentaron en el seno de la izquierda.


En esa perspectiva, la falsificación más grave es aquella que presume que las organizaciones que convocaron al pueblo para disuadir a los momios, quieren impulsar un enfrentamiento que considerarían inevitable.


Al respecto, debemos reiterar que el enfrentamiento depende del comportamiento de las clases dominantes frente a los avances de la revolución y de la capacidad e inteligencia que demuestren las fuerzas revolucionarias para disuadir y arrinconar a tiempo a la reacción.


Lo que estuvo en discusión en concepción fue la manera más correcta de disuadir y arrinconar a la reacción, única condición que hará posible, de ser exitosa, evitar la guerra civil y el derramamiento de sangre.


La discusión sobre los caminos más efectivos para disuadir y arrinconar a la contrarrevolución pasa por el análisis del papel que las masas, los partidos, el Gobierno y el aparato del Estado tienen en el proceso.


En los sucesos de Concepción las masas demostraron cuál es el papel que están dispuestas a desempeñar en ese proceso de disuasión y arrinconamiento de las fuerzas contrarrevolucionarias.


El pueblo objetivamente ve que no puede distinguirse, en la práctica, entre una pretendida oposición legal, por un lado, y la sedición contrarrevolucionaria por el otro.


En la medida que las masas no reconocen en la oposición política otra cosa que la contrarrevolución en ciernes, entran en contradicción con el aparato del Estado construido por la burguesía en sus largos años de dominación política y social. Es decir, que en su lucha para aplastar la contrarrevolución, que se reviste de oposición, las masas chocan permanentemente contra un Estado construido básicamente para resguardar los intereses de la reacción burguesa.


Buscando refugio en la legalidad que está por detrás del Estado, los contrarrevolucionarios se disfrazan de opositores e impiden el avance de la revolución. En el Congreso detienen los proyectos de ley tendientes a crear el área social de la economía, a través de la Contraloría exigen la devolución de empresas, mediante el aparato burocrático del Estado desvirtúan las medidas del Gobierno y a través de la Justicia exigen el concurso de las fuerzas represivas para detener el avance popular.


Esta contradicción entre las masas y sectores importantes del aparato del Estado es una contradicción fundamental porque a través de ella se expresa la lucha por el poder entre la burguesía y el proletariado.


La conquista del Gobierno Popular implicó neutralizar en parte el carácter coercitivo de este aparato del Estado y permitió avances importantes en la lucha antimperialista y democrática.


Lo cualitativamente nuevo en Concepción fue el reconocimiento por parte de la mayoría de las organizaciones de izquierda de la provincia, de la existencia de esa contradicción y la decisión de ponerse a la cabeza de la movilización popular. Este hecho, en que dentro de una argumentación reformista y ultralegalista se pretende ver una amenaza aparente a la estabilidad del Gobierno, en la práctica contribuye a su fortalecimiento, ya que demuestra a las fuerzas de la reacción la decisión de las masas de no permitir un retroceso en los avances del movimiento popular.


Por otra parte, el hecho de que la mayoría de los partidos de la izquierda se pongan unitariamente a la cabeza de las movilizaciones populares, interpretando y canalizan do sus exigencias más sentidas, otorga una flexibilidad política a las fuerzas revolucionarias que debe ser utilizada en profundidad. Porque de esta manera la acción de masas no se disuelve en una rebeldía estéril ni en el repliegue a posiciones conservadoras.


Reiteramos: lo cualitativamente nuevo que se dio en Concepción fue la coincidencia entre las direcciones de la mayoría de las organizaciones de izquierda y la correcta percepción de las masas que no admiten la falsa separación entre los partidos políticos de la derecha y los saboteadores, entreguistas, cómplices del imperialismo y calumniadores.


La DC no puede ser tratada sólo como fuerza de oposición cuando en los hechos se suma a quienes defienden las banderas del capitalismo, del latifundio, del imperialismo, marchando con Patria y Libertad y con el PN, o aplaude las expresiones orgánicas de los grandes empresarios como el FRENAP y la SOFOFA.


Mientras esto ocurra, las masas tienen todo el derecho a identificar concretamente oposición y contrarrevolución, actuando en consecuencia. Quien aliente una distinción inexistente en la realidad sólo favorece los planes de la contrarrevolución y se hace cómplice de la falsificación ideológica.


En esta perspectiva, creemos que en Concepción se dio un paso positivo en la resolución de la contradicción entre las exigencias revolucionarias de las masas y un Gobierno Popular que, si bien las representa, se encuentra cercado por un aparato del Estado construido para sustentar los intereses de la burguesía.  


Los acontecimientos de Concepción deben ubicarse en el camino de la acumulación de fuerzas revolucionarias, en un momento crítico en que la neutralización de los sectores vacilantes del pueblo, se ve más trabada por los problemas de desabastecimiento, las dificultades inherentes a las transformaciones económicas y el cerco imperialista.


Es simplismo afirmar que se trató entonces de la “tesis malsana del gran enfrentamiento”, no se trató de una presunta ruptura programática, sino de una alianza que busca la discusión y la puesta en práctica de una línea que asegure la irreversibilidad del proceso revolucionario.


LAS PERSPECTIVAS FUTURAS


Los sucesos de Concepción demostraron la inmensa reserva de energía revolucionaria que anida en las masas populares y la conciencia política que está señalando la decisión de aplastar a sus enemigos de clase.


Esta inmensa energía no puede ser constreñida en una institucionalidad que fue creada para reprimirla. Se requiere canalizar esas energías en la dirección de la lucha de clases y modelarla en nuevas formas institucionales que vayan gestando los cimientos del poder revolucionario.


Alrededor de los sucesos de Concepción se enfrentaron dos políticas en el seno del pueblo:


UNA, QUE CREE QUE SE PUEDE CONDESCENDER CON LOS ENEMIGOS DEL PUEBLO, LO QUE EN EL HECHO SIGNIFICA OLVIDAR LA EXISTENCIA DE LA LUCHA DE CLASES, QUE BUSCA APOYARSE BÁSICAMENTE EN EL APARATO DEL ESTADO Y NO EN EL PODER DEL PUEBLO Y DE LAS MASAS Y QUE, INCLUSO APUNTA LA REPRESIÓN DE AQUELLOS SECTORES DE LA IZQUIERDA QUE NO COMPARTEN SU POLÍTICA DE CONCILIACIÓN, PRETENDIENDO, EN LA PRACTICA, TRANSFORMAR EL ACTUAL GOBIERNO EN UN ARBITRO, RESTRINGIENDO SU ACCIÓN A LOS MARCOS DE UNA INSTITUCIONALIDAD QUE DE IGUALES GARANTÍAS A LAS FUERZAS DEL PUEBLO Y A LAS FUERZAS DE LA CONTRARREVOLUCIÓN.


LA OTRA POLÍTICA SE AFIRMA EN LA CONVICCIÓN DE QUE NO ES POSIBLE LA CONCILIACIÓN CON LOS ENEMIGOS DE LA CLASE TRABAJADORA.


SOSTIENE QUE LAS CONTRADICCIONES ENTRE EXPLOTADORES Y EXPLOTADOS SE MANTIENEN Y SE AGUDIZAN.


SOSTIENE QUE ES NECESARIO APOYARSE EN LA FUERZA Y MOVILIZACIÓN ORGANIZADA DE LAS MASAS, RECHAZANDO TODA EXPRESIÓN DE DOGMATISMO Y SECTARISMO EN EL SENO DEL PUEBLO, ABRIENDO CAUCE A LA DISCUSIÓN EN EL SENO DE LA IZQUIERDA SOBRE LA CONDUCCIÓN Y FUTURO DEL PROCESO REVOLUCIONARIO.


ESTA POLÍTICA RECHAZA LA TENDENCIA A ASIGNAR EN LOS HECHOS AL GOBIERNO POPULAR UN CARÁCTER NEUTRAL Y EXIGE QUE LA FUERZA DE GOBIERNO SE SUME A LA FUERZA DEL PUEBLO PARA IMPULSAR Y ENCAUZAR LA REVOLUCIÓN CHILENA.


LOS SUCESOS DEL VIERNES 12 FUERON LA CULMINACIÓN DE UN MOVIMIENTO PARA CUYA CONSOLIDACIÓN Y DESARROLLO SE REQUIERE PASAR A LA OFENSIVA:


— ALENTANDO LA PARTICIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES EN EL ÁREA SOCIAL, OTORGÁNDOLES UN MAYOR PODER DE DECISIÓN Y CONTROL SOBRE LOS CUERPOS ADMINISTRATIVOS.


— IMPLANTANDO EL CONTROL DE LOS TRABAJADORES EN LA INDUSTRIA PRIVADA.


— ASEGURANDO LA PARTICIPACIÓN REAL DE LOS POBLADORES EN LA DIRECCIÓN DE LOS ORGANISMOS DE LA VIVIENDA.


— OTORGANDO EFECTIVA CAPACIDAD DE DECISIÓN A LOS CONSEJOS CAMPESINOS, ENTREGÁNDOLES MEDIOS MATERIALES PARA EL CUMPLIMIENTO DE LAS FUNCIONES.


— UNIFICANDO LAS ORGANIZACIONES POPULARES EN CONSEJOS COMUNALES DE TRABAJADORES, QUE A TRAVÉS DE ASAMBLEAS POR LA BASE RESUELVAN CUESTIONES DE INTERÉS COMO EL CONTROL DEL ABASTECIMIENTO A TRAVÉS DE LAS JAP; COMO EDUCACIÓN Y SALUD, ETC.


Las masas de Concepción están demostrando, siguiendo la advertencia de Fidel, qué pueden y quieren aprender más rápido que la burguesía. Pero sus esfuerzos quedarían frustrados si las masas populares de Chile, si sus direcciones nacionales no aprendieran, ellas también, más rápido que la burguesía del país y sus camarillas dirigentes.


POR ESTO LLAMAMOS A LAS MASAS, A LA IZQUIERDA DEL PAÍS, A UNA FRANCA E INTENSA DISCUSIÓN DE LOS SUCESOS DE CONCEPCIÓN.


PARTIDO SOCIALISTA

MOVIMIENTO DE ACCIÓN POPULAR UNITARIA (MAPU)

IZQUIERDA CRISTIANA

MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA (MIR)

Concepción, 24 de mayo de 1972.»

 El diálogo entre los convocantes a la marcha finalmente confluyó en el llamado a desarrollar una Asamblea Popular en Concepción. A ella convocaron la CUT Provincial, el Comando Provincial de Pobladores, la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción y la Federación Provincial de Estudiantes Secundarios.

 

149 organizaciones de masas adhirieron al llamamiento, lo que motivo la activa participación de mas de cinco mil trabajadores. En la moción presentada por el Comité Regional del MIR a la Asamblea, se planteaba por primera vez la necesidad de la “creación por la base de los Consejos Comunales de Trabajadores en el campo y en la ciudad’.

El 26 de julio de 1972 en el teatro de Concepción, se llevó a lugar la Asamblea con la participación de 60 delegados de sindicatos de la Provincia, delegados de 5 organizaciones campesinas, 31 representantes de los campamentos, 16 representaciones de organizaciones estudiantiles, 26 directivas de Centro de Madres, con representantes de los 5 partidos políticos de izquierda.

El MIR planteó un Programa Revolucionario en la creación del Poder Popular, como alternativa a la institucionalidad, proponiendo la Asamblea del Pueblo.


 La relevancia se situó en  inpulsar un espacio de discusión que reunió a distintos actores sociales, por un lado, y, vino a abrir dentro de la izquierda un importante debate en torno al Poder Popular, por el otro.

El MIR desde la convocatoria a la Asamblea del Pueblo, tenía muy presente que ante los partidos políticos de la Unidad Popular, era minoría y sus propuestas no sería aprobadas. Esto no fue impedimento para general el debate ideológico en el seno del pueblo y del propio Gobierno.

Aquel debate estuvo encabezado por el propio presidente Allende quien envió una carta de rechazo a la Asamblea dirigida a los partidos de la UP. En ella sostuvo que la Asamblea generaba una potencialidad perturbadora. A la par denunció a los grupos que intentaban diseñar tácticas paralelas a las del gobierno.

Agregó que ese poder constituía una conducta aventurera que ponía en riesgo la lucha contra los verdaderos enemigos de la patria. Agregó, además, que el poder popular no surgiría de la maniobras divisionistas, y que la adhesión al régimen institucional y democrático garantizaban la realización del proyecto de la UP. Su análisis estaba directamente influenciado por el PC y sectores del PS.

Frente a la Asamblea el Partido Comunista reiteró la tesis que hacia residir el Poder Popular en los organismos sindicales y de masas.

El MIR respondió a través de su Secretario General Miguel Enríquez, quien sostuvo que la Asamblea del Pueblo sólo había sido una reunión agitativa y de propaganda; agregó que con su convocatoria se pretendía crear condiciones políticas que luego se proyectarían en la formación de los Consejos Comunales de Trabajadores.

  El MIR dejó en claro  que los espacios de participación diseñados por el gobierno no reconocían al movimiento de masas ni le entregaban espacios de desarrollo. Ante ello sería necesario levantar nuevas fórmulas de participación, entre las cuales  los Comandos Comunales, único órgano del Poder Popular capaz de incluir al conjunto del pueblo a los procesos de cambio necesarios. 


 En el periodo que fue desde la Asamblea del Pueblo de Concepción hasta el paro patronal de octubre de 1972, los sectores revolucionarios estuvieron permanentemente llamando a los trabajadores a desarrollar las tareas del Poder Popular.


Tanto en las crisis de agosto, provocada por la ofensiva de la burguesía, como la producida en los primeros días de septiembre, el MIR, a través de su periódico “El Rebelde”, ponía énfasis en la labor, señalando que construía la principal tarea de poder que debían llevar a cabo los trabajadores.